Costa Rica frente a las elecciones en los EE. UU., la necesidad de observar más allá de las formas

Carlos Humberto Cascante Segura (*) 

Cada vez que se acerca un proceso electoral en los Estados Unidos, comentaristas, analistas y medios de comunicación se cuestionan con cuál de los candidatos y partidos Costa Rica se vería beneficiada o perjudicada. Es muy probable que tal respuesta se base más en las simpatías que nos despiertan las características personales de un candidato o la tradición ideológica que atribuimos—con mayor o menor información—hacia republicanos o demócratas. Igualmente, muchas de estas afirmaciones se realizan sin tomar en cuenta la complejidad del sistema de toma de decisiones de la política exterior estadounidense y se piensa que el gobierno y la elite económica estadounidense constituye un ente monolítico, lo que oculta la diversidad de actores, intereses y valores culturales que componen a la sociedad estadounidense.

Para un mejor acercamiento a esa pregunta debe plantearse que Costa Rica, inmersa en la región centroamericana, no escapa de agenda de temas que fueron definidos hacia la región por las administraciones estadounidenses tras el final de la Guerra Fría: libre comercio e inversión, así como cooperación vinculada con la securitización de la lucha contra el narcotráfico, bandas y migración ilegal. Asimismo, esa agenda se encuentra enfrentada de forma cada vez más relevante a la presencia de China en la región, vinculada con su poder comercial y con inversiones dirigidas a las grandes rutas de logística comercial y energética.

Si se observa con atención en el transcurso de cuatro años de la administración Obama (Partido Demócrata) y tres de la administración Trump (Partido Republicano) (2012-2017), la inversión estadounidense en la economía costarricense ha sido fluctuante, y ha caído a tasas de crecimiento -102% en 2013, hasta un máximo de 58% y 59% en 2016 y 2017. Desde esta perspectiva, más que depender de la visión que tenga una administración sobre Centroamérica, estas cifras dependen del crecimiento de la economía estadounidense.

En el marco de la elección 2020, la carencia de medidas claras para contener la pandemia y las dificultades políticas en los Estados Unidos para establecer los mecanismos de reconstrucción económica afectarán significativamente las oportunidades costarricenses para mejorar su economía, cualquiera que sea el gobierno que asuma en enero de 2021. Posiblemente, lo más conveniente en este campo resultaría que el triunfo electoral en las presidenciales sea acompañado por triunfos en ambas cámaras del congreso estadounidense, escenario que de acuerdo con las encuestas está más cercano, pero complicado para el partido Demócrata. Habría que sumar a ello que los demócratas tienen la experiencia reciente de afrontar un escenario económico complicado al asumir el Ejecutivo en 2009, aunque dentro de la población estadounidense existe la percepción de que los republicanos son más eficientes para lograr rápidas mejoras económicas.

Por otra parte, en el ámbito de la cooperación, que ha estado primordialmente vinculada con el campo de la lucha contra el narcotráfico, Costa Rica ha venido recibiendo una mayor cantidad de dinero en esos rubros desde hace unos ocho años, según datos de la USAID. Por ejemplo, de un poco más de 12 millones de dólares que el país recibió de los Estados Unidos en 2011 (tercer año de la administración Obama), ese monto llegó a más de 20 millones en 2016 (último año de la administración Obama), tendencia que no se detuvo con la administración Trump, dado que en el 2019 la cooperación alcanzó el monto de 26.5 millones. La percepción de vulnerabilidad de Costa Rica tanto como zona de tránsito de las rutas de narcotráfico, así como de un lugar apto para el lavado de dinero ha sido establecida desde mucho antes de la administración Trump; sin embargo, también las autoridades estadounidenses han sostenido en documentos oficiales que el gobierno costarricense realiza esfuerzos sostenidos para combatir ese tipo de actividades y, por ende, no debe ser visto como una amenaza sino como un socio confiable.

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La pandemia afectará las posibilidades de la cooperación internacional de los Estados Unidos en los próximos años y se enfocará aún más en componentes más concretos del interés de las autoridades estadounidenses. Por consiguiente, sin importar quien asuma las riendas del Ejecutivo, la cooperación seguirá una línea centrada en la seguridad, dado que esa ha sido la tendencia de las agencias estadounidenses en esta materia. No obstante, el partido Demócrata ha señalado la necesidad de enfocar la ayuda estadounidense en Centroamérica a las causas de los problemas sociales y reducir la política de mano dura; tal promesa debe valorarse cuando estos lleguen al poder.

Migración y vínculo con China

En otro orden de ideas, en la medida que la crisis económica no sea resulta con éxito en Costa Rica y el modelo de crecimiento sea menos inclusivo, es probable que los flujos migratorios desde nuestro país hacia los Estados Unidos aumenten. Desde esta perspectiva, un segundo mandato de Trump implicará más políticas de mano dura contra los centroamericanos, que en los últimos años son las poblaciones migrantes irregulares que más han crecido. Cabe señalar que en su propuesta de política exterior el candidato demócrata ha sostenido la necesidad de humanizar las decisiones de mano dura de las autoridades nombradas por el presidente Trump. Sin embargo, el pasado de las administraciones demócratas—de las que el propio Biden fue parte—se recuerdan como aquellas donde se produjo un aumento significativo de los fondos del gobierno federal para la persecución y expulsión de migrantes en condición irregular, por lo que un triunfo en las elecciones de noviembre no necesariamente concluya en un cambio en torno a estas políticas.

Por último, dado que los círculos de confianza de ambos políticos han establecido la necesidad de contener a China, Costa Rica se verá en la necesidad de tomar decisiones respecto de sus relaciones con ambos países. Las presiones en esta dirección se han intensificado en los últimos meses y, aunque puedan cambiar las formas diplomáticas en un gobierno liderado por Biden, el fondo de la disputa geopolítica seguirá latente y la necesidad de tomar decisiones del lado costarricense no disminuirá.

En conclusión, más que dar una respuesta definitiva a una pregunta prospectiva, lo más relevante desde el análisis y la propuesta de política exterior consiste en comprender con mayor atención la complejidad que reviste, para un país internamente en crisis como el nuestro, la realidad de un panorama internacional igualmente convulso.

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(*) Académico e investigador Escuela de Relaciones Internacionales- UNA

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