José Alexander Moya Valverde, de 23 años, es de trato directo, sin excesos. Por eso su trabajo con la naturaleza —especialmente con anfibios y reptiles—tiene algo de respeto silencioso: observa, espera, se acerca con paciencia y dispara la cámara, no para invadir, sino para revelar.
Este vecino de Paraíso de Cartago recorre, desde hace algunos años, el trayecto hacia Heredia para cumplir con su meta: estudiar Biología en la Universidad Nacional. “Son viajes complicados”, admite entre risas, como quien ya aprendió que la vocación también se mide en buses, madrugadas y cansancio.
Concluyó su bachillerato y de seguido inició la licenciatura en Gestión de los Recursos Naturales y Conservación de la Biodiversidad, un nombre tan largo como el camino que separa su casa del campus.
Pero su historia no se reduce a la carrera: Alexander —Alex para los cercanos— es figura reconocible en redes sociales por su proyecto fotográfico Alex Bichos en Instagram, donde documenta con precisión y estética el mundo herpetológico de Costa Rica.

Biología por herencia y destino
Su vínculo con la naturaleza no inició en laboratorios ni aulas universitarias; surge con su familia. Los paseos eran a parques nacionales, una forma de aprender. A eso se suma una influencia clave: su abuela materna, profesora de Biología, sembró en él la idea de que la ciencia puede ser cercana, bonita, posible.
Era la materia que más le gustaba en el colegio. Cuando llegó el momento de elegir carrera, no hubo duda. Biología era el camino natural.
Cuando los “bichos” se vuelven historia
En Costa Rica, la palabra “bicho” significa muchas cosas. En el caso de Alex, su significado específico es anfibios y reptiles, “mi pasión está en la herpetología, campo que estudia ambos grupos, aunque no están relacionados evolutivamente”.
Empezó antes de la universidad con cursos sobre serpientes y, poco a poco, entró a ese universo que combina fascinación, belleza y miedo. Luego vino algo que hoy parece normal: salir al campo, encontrarlos, fotografiarlos y compartirlos.
Tiene una ventaja inicial: su papá ya estaba metido en la fotografía como pasatiempo. Esto le generó ganas de tener una cámara en mano. Una DSLR vieja, básica, “de las baratas”, como él la describe, pero suficiente para aprender.
También así nació el nombre. Alex Bichos no fue una marca planeada: fue una sugerencia de alguien en redes sociales. Le sonó bien y la dejó.

Luz antes que el lujos
Quien ve sus fotos podría pensar que detrás hay un equipo costoso, lentes macro de alta gama y flashes de estudio. Alexander rompe esa idea con una frase que resume su filosofía: la calidad la da la luz, no la cámara.
Y eso comparte ahora: no solo produce fotos y videos, también imparte talleres de foto básica de anfibios y reptiles e insiste: “se puede empezar con un celular”.
De hecho, muchas de sus producciones recientes ya no son con cámara, sino con un teléfono inteligente de gama media. Lo que cambia no es el aparato: es la mirada, la técnica, la experiencia.
En medio de la conversación hay un dato que retrata su presente como biólogo: acaba de terminar una investigación de un año en Rainforest Adventure, en la zona del Parque Nacional Braulio Carrillo. Un espacio para conocer el bosque desde un teleférico, para Alex es un laboratorio vivo.
Un biólogo que quiere enseñar

Este joven hace un poco de todo: investigaciones activas, proyectos centrados en conservación y redes sociales orientadas a divulgación.
Sin embargo, su brújula apunta a dos direcciones: conservación y educación. Su meta más grande—aunque reconoce difícil—es llegar a ser profesor universitario. Si no, se imagina también en una ONG, en un proyecto privado o en cualquier espacio donde su trabajo tenga sentido.
Lo importante es que casi todas las opciones le entusiasman. Y eso, en un mundo donde muchos estudian sin saber por qué, ya dice bastante.
El bicho de las fotos, el apodo no suena a ocurrencia: suena a identidad porque mientras muchos miran el bosque como paisaje, Alexander observa historia viva. Y cada fotografía, en el fondo, es un recordatorio: esto existe, esto es hermoso, y esto también se puede perder.