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Yo sobreviví

Yo sobreviví

En un segundo, vio morir a 16 amigos. Hoy, Leda Ramírez, exfuncionaria de la Universidad Nacional (UNA), se aferra a la vida. El mortal accidente de Cinchona tres años después: ¿cómo enfrentar la adversidad?

“Escuché ruidos espantosos, vi el paredón, entonces atiné a ponerme en posición fetal y en lo que iba bajando me entregué a Dios. Segundos después, cuando toqué mis piernas y vi que estaban bien, sabía que no me iba a morir”, relata doña Leda Ramírez, sobreviviente al mortal accidente de Cinchona, en el que 15 exfuncionarios de la UNA y el chofer del bus fallecieron. Un número igual de personas salvaron sus vidas.

El 20 de octubre del 2016 es una fecha triste para el país, y particularmente para la comunidad universitaria. Un viaje de la Asociación de funcionarios universitarios pensionados, que se dirigía a la zona norte a colaborar con las necesidades tras el paso del huracán Otto, se convirtió en tragedia.

De la mano de sus familiares, amigos, especialistas, los 14 sobrevivientes intentan rehacer sus caminos: “yo me propuse salir adelante, pelearle a la vida todo, esa vida que me había quitado a tantos compañeros”, narra Ramírez.

La de ella y los otros 13 sobrevivientes, es una historia de coraje: “mi familia siempre fue gente guerrera, nunca vi a nadie quejándose o hecha añicos. Por eso, después de la tragedia tengo más claro que nunca que nacimos solos, aprendemos solos y tenemos que salir adelante solos”, agrega Ramírez.

Esas agallas tienen una explicación desde la psicología. Le llaman resiliencia, esa capacidad de sobreponerse a la adversidad: “una vida muy chineada o eso de acostumbrarnos a desenvolvernos en una zona de confort, es totalmente contrario a lo recomendado; me explico con una metáfora. Quienes se mueven en ese clima de 18 a 24 grados centígrados, cuando experimentan los 28, se sofocan por el calor, y pierden de vista que calor es 36 grados, y si la temperatura baja a 14 grados se mueren de frío, perdiendo de vista que frío es 5 grados. Por lo tanto, es saludable, como proceso de vida, exponernos de vez en cuando a 36 ó a 3 grados”, explica David Smith, psicólogo de la UNA.

Según los especialistas, en el proceso de rehabilitación de los sobrevivientes, algunos “ángeles” pueden facilitar las cosas. Es el caso de los expertos de la Escuela de Ciencias del Movimiento Humano y Calidad de Vida (CIEMHCAVI) de la UNA: “les proporcionamos asesoría, acompañamiento, actividades recreativas, todo lo necesario para su recuperación. La respuesta de los sobrevivientes es positiva, están contentísimos”, concluye Luis Campos, del programa Movimiento para la Vida (MOVI) del CIEMHCAVI.

La entrevista completa con doña Leda Ramírez a continuación:

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En un segundo, vio morir a 16 amigos. Hoy, Leda Ramírez, exfuncionaria de la Universidad Nacional (UNA), se aferra a la vida. El mortal accidente de Cinchona tres años después: ¿cómo enfrentar la adversidad?

“Escuché ruidos espantosos, vi el paredón, entonces atiné a ponerme en posición fetal y en lo que iba bajando me entregué a Dios. Segundos después, cuando toqué mis piernas y vi que estaban bien, sabía que no me iba a morir”, relata doña Leda Ramírez, sobreviviente al mortal accidente de Cinchona, en el que 15 exfuncionarios de la UNA y el chofer del bus fallecieron. Un número igual de personas salvaron sus vidas.

El 20 de octubre del 2016 es una fecha triste para el país, y particularmente para la comunidad universitaria. Un viaje de la Asociación de funcionarios universitarios pensionados, que se dirigía a la zona norte a colaborar con las necesidades tras el paso del huracán Otto, se convirtió en tragedia.

De la mano de sus familiares, amigos, especialistas, los 14 sobrevivientes intentan rehacer sus caminos: “yo me propuse salir adelante, pelearle a la vida todo, esa vida que me había quitado a tantos compañeros”, narra Ramírez.

La de ella y los otros 13 sobrevivientes, es una historia de coraje: “mi familia siempre fue gente guerrera, nunca vi a nadie quejándose o hecha añicos. Por eso, después de la tragedia tengo más claro que nunca que nacimos solos, aprendemos solos y tenemos que salir adelante solos”, agrega Ramírez.

Esas agallas tienen una explicación desde la psicología. Le llaman resiliencia, esa capacidad de sobreponerse a la adversidad: “una vida muy chineada o eso de acostumbrarnos a desenvolvernos en una zona de confort, es totalmente contrario a lo recomendado; me explico con una metáfora. Quienes se mueven en ese clima de 18 a 24 grados centígrados, cuando experimentan los 28, se sofocan por el calor, y pierden de vista que calor es 36 grados, y si la temperatura baja a 14 grados se mueren de frío, perdiendo de vista que frío es 5 grados. Por lo tanto, es saludable, como proceso de vida, exponernos de vez en cuando a 36 ó a 3 grados”, explica David Smith, psicólogo de la UNA.

Según los especialistas, en el proceso de rehabilitación de los sobrevivientes, algunos “ángeles” pueden facilitar las cosas. Es el caso de los expertos de la Escuela de Ciencias del Movimiento Humano y Calidad de Vida (CIEMHCAVI) de la UNA: “les proporcionamos asesoría, acompañamiento, actividades recreativas, todo lo necesario para su recuperación. La respuesta de los sobrevivientes es positiva, están contentísimos”, concluye Luis Campos, del programa Movimiento para la Vida (MOVI) del CIEMHCAVI.

La entrevista completa con doña Leda Ramírez a continuación:

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