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Urge regular trabajo en cultivo de palma aceitera

Laura Ortiz C./ UNA COMUNICA 

Desde Parrita, en el Pacífico Central, hasta Corredores, en el Pacífico Sur, los cultivos de palma africana se volvieron característicos del paisaje costarricense. De acuerdo con datos de la Cámara Nacional de Palma (Canapalma), los cantones de Osa y Golfito albergan el 64% del total de área sembrada en el país.

El Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas (Iret-UNA) y la Escuela de Química del Tecnológico de Costa Rica desarrollaron un proyecto con el Fondo Especial para la Educación Superior (Fees), denominado Tendencias, riesgos e impactos asociados al cultivo de palma aceitera en el Pacífico Sur, como insumo para la previsión de prácticas y políticas que promuevan una producción sustentable y segura en Costa Rica.

Uno de los ejes que abordó este proyecto fue el de las condiciones de empleo, trabajo y salud, donde se entrevistó a 190 trabajadores de los distritos de Piedras Blancas, Palmar, Sierpe, Puerto Cortés y Bahía Drake, tanto hombres como mujeres que trabajan de manera independiente o adscritos a una cooperativa o asociación. Para el 84% de los pequeños productores el cultivo de la palma es su principal fuente de ingreso. En promedio, cada productor recibe anualmente 3,5 millones de colones, de los cuales el 34% deben reservarlo para asumir la inversión y el resto se destina a salario.

“Cerca del 60% de los participantes trabaja de manera independiente, un 20% pertenece a una cooperativa y solo un 18% a una asociación. Los dueños de finca son, en su mayoría, los encargados de hacer las labores de transportistas, cerca del 65% de quienes trabajan por cuenta propia se encargan de realizar varias tareas como aplicar agroquímicos, cortar y agilar el producto; mientras que la mayoría de los empleados se enfoca en una tarea específica como agiladores, muleros, coyoleros y cortadores. Anteriormente, un empleado no realizaba varias tareas; sin embargo, con la crisis en la producción y la baja del precio en el mercado, esto ha ido cambiando” detalló Marianela Rojas Garbanzo, investigadora del Iret-UNA.

El estudio también evaluó la percepción de los trabajadores a riesgos físicos, químicos y ergonómicos del cultivo de la palma aceitera. Los datos indican que el 80% dice estar expuesto a sustancias químicas, un porcentaje similar manipula sustancias tóxicas, casi un 60% percibe el estar expuesto a altas temperaturas y alrededor de un 55% a radiaciones solares. “Cerca del 50% de los participantes dice realizar fuerza extrema y movimientos repetitivos, mientras que un porcentaje ligeramente menor trabaja con cargas pesadas y posturas incómodas, de ahí es importante rescatar el dato de la prevalencia de dolor a nivel muscular, los cuales podrían estar asociados con estas exposiciones laborales”, dijo Rojas. (ver gráfico)

Un dato relevante, según Rojas, es que cerca del 57% de las mujeres son coyoleras, y son las que perciben el más alto dolor muscular, principalmente en la espalda baja o zona lumbar.

De acuerdo con la investigadora, los datos apuntan a que existe un alto porcentaje de trabajadores independientes que requieren de apoyo para atender temas relacionados con salud y trabajo. “Aquí tenemos la posibilidad de elaborar una estrategia integral con medidas correctivas y protectoras en temas tan específicos como la ergonomía por ejemplo”. 

Expuestos

Otro de los objetivos de este proyecto, era el de estimar las condiciones de los productores y el uso de agroquímicos en el cultivo de palma aceitera en el Pacífico Sur para el periodo 2016-2017.

El cultivo de palma aceitera aumentó entre 2014 y 2018 un 76,33% principalmente en los distritos de Puerto Cortés y Palmar, y en menor medida en Bahía Drake y Sierpe. El 66% de las fincas utilizan plaguicidas, mientras que solo el 34% no usa de ningún tipo. Los agroquímicos más utilizados son el Glifosato en 52 fincas y el Paraquat en 22. El distrito que más utiliza kilogramos de ingrediente activo por año (kg i.a./año) es Sierpe con 1551,1 kg i.a. /año, seguido del Palmar con 1086,8 para un total del cantón de Osa de 4311,5 kg i.a /año.

“Si bien estas cantidades de herbicidas son relativamente bajas comparadas con las que se utilizan en otros cultivos, se debe tomar en cuenta que en este momento se discuten a nivel mundial los efectos adversos o negativos para la salud y el ambiente”, explicó Fabio Chaverri, director del Iret-UNA.

Este proyecto, realizado durante 2016 y 2018, también hizo un monitoreo de nitratos en los drenajes agrícolas del cultivo de palma y una trayectoria de la organización socioproductiva, donde se describe la interrelación entre actores sociales y el contexto socioeconómico, cultural y laboral del cultivo.

Los resultados han permitido abrir espacios de discusión en el ámbito académico, con actores sociales y hasta tomadores de decisiones, para impulsar un plan de ruta de mejora y medidas prioritarias en el cultivo de la palma aceitera, con especial atención a pequeños productores para promover una producción sustentable, solidaria, segura de la palma aceitera.

 Fotos: cortesía de Canapalma. Aparecen Javier Steven Robles Zamora, Javier Robles Jiménez y Didier Robles Jiménez, de la finca Guanacaste, Palmar. En la segunda fotografía Elizabeth Fuentes Mata, de la Finca 12, Palmar.

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