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Educación Rural: un ente vivo que se gradúa en las comunidades

Educación Rural: un ente vivo que se gradúa en las comunidades

Con su mano derecha sostenía el teléfono celular mientras grababa a su única hija, Jaylah de 11 años, quien bailaba danza folclórica. De sus mejillas brotaban lágrimas… su orgullo, su inspiración estaba allí, frente a ella.

La emoción de Katherine Argüello era incontenible. Dentro de pocos minutos tendría entre sus manos finalmente el título de diplomado en Educación Rural de I y II Ciclo y, a la vez, tenía en ese mismo acto a su hija, quien forma parte del grupo Renacer Cruceño, encargado del acto cultural de la graduación que se llevó a cabo el sábado 18 de mayo en el cantón de La Cruz, Guanacaste.

En total, se entregaron 39 títulos de diplomado a estudiantes de este cantón, que se sumaron a seis de licenciatura, provenientes de Upala.

Los protagonistas fueron las y los estudiantes y la institución gestora: la Universidad Nacional (UNA), por medio de la División de Educación Rural, una unidad académica del Centro de Investigación y Docencia en Educación (CIDE).

“Mami, no tengo qué regalarte en tu graduación porque soy una niña, pero voy a dedicarte un solo”, le dijo Jayleh a su mamá Katherine, haciendo referencia a la pieza de danza que bailó sola frente a todos los graduandos y sus familiares.

La historia de Katherine está compuesta de sueños que nunca fueron abandonados. Terminó el bachillerato en el 2019 y comenzó a estudiar en la UNA. “Me inspiró a seguir en el estudio el hecho de saber que alguien sigue mis pasos. Es muy emotivo entender que uno puede y que hay personas que creen en ti. Debemos ser inspiración para otras personas y ayudarles a crecer”, manifestó esta vecina del centro de La Cruz.

A la par de ella estaba Larry Alemán, vecino de Cuajiniquil de La Cruz. En su caso, destaca el hecho de ser el primer miembro de la familia que pudo asistir a la Universidad. Sus padres se dedicaron a la pesca y a él se le dificultaba continuar sus estudios porque debía trabajar entre semana en labores de construcción.

Ser esa primera persona de un núcleo familiar que estudia en una universidad es un logro que resaltó la decana del CIDE, Ericka Vásquez. “De por medio está ese inmenso esfuerzo personal que realizan ustedes, porque sabemos que deben combinar sus responsabilidades familiares, con las laborales y también con el estudio”, manifestó.

Al saber que la UNA venía al cantón y que abría la opción de clases los sábados, Larry no lo pensó dos veces: “Ahora quiero seguir con los estudios y avanzar hasta obtener la licenciatura”, agregó Alemán, quien llegó acompañado de sus familiares, incluyendo su hijo Jeremy de apenas un año de edad.

La UNA en las comunidades

El sentir de Katherine y de Larry es el de todos los graduados. Evidencia la labor de la División de Educación Rural que, para su director, Kenneth Cubillo, hace realidad lo que el fundador de la UNA Benjamín Núñez dijera: “la Universidad es un ente vivo”. “Y podríamos agregar que es un ente vivo que camina de la mano con las comunidades rurales. Entones, cada año, con base en estudios y análisis fundamentados, decidimos abrir la carrera para la formación docente en alguna comunidad rural del país”, manifestó.

La mecánica funciona así: de las 17 lecciones que compone cada ciclo, ocho las imparten profesores de la UNA que se trasladan a comunidades rurales; las restantes materias se ofrecen en la modalidad a distancia. Las clases son los sábados para facilitarles a los estudiantes la posibilidad de asistir, en vista de que muchos son padres y madres de familia y deben trabajar entre semana. En total son 35 profesores que se trasladan a las comunidades a impartir lecciones.

Es así como el programa ha tenido presencia en Limón, Talamanca, territorios indígenas del Valle de La Estrella, Corredores, Coto Brus, Buenos Aires, Los Chiles, Upala, Guatuso y Lepanto.

En el caso de La Cruz, con una distancia de 266 kilómetros del Campus Omar Dengo, en Heredia, se estableció un convenio con la Municipalidad para utilizar las instalaciones de la Escuela Salvador Villar, donde se imparten las lecciones.

La vicealcaldesa de este cantón, Socorro Díaz, manifestó durante el acto de graduación, que seguirán trabajando de la mano con la UNA en vista de los resultados académicos obtenidos. “Vamos a seguir luchando para que sean más estudiantes los que participen y para abrir la oportunidad a vecinos de todos los rincones de nuestras comunidades”, enfatizó la jerarca municipal.

El apoyo de esta División del CIDE va incluso mucho más allá de las clases. “Apoyamos al estudiantado para que complete toda su documentación para obtener la beca y que se le otorgue a la mayor brevedad posible y así continúen estudiando. También implementamos estrategias para nivelar conocimientos, ante el hecho de que pueda existir un rezago”, indicó Cubillo.

Es el caso de Yorleny Gutiérrez, vecina de Upala y quien se graduó del grado de licenciatura, salió del colegio a los 17 años y retomó sus estudios a los 39 años, impulsada por sus propios hijos mayores, de 19 y 27 años. “Hoy le doy muchas gracias a la UNA porque es así como ejerzo mi profesión. Empecé en el 2018 en un centro educativo en El Progreso de Llano Azul de Upala y luego en Bijagua, donde tengo ya dos años. Antes de esto, me dedicaba únicamente a ser ama de casa”, relató.

Impactar positivamente en las condiciones de vida de las personas en zonas rurales es parte del objetivo de Educación Rural, división creada en 1984. De acuerdo con Kenneth Cubillo, el año pasado graduaron casi 100 personas en grado de bachillerato y 30 en diplomado.

Esta graduación en La Cruz tiene un simbolismo, además especial. Según indicó la rectora adjunta, Marianella Rojas, se trata de la primera graduación de una universidad pública que se realiza en el cantón. “Su presencia aquí es un testimonio de determinación y resiliencia, no ha sido un camino fácil para ninguno de ustedes, pero han logrado la meta”, recalcó.

Al final del acto de graduación, el abrazo de Katherine con su hija no se hizo esperar. Tampoco el encuentro de todos los familiares con sus parientes que salen con un título bajo el brazo, con una aspiración nueva y con un sueño cumplido, sin importar los obstáculos que hayan tenido que enfrentar.

Educación Rural: un ente vivo que se gradúa en las comunidades
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Con su mano derecha sostenía el teléfono celular mientras grababa a su única hija, Jaylah de 11 años, quien bailaba danza folclórica. De sus mejillas brotaban lágrimas… su orgullo, su inspiración estaba allí, frente a ella.

La emoción de Katherine Argüello era incontenible. Dentro de pocos minutos tendría entre sus manos finalmente el título de diplomado en Educación Rural de I y II Ciclo y, a la vez, tenía en ese mismo acto a su hija, quien forma parte del grupo Renacer Cruceño, encargado del acto cultural de la graduación que se llevó a cabo el sábado 18 de mayo en el cantón de La Cruz, Guanacaste.

En total, se entregaron 39 títulos de diplomado a estudiantes de este cantón, que se sumaron a seis de licenciatura, provenientes de Upala.

Los protagonistas fueron las y los estudiantes y la institución gestora: la Universidad Nacional (UNA), por medio de la División de Educación Rural, una unidad académica del Centro de Investigación y Docencia en Educación (CIDE).

“Mami, no tengo qué regalarte en tu graduación porque soy una niña, pero voy a dedicarte un solo”, le dijo Jayleh a su mamá Katherine, haciendo referencia a la pieza de danza que bailó sola frente a todos los graduandos y sus familiares.

La historia de Katherine está compuesta de sueños que nunca fueron abandonados. Terminó el bachillerato en el 2019 y comenzó a estudiar en la UNA. “Me inspiró a seguir en el estudio el hecho de saber que alguien sigue mis pasos. Es muy emotivo entender que uno puede y que hay personas que creen en ti. Debemos ser inspiración para otras personas y ayudarles a crecer”, manifestó esta vecina del centro de La Cruz.

A la par de ella estaba Larry Alemán, vecino de Cuajiniquil de La Cruz. En su caso, destaca el hecho de ser el primer miembro de la familia que pudo asistir a la Universidad. Sus padres se dedicaron a la pesca y a él se le dificultaba continuar sus estudios porque debía trabajar entre semana en labores de construcción.

Ser esa primera persona de un núcleo familiar que estudia en una universidad es un logro que resaltó la decana del CIDE, Ericka Vásquez. “De por medio está ese inmenso esfuerzo personal que realizan ustedes, porque sabemos que deben combinar sus responsabilidades familiares, con las laborales y también con el estudio”, manifestó.

Al saber que la UNA venía al cantón y que abría la opción de clases los sábados, Larry no lo pensó dos veces: “Ahora quiero seguir con los estudios y avanzar hasta obtener la licenciatura”, agregó Alemán, quien llegó acompañado de sus familiares, incluyendo su hijo Jeremy de apenas un año de edad.

La UNA en las comunidades

El sentir de Katherine y de Larry es el de todos los graduados. Evidencia la labor de la División de Educación Rural que, para su director, Kenneth Cubillo, hace realidad lo que el fundador de la UNA Benjamín Núñez dijera: “la Universidad es un ente vivo”. “Y podríamos agregar que es un ente vivo que camina de la mano con las comunidades rurales. Entones, cada año, con base en estudios y análisis fundamentados, decidimos abrir la carrera para la formación docente en alguna comunidad rural del país”, manifestó.

La mecánica funciona así: de las 17 lecciones que compone cada ciclo, ocho las imparten profesores de la UNA que se trasladan a comunidades rurales; las restantes materias se ofrecen en la modalidad a distancia. Las clases son los sábados para facilitarles a los estudiantes la posibilidad de asistir, en vista de que muchos son padres y madres de familia y deben trabajar entre semana. En total son 35 profesores que se trasladan a las comunidades a impartir lecciones.

Es así como el programa ha tenido presencia en Limón, Talamanca, territorios indígenas del Valle de La Estrella, Corredores, Coto Brus, Buenos Aires, Los Chiles, Upala, Guatuso y Lepanto.

En el caso de La Cruz, con una distancia de 266 kilómetros del Campus Omar Dengo, en Heredia, se estableció un convenio con la Municipalidad para utilizar las instalaciones de la Escuela Salvador Villar, donde se imparten las lecciones.

La vicealcaldesa de este cantón, Socorro Díaz, manifestó durante el acto de graduación, que seguirán trabajando de la mano con la UNA en vista de los resultados académicos obtenidos. “Vamos a seguir luchando para que sean más estudiantes los que participen y para abrir la oportunidad a vecinos de todos los rincones de nuestras comunidades”, enfatizó la jerarca municipal.

El apoyo de esta División del CIDE va incluso mucho más allá de las clases. “Apoyamos al estudiantado para que complete toda su documentación para obtener la beca y que se le otorgue a la mayor brevedad posible y así continúen estudiando. También implementamos estrategias para nivelar conocimientos, ante el hecho de que pueda existir un rezago”, indicó Cubillo.

Es el caso de Yorleny Gutiérrez, vecina de Upala y quien se graduó del grado de licenciatura, salió del colegio a los 17 años y retomó sus estudios a los 39 años, impulsada por sus propios hijos mayores, de 19 y 27 años. “Hoy le doy muchas gracias a la UNA porque es así como ejerzo mi profesión. Empecé en el 2018 en un centro educativo en El Progreso de Llano Azul de Upala y luego en Bijagua, donde tengo ya dos años. Antes de esto, me dedicaba únicamente a ser ama de casa”, relató.

Impactar positivamente en las condiciones de vida de las personas en zonas rurales es parte del objetivo de Educación Rural, división creada en 1984. De acuerdo con Kenneth Cubillo, el año pasado graduaron casi 100 personas en grado de bachillerato y 30 en diplomado.

Esta graduación en La Cruz tiene un simbolismo, además especial. Según indicó la rectora adjunta, Marianella Rojas, se trata de la primera graduación de una universidad pública que se realiza en el cantón. “Su presencia aquí es un testimonio de determinación y resiliencia, no ha sido un camino fácil para ninguno de ustedes, pero han logrado la meta”, recalcó.

Al final del acto de graduación, el abrazo de Katherine con su hija no se hizo esperar. Tampoco el encuentro de todos los familiares con sus parientes que salen con un título bajo el brazo, con una aspiración nueva y con un sueño cumplido, sin importar los obstáculos que hayan tenido que enfrentar.

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