Please ensure Javascript is enabled for purposes of website accessibility

De niñas curiosas a profesionales STEM

No todas soñaron con ser científicas. Alguna quiso ser periodista y casi todas coincidieron en que lo suyo nunca fue la física. Sintieron dudas al entrar en la universidad, pero todas tuvieron desde niñas una característica en común: la curiosidad.

“Siempre preguntando todo, por qué, por qué, por qué…”. “Me encantaba construir naves, casas, edificios con lego y también con arena”. “Diseccioné varias lagartijas para ver qué tenían adentro”. Esas frases, compartidas en el conversatorio Niñas curiosas, hoy académicas destacadas, describen un contexto que no responde a estereotipos, sino a preguntas sobre cómo funciona el mundo. 

Este 11 de febrero, en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, un grupo de académicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) se reunió para compartir experiencias: Sandra Cabrera Alzate, de la Escuela de Informática; Gabriela Cordero Gamboa, de la Escuela de Topografía, Catastro y Geodesia, y Marianelly Esquivel Alfaro, de la Escuela de Química, compartieron junto con la estudiante de Ariana Gómez Ortega, de la carrera de Ing. en Bioprocesos Industriales, con la moderación de la vicedecana Carolina Alfaro Chinchilla.

Según datos del Sistema de Información Académica (SIA), presentados por Ana Yudel Gutiérrez Hernández, asesora de la Vicerrectoría de Investigación, en la FCEN la participación femenina en proyectos, programas y actividades académicas vigentes es del 40,6%. La cifra supera el promedio mundial en áreas STEM, estimado por la UNESCO entre 29% y 33%, pero todavía está lejos de la paridad.

El análisis muestra que las mujeres tienen mayor representación en abordajes multidisciplinares (48,6%) e interdisciplinares (42,2%). En enfoques disciplinares tradicionales, la participación baja a 35,3%. También lideran con mayor fuerza en sectores como Salud (67% de los proyectos), Educación (64%) y Medioambiente (44%). Las brechas persisten en Agricultura (14%), Producción y tecnología industrial (25%) y Exploración del medio terrestre (33%).

“En mi casa el lado materno es muy machista, siguen siendo. Mi mamá decía todos van a estudiar educación, y yo decía no: voy a ser ingeniera. Soy de Pérez Zeledón, soy la primera de toda mi familia en estudiar y pude romper el estereotipo”, recordó Gabriela.

Marinelly es graduada de la segunda generación de la carrera de Química Industrial de la UNA, y afirma que si bien la carrera era muy nueva, tuvo profesoras muy buenas que fueron importantes y dejaron un impacto para seguir en esa línea de investigación. 

Para Sandra, salir de su pueblo natal para trasladarse a Bogotá, Colombia fue su principal desafío. “El primer semestre de la universidad fue difícil, recuerdo que se me cayó mucho el cabello, era mucho estrés, pero no era solo por la dificultad de la carrera, sino por todos los cambios que estaba experimentando. Mi familia y una prima, en especial, fueron el principal apoyo para que yo no desistiera, así como las profesoras, quienes inspiraron mi vocación docente, porque yo las veía empoderadas y siempre las admiré”.

Ariana está pronta a  finalizar su carrera, pero cada semestre se pregunta si eso es lo suyo. “Es un reto, me ha sostenido la motivación de los profesores, el paso del colegio a la universidad fue chocar con pared, perdí dos materias ese semestre”.

Carolina contó que en su primera entrevista laboral le preguntaron si pensaba embarazarse pronto y Silvia Chacón, académica del Departamento de Física, confesó que cada examen de mecánica clásica terminaba en lágrimas junto a sus compañeras, pero resaltó que ninguna de ellas abandonó y todas se graduaron.

Mayor participación

De este encuentro también surgieron acciones concretas para fortalecer la participación femenina en la FCEN, principalmente en el acompañamiento a estudiantes de primer ingreso.

Se planteó la creación de redes de apoyo entre pares, para que estudiantes avanzadas y académicas acompañen a las nuevas mediante mentorías voluntarias. Estas mentorías tendrían el objetivo de orientar sobre la carga académica, los procesos institucionales, el manejo de crisis y la toma de decisiones tempranas, antes de que una dificultad académica derive en deserción.

Otra acción prioritaria es abrir espacios permanentes de escucha activa, tanto dentro como fuera del aula. Se propuso generar talleres extracurriculares y encuentros multidisciplinarios que integren distintas carreras, con participación abierta también a estudiantes masculinos, para construir equipos y no espacios aislados. Se busca así fortalecer la pertenencia, el diálogo y la confianza para expresar inquietudes académicas o personales.

Se enfatizó en la necesidad de articular a la FCEN con instancias de bienestar universitario, psicología y trabajo social, con el fin de identificar de forma temprana a estudiantes de zonas rurales o en condiciones de vulnerabilidad. Se sugirió revisar mecanismos de becas y apoyos cuando una estudiante pierde un curso, para evitar que una situación puntual implique la salida definitiva de la universidad.

También se propuso trabajar de manera más cercana con las asociaciones estudiantiles como puente directo con el estudiantado. Estas asociaciones pueden canalizar dudas frecuentes, informar sobre recursos disponibles y colaborar en la identificación de mentoras y redes de apoyo.

En el ámbito académico, se planteó definir un perfil para quienes imparten cursos de primer ingreso, que incluya sensibilidad en temas de género y acompañamiento, además de competencias pedagógicas. 

Finalmente, se acordó mantener estos espacios de encuentro, ampliar la participación mediante divulgación en redes y generar indicadores de seguimiento que permitan identificar brechas invisibles, en especial en el caso de estudiantes que desertan y no figuran en las estadísticas formales.