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Por el reconocimiento de la lengua criolla de Limón

 

Tras probar que el criollo limonense es una lengua, el especialista y coordinador del Prolinca, Juan Diego Quesada, alza la voz por darle valor al criollo de Limón, lengua en desventaja e incluso menospreciada, como ocurre usualmente con aquellas que fueron conquistadas.



 

“El español es el idioma oficial de la Nación. No obstante, el Estado velará por el mantenimiento y cultivo de las lenguas indígenas nacionales”, establece el artículo 76 de la Constitución Política de Costa Rica. Pero… ¿qué pasa con “el mantenimiento y cultivo” de la lengua criolla de Limón? ¿acaso no forma parte de la tan proclamada diversidad cultural del país?

 

Tras probar que el criollo limonense tiene las calidades que le confieren la “categoría” de lengua, mediante investigaciones realizadas por el Programa de Lingüística Centroamericana (Prolinca), de la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje de la Universidad Nacional (UNA), el lingüista y coordinador del Programa, Juan Diego Quesada, alza su voz por la aprobación del proyecto de ley -ya acogido y presentado a la Asamblea Legislativa por el diputado frenteamplista Gerardo Vargas- que reforma el artículo 76 de la Carta Magna costarricense, de manera que se le incluya como una lengua regional, con derecho a que el Estado vele por su conservación. 

 

“La idea es darle valor a la lengua”, subrayó Quesada, a la vez que informó que Prolinca ha elaborado la gramática del criollo de Limón, así como del bulglere y del guaymí, lenguas indígenas de Costa Rica. 

 

A partir de esta, que consiste en descripciones técnicas, se está trabajando en la gramática pedagógica de cada una de estas lenguas, lo que permite enseñarla a los menores en las escuelas, paso por paso, así como se hace con el español o el inglés.

 

Para el coordinador de Prolinca, desde el punto de vista social y antropológico, la elaboración de las gramáticas tiene la ventaja de que sirve para enviar un mensaje a las comunidades cuyas lenguas están en peligro de extinción -y en muchos casos, históricamente han sido despreciadas- de que sus lenguas son importantes. 

 

En el caso del Limón criollo, la comunidad hablante nativa asciende a 55 mil personas en casi toda la provincia, a diferencia de las dos lenguas indígenas mencionadas, que cuentan con unos 5 mil hablantes. 

 

Es por eso que, en criterio de Quesada, hay mayores posibilidades de rehabilitación de la lengua criolla  limonense, aunque destaca como un problema que hay que atacar, el hecho de que los propios hablantes  no saben, o bien, son reticentes a aceptar que lo que hablan es una lengua, ya que por temor a la discriminación, tienden a decir que hablan inglés, a pesar de que no es así. “Entonces hay que crear conciencia de que es una lengua que merece ser estudiada”, subrayó el especialista. 

 

La idea –insiste- es que haya lugares donde se hable la lengua, donde incluso haya rótulos escritos en la lengua criolla, como ocurre en Aruba o Jamaica.

 

Reconoce que con el criollo de Limón sucede algo interesante, pues hay épocas en que parece que la lengua está muriendo porque la gente no lo está transmitiendo; sin embargo, de pronto se ven muchachos hablando porque los padres sí les están enseñando.

 

“Entonces sube y baja, pero hay que estar atentos porque lo más importante es la transmisión oral, si no hay transmisión en la familia, la lengua no se mantiene por más campañas que se hagan”.  

 

El lingüista sostiene que desde el momento en que entran en desventaja por ser conquistadas o colonizadas, las lenguas van a ser minoritarias e incluso despreciadas. 

 

 

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