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Sequía de la zona norte va más allá del fenómeno de El Niño

Víctor J. Barrantes C. / CAMPUS

Múltiples factores, y no solo el fenómeno de El niño, explican la disminución significativa en el nivel de los caudales del río San Carlos, entre noviembre de 2018 y abril de 2019, según se desprende de una investigación realizada por el proyecto inter-disciplinario Impactos hidrológicos de El Niño y desarrollo en Costa Rica, de las universidades de Costa Rica (UCR) y Nacional (UNA).

Vecinos de la cuenca del río reportaron no haber observado tan bajo el nivel del agua durante décadas. Según indicaron, en condiciones normales la profundidad media del río supera el metro, pero en abril de este año, agrega la investigación, “el nivel mínimo de agua observado (3.5 metros cúbicos por segundo) causó una disrupción del flujo libre de agua, evidenciado por una isla de sedimentos que permitía cruzar de un lado al otro del río”. Este volumen de agua está muy por debajo del mínimo absoluto observado entre 1973 y 2003.

El equipo de investigación realizó mediciones de caudal y parámetros fisicoquímicos del agua (pH, conductividad eléctrica, temperatura e isótopos estables del agua) en la cuenca del Río San Carlos (2,730km2) entre junio de 2018 y mayo 2019, en 46 puntos desde la parte alta hasta su desembocadura en el río San Juan.

El equipo estuvo integrado por los científicos Ricardo Sánchez, de la Escuela de Química de la UNA; Christian Birkel, Alicia Correa, Kenneth Gutiérrez, Marco Martínez, Sebastián Granados, Nelson Venegas, Sara Blanco, Rafael Quesada, Andrés Chavarría, Katherine Vargas, Jasson Mussio y Edgar Espinoza de la Escuela de Geografía de la UCR; Ana María Duran y Eric Alfaro, de la Escuela de Física de la UCR y Javier Vásquez, de la Escuela de Computación de la UCR. El proyecto lo financia UCREA y se desarrolla bajo la dirección de la Escuela de Geografía y el Observatorio del Agua y Cambio Global de la UCR.

Un sistema muy complejo

El sistema climático es muy complejo y existen múltiples factores que afectan la cantidad y distribución de la precipitación. Para comprender su comportamiento actual es imperante considerar los procesos que se han dado con anterioridad. Esto permite explicar cómo una fase cálida de El Niño Oscilación del Sur (ENOS), como la estudiada, puede tener tal impacto en la zona, cuando los índices no presentan valores extremos que indiquen la ocurrencia de un evento “fuerte”, como sí ocurrió en 1982-1983 o 1997-1998.

Entre las principales observaciones, se reporta que de septiembre 2018 a enero 2019 hubo un déficit acumulado de precipitación, con valores por debajo del promedio histórico de 1981 a 2017 en toda la cuenca. Sin embargo—agrega el informe—este déficit no justifica la disminución de caudales observada en abril de 2019.

Otro factor a considerar, es la disminución en el transporte de humedad desde el mar Caribe, asociado con vientos alisios debilitados y la reducción en la evaporación sobre el Caribe. “ (…) el aire que circula hacia la costa Caribe es mucho más seco y al interactuar con la topografía no tiene la capacidad de generar lluvia topográfica ni mover la humedad necesaria hacia el corredor norte”; adicionalmente, intervienen la temperatura superficial del mar de los mares Caribe y Atlántico Tropical Norte. Es decir, una fase cálida del ENOS no es la única causa que explica el déficit de precipitación y la disminución severa de caudales.

Dado que la sequía es un fenómeno prolongado que se manifiesta en el ciclo hidrológico a través del tiempo, el equipo de especialistas propone una reflexión más acertada con respecto a la definición de sequía y sus causas. Existen tres tipos de sequía: meteorológica (dura de 1 a 3 meses y puede ser causada, aunque no necesariamente, por fenómenos como ENOS), agrícola (se prolonga de 4 a 6 meses y se manifiesta por un déficit de agua de suelo) e hidrológica (6 meses a 1 año o mas y muestra una reducción de caudales en los ríos causado por una disminución de la contribución de aguas subterráneas a los ríos, principalmente durante la época seca).

La importancia de hacer estas precisiones radica en saber cómo reaccionar ante la posible afectación causada por una sequía. En el caso de una sequía meteorológica, por ejemplo, los impactos pueden ser poco visibles, pero muy altos para la agricultura, pues disminuye la humedad de los suelos; de igual forma, se podrían ver afectados el sector energético, industrial y ecosistémico, así como el abastecimiento para uso humano. Y a esto habría que sumar el impacto antropogénico: la extracción de agua para diversos usos y el desarrollo de infraestructuras fluviales, que altera temporalmente el nivel de los flujos y modifica el impacto de las condiciones de sequía.

Es imperativo, concluye la investigación, que toda la información sea evaluada en un período largo (por décadas) para lo cual se requiere el acceso a datos hidrometeorológicos de buena calidad.

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