Pandemia desnuda violencia y exclusión

Aumento de la violencia intrafamiliar, brotes de racismo contra indígenas costarricenses y actos xenófobos, principalmente hacia la población nicaragüense, evidencian que más allá de la afectación sanitaria y económica, la pandemia de la covid-19 se ha encargado de desnudar conflictos sociales en el país. 

 “Tenemos que preguntarnos cuál es esta Costa Rica que somos, con las situaciones de discriminación, de violencia, con la vejación hacia las diferentes poblaciones, mujeres, indígenas, migrantes, y cuál es la Costa Rica que queremos ser, en el futuro, después de esta pandemia”, advirtió la antropóloga Claudia Palma, investigadora del Programa de Análisis de la Coyuntura de la Sociedad Costarricense de la Escuela de Sociología de la Universidad Nacional (UNA).

Y es que –como ha ocurrido en distintos países del mundo en esta situación de crisis- en Costa Rica los datos muestran un incremento en las consultas por violencia intrafamiliar y sexual recibidas en la línea 911, las cuales solo en abril de 2020 llegaron a 981, en comparación con 827 como promedio, entre enero y marzo, según información del Instituto de las Mujeres (Inamu).

La especialista resaltó que el mes de abril incluye la Semana Santa, precisamente cuando fueron más estrictas las medidas de restricción dispuestas por las autoridades sanitarias debido a la pandemia.

Esto no es casual, ya que durante el confinamiento, las mujeres que viven situaciones de violencia en sus casas, pasan constantemente con sus agresores y esto las pone en una situación de mayor riesgo.

De hecho, mencionó que en algunos países han establecido algunas consignas, de manera que las personas que atienden la línea 911, por medio de determinadas palabras claves, puedan identificar que la mujer que llama están viviendo una situación de emergencia.

También puede haber aumento de la agresión a mujeres fuera de las casas, al haber menos personas en la calle como consecuencia de la restricción sanitaria, sobre todo en las zonas urbanas. "Cuanto más gente hay, las situaciones de violencia en la calle se reducen, porque delante de la mirada es más difícil que estas se cometan", afirmó.

No es de extrañar, entonces, que el país se haya visto impactado nuevamente por desapariciones y asesinatos de mujeres en los últimos meses.

Pandemia social

Palma resaltó que la situación de violencia sexista, que incluye la violencia contra las mujeres en las casas, así como la violencia sexual y el acoso callejero, es un problema social que no solo ha ido creciendo, sino que se ha ido visibilizando con mayor contundencia.

No por casualidad, la actual ministra de la Condición de la Mujer, Patricia Mora, al asumir su mandato, anunció su propósito de declarar la violencia contra las mujeres como una situación de emergencia, de salud pública.

La investigadora considera que este problema social solo se detiene en el tanto las comunidades y los costarricenses, como país, acuerpen completamente a las mujeres que toman la decisión de denunciar y señalen a las personas agresoras. “Se tienen que activar todos los mecanismos comunales para poder apoyar a esas mujeres”.

Añadió que tiene que ser algo muy constante, que debe estar siempre en el imaginario colectivo, ya que la violencia contra las mujeres no es posible detenerla solamente con las denuncias de las personas agredidas, sino con un trabajo comunal y de toda la sociedad, donde también los medios de comunicación forman parte de ese aprendizaje y de esa identificación y denuncia de las situaciones de violencia.

Deuda histórica

Durante la pandemia, la discriminación hacia los indígenas también ha sido foco de atención, con actos violentos en las afueras de un albergue en Turrialba, donde un grupo de personas de la comunidad cabécar se encontraba en aislamiento sanitario.

Para la antropóloga Palma, el Estado tiene una deuda histórica con estas poblaciones, que se enfrentan a precarias condiciones sociales y económicas, lo que evidencia desigualdad y discriminación.

Las actitudes xenófobas contra personas migrantes, principalmente nicaragüenses también se han evidenciado durante la emergencia sanitaria por la covid- 19, lo cual tiene su origen – según la investigadora de la UNA- problemas históricos de carácter sociocultural, que el país no ha podido resolver en términos de la educación cotidiana, no solamente en las aulas, sino en la que se recibe en el seno de las familias y en las comunidades.

En su criterio, es preciso poner atención, como sociedad, a estos conflictos sociales que podrían acrecentarse a seguir aflorando en momentos de crisis.

La especialista lamentó que en esta situación de crisis sanitaria, estos problemas sociales de violencia de género y discriminación hacia poblaciones indígenas y migrantes, los cuales tocan muy íntimamente a los costarricenses, han quedado rezagados, ante aquellos relacionados con las decisiones en materia económica.

Insistió entonces en la necesidad de trabajar en forma más asidua sobre estos temas y preguntarnos sobre cuál la Costa Rica que queremos a futuro, reflexión que –asegura- va más allá de la crisis, de la pandemia.

Foto: Durante la pandemia, se ha puesto en evidencia la violencia contra poblaciones de mujeres, indígenas y migrantes nicaragüenses. (Joaquín Salazar).

Edición de video: Roberta Hernández.

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