Docentes llevan laboratorios de química a la casa de estudiantes

Profesores de química de la UNA han hecho uso de su ingenio, conocimiento y vocación para llevar hasta las casas de sus estudiantes las prácticas de laboratorio, que antes de la pandemia se realizaban de forma presencial en los campus universitarios.

“La covid-19 ha traído lo que ningún otro proyecto de transformación digital ha conseguido: nos ha hecho actores del cambio desde una nueva forma para abordar los procesos de enseñanza de la ciencia y de cualquier disciplina”, afirmó Adriana Zúñiga, coordinadora del Laboratorio de Didáctica e Innovación de las Ciencias (Ladicien), durante el encuentro virtual “Explorando alternativas pedagógicas para cursos con laboratorio o práctica en la presencialidad remota”, organizado por la Vicerrectoría de Docencia de la Universidad Nacional (UNA).

Así lo demuestran docentes de química de la UNA, quienes han hecho uso de su ingenio, conocimiento y vocación para llevar hasta las casas de las y los estudiantes los experimentos científicos, que antes de la pandemia, ellos hacían presencialmente en laboratorios en los campus universitarios. Campus Omar Dengo o en la

“Cualquier cosa se puede transmitir por Facebook Live, como se ha visto en esta pandemia, incluso competencias deportivas, entonces por qué no un laboratorio presencial remoto”, se cuestionó Alejandro Villalobos, profesor de Química Orgánica y Bioquímica en la Sede Interuniversitaria de Alajuela (SIUA), al darse cuenta que estaba en riesgo la continuidad de las prácticas de laboratorio, fundamentales para afianzar los conocimientos teóricos adquiridos por el estudiantado.

Es así como, apoyado por el personal del Laboratorio de Química de la Sede y armado de una cámara fija y otra móvil, Alejandro asumió el reto de dar a sus estudiantes la perspectiva de un laboratorio remoto, que estos jóvenes científicos en formación siguen en tiempo real, a través de Facebook y de Zoom.

“La idea de este laboratorio es que los estudiantes dirijan la práctica”, resalta el docente. Por ejemplo, ellos le indicaron dónde colocar cada pieza para que él armara el sistema de destilación en el Laboratorio de Química Orgánica.

Esta modalidad remota también es efectiva para que los estudiantes de Laboratorio de Bioquímica –avanzados en su carrera profesional- sepan dirigir una práctica, buscar reactivos, qué hacer en caso de que algún reactivo falte y no haya en inventario; es decir, que aporten soluciones.

“Es un laboratorio normal, nos pasa de todo, como si ellos estuvieran haciendo la práctica. Obtienen sus propios resultados y los van graficando en tiempo real con herramientas informáticas”, explicó.

La libreta de laboratorio es una hoja de cálculo compartida, lo cual permite que todos los estudiantes del grupo tomen las observancias y grafiquen los resultados en tiempo real. “Todos, desde sus casas, tienen la facilidad de tener los resultados. La única diferencia entre un laboratorio presencial y este es que ellos no están ahí metiendo las manos”, subrayó el docente de la SIUA.

En su criterio, si bien es cierto la presencialidad es muy importante, esta complicada coyuntura provocada por la pandemia de la covid-19 les ha ayudado a superarse y a cambiar las cosas. “No tengo la más mínima intención de volver a lo que hacíamos antes, sino que vamos a tomar todo lo bueno de ahora y lo vamos a acoplar con lo que se haga presencial; ha sido una experiencia muy extenuante, pero muy bonita y provechosa”.

Ciencia sin fronteras

Otra forma de cambiar lo que se hacía en la presencialidad para adaptarse a la docencia a distancia y también a las realidades que viven los estudiantes en sus hogares, es saltar la frontera del tiempo e ir hacia el pasado, como lo muestra la docente Ligia Solís de la Escuela de Química de la UNA, quien imparte los cursos Química Bioinorgánica (I ciclo) y Fundamentos de Química inorgánica (II ciclo), ambos integrados con laboratorio.

Convencida de que “la ciencia no conoce fronteras” y consciente de que cuando muchos grandes científicos hicieron sus descubrimientos no existían los instrumentos con que se cuenta en los laboratorios hoy en día, Ligia optó por realizar las prácticas con utensilios de fácil acceso en las casas o en los supermercados.

“En un ámbito donde no están todos los recursos a mano, sino que hay que ver como ingeniársela, tomamos prácticas que tenían todo un procedimiento establecido y las adaptamos para que los estudiantes pudieran realizarlas en su casa; obviamente, yo lo hice primero para corroborar que el procedimiento funcionaba”, afirmó.

Es así como, por ejemplo, en una práctica para análisis de reactivo limitante, el Erlenmeyer –recipiente de vidrio de cuello cilíndrico utilizado en el laboratorio apropiadamente equipado de la Escuela de Química- se sustituyó por comunes botellas de refresco, en las casas de los estudiantes.

“El estudiantado lo tomó bastante bien”, destacó la docente, quien refirió cómo en el caso de la prueba de la revisión enzimática de la catalasa -que hicieron utilizando papa y levadura-, ellos reportaron sus observaciones, e incluso hicieron recomendaciones.

“Entonces construyen en este proceso tan extraño que nos ha tocado vivir; ellos mismos pueden recomendar mejoras a las prácticas”, subrayó.

La docente llamó la atención sobre las diferencias en las condiciones de cada estudiante, lo que amerita que haya flexibilidad en el procedimiento. Como ejemplo, contó que en determinadas prácticas, algunos estudiantes realizaron el procedimiento con una balanza que tenían en casa, mientras otros lo hicieron utilizando cucharas.

La idea –dijo- es continuar trabajando con base en material que se puede conseguir en cualquier supermercado, pero también ir más allá, tratando de utilizar materiales de más difícil acceso, pero que por su baja peligrosidad se pueden enviar a las propias casas de los estudiantes.

“Siempre que se tenga pensamiento crítico, capacidad de observación, análisis e incluso curiosidad científica, es posible trabajar una práctica de laboratorio; al fin y al cabo lo que interesa para un científico o cualquier persona que estudie esta área, es lo que puede observar y lo que puede concluir de sus observaciones y eso lo seguimos teniendo”, recalcó Solís.

En el encuentro virtual organizado por la Vicerrectoría de Docencia, el académico Randall Syedd León, coordinador del Laboratorio Stem Lab y del comité organizador de Olimpiadas Química, también compartió una alternativa pedagógica para cursos de química con laboratorio, a través de su exposición “Enfoque por indagación en los laboratorios virtuales. El caso de Química General 1”.

Alejandro Villalobos, Ligia Solís y Randall Syedd forman parte del profesorado de la UNA que, día a día, pone su esfuerzo para mejorar la experiencia de enseñanza aprendizaje en la modalidad de presencialidad remota, que debieron adoptar como consecuencia de la pandemia.

Es a ellos a quienes se refiere Adriana Zuñiga, del Lacidien, cuando asegura: “Hay muchos retos, pero hemos sabido asumir con entrega y con conocimiento esta experiencia de transformación educativa”.

Foto portada: Estudiantes de cursos de química inorgánica y bioinorgánica, impartidos por la profesora  Ligia Solís, de la Escuela de Química de la UNA, realizan las prácticas de laboratorio de sus casas, utilizando materiales que pueden conseguir en el supermercado.

Foto interna: Armado de una cámara fija y otra móvil, Alejandro Villalobos, profesor de los cursos de Química Orgánica y Bioquímica en la Sede Interuniversitaria de Alajuela, ofrece a sus estudiantes un laboratorio remoto, que ellos siguen en tiempo real a través de Facebook y de Zoom.

 

 

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