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Cosecha de agua impacta calidad de vida en comunidades

En momentos en que el país vive una crisis de disponibilidad de agua, la Universidad Nacional (UNA) acompaña, asesora y participa en proyectos de instalación de sistemas de captación de lluvias que potabilizan el agua para consumo humano.

Isla Caballo, en el golfo de Nicoya, y bahía Drake, en la península de Osa, cuentan con sistemas de cosecha de agua, cuyos beneficiarios son familias, Ebáis y escuelas, que pueden disponer del agua para su uso cotidiano.

Martín Parada, vicerrector de Extensión de la UNA, manifestó que, en ese contexto de ausencia y potabilidad del agua, la UNA ha desarrollado los Modelos de Desarrollo Territorial (MDT) en el campo de la potabilidad del agua, que contribuyen al bienestar de las comunidades, en vista de que, si no hay potabilidad para consumo humano, esto podría detonar una serie de problemas de salud humana, por lo que el papel de la academia es fundamental en este proceso.

Precisó que en el campo de la potabilidad del agua, la Sede Regional Chorotega de la UNA, mediante el Centro Mesoamericano de Desarrollo Sostenible del Trópico Seco (Cemede), ha desarrollado el modelo de cosecha de agua SCALL. Además, el programa de Horizontes Ambientales del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo) tiene un conjunto de tecnologías para la potabilidad del agua y ahora el Programa Interdisciplinario Costero (PIC) impulsa estas opciones.

Tras las experiencias en isla Caballo y bahía Drake, un siguiente paso sería la zona Atlántica. Luego de una reunión sostenida con el diputado Geison Valverde, representante de la provincia de Limón, existe la preocupación por atender la carencia del líquido en la región Caribe, por lo que se implementaría una solución a corto plazo, para dar respuesta a las demandas sociales de la comunidad de Pococí, en la provincia de Limón.

Ese primer reservorio de agua para consumo humano en la región Caribe se implementaría con apoyo del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) en la escuela de la comunidad de San Francisco de Colorado, en Guápiles, la cual atiende a una población de alrededor de 180 escolares. “Haremos un esfuerzo articulado con recursos provenientes de la Embajada de Japón para implementar este modelo en esa comunidad”, dijo Parada.

Unión de esfuerzos

Desde el 2014 la UNA ha estado presente en la isla Caballo por medio del Programa Interdisciplinario Costero del Idespo y la Sede Regional Chorotega, mediando con la comunidad para instalar un primer reservorio de agua para el Ebáis.

Con la construcción de la escuela y el colegio, y con el apoyo de la Asociación de Desarrollo Integral de la isla, el financiamiento de la Embajada de Japón y el apoyo técnico del TEC, se han proveído sistemas para estas instalaciones. Lo mismo ocurre con una edificación que se utiliza para reuniones y en la que el apoyo proviene también de la empresa privada, como parte de sus acciones en materia de responsabilidad social empresarial.

“El programa siempre se había concentrado en el golfo de Nicoya, pero ahora incursionamos en otras zonas, como en bahía Drake, en la zona sur del país. Una de las escuelas de la comunidad de La Palma carece de agua potable y es una zona de difícil acceso; hicimos una inversión desde la UNA para facilitar el diseño y la instalación del sistema, que está previsto que entre en operación a mediados de este año”, manifestó Mario Hernández, coordinador del Programa Interdisciplinario Costero.

El tiempo de construcción de un sistema de captación es variable porque depende de la cantidad de tanques que se instalen, aunque el promedio es de una semana. Mucha de la labor se concentra en las fases previas donde se debe gestionar el financiamiento, la firma de cartas de entendimiento y la coordinación interinstitucional y con grupos organizados de las comunidades beneficiarias.

Experiencia SCALL

Por medio del Cemede y el Centro de Recursos Hídricos para Centroamérica y el Caribe (HIDROCEC) de la Sede Regional Chorotega de la UNA, se han desarrollado herramientas para mitigar y adaptarse al cambio climático para los habitantes de esta región y el resto del país. Este es el caso del Sistema de Captación de Agua de Lluvia (SCALL) que potabiliza esa agua para consumo humano.

Nimbu, el nombre del módulo demostrativo para captar agua de lluvia para uso humano, el cual funciona en el Campus Nicoya de la UNA, pretende promover el uso de este tipo de tecnologías para investigar la purificación del agua.

Adolfo Salinas, académico de la Sede Regional Chorotega, agregó que en la actualidad el Cemede trabaja en el diseño de un SCALL para la vida silvestre y otro que sería el primero para combatir incendios forestales. “Ya es una necesidad que nos están exigiendo las autoridades, agrupaciones y las áreas de conservación, porque año tras año los incendios son recurrentes en las zonas protegidas”.

Manifestó que la cosecha de agua de lluvia inició con el sector agrícola, donde se construyeron reservorios para uso hortícola con pequeños productores en las regiones  altas de Nicoya, Hojancha y Santa Cruz. “Luego evolucionamos un poquito más y pasamos a la parte de ganadería, donde desarrollamos un par de módulos, en la zona de Hojancha, con muy buenos resultados”, agregó Salinas.

El responsable del proyecto Nimbu explicó que el sistema se basa en la captura de agua de lluvia, a través del techo del módulo, la cual es conducida a tres tanques de 5.000 litros cada uno como reservorios para acumularla y almacenarla.

Luego el líquido pasa por un clorinador de pastillas que le inyecta el elemento al agua en su recorrido, después pasa a dos filtros compuestos por carbón activado y grava, también a dos filtros de red que atrapan las impurezas en suspensión y finalmente se somete a una cámara de rayos ultravioleta, que elimina bacterias y otros agentes antes de purificarla.

Adicionalmente, Hernández, del Idespo, indicó que se revisan las condiciones tanto de los techos como de las canoas porque van a ser las que conduzcan el agua hacia los tanques. “En algunos casos hemos mejorado el estado de las canoas para que no existan desprendimientos de partículas de materiales corroídos que afecten la seguridad del líquido”.

Por último, se realizan las pruebas de calidad al agua almacenada con un tiempo de siete meses en los tanques.

“El proyecto no acaba con la instalación de los sistemas. Esto va acompañado de un proceso de extensión donde se brinda un proceso de enseñanza en el que participa nuestro personal académico en interacción con la comunidad para sensibilizar acerca del uso racional del agua y el mantenimiento adecuado”, señaló Hernández.

*Nota elaborada por los periodistas Johnny Núñez y Guillermo Solano de la Oficina de Comunicación de la Universidad Nacional.

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