Aunque Costa Rica lleva 11 meses consecutivos con inflación negativa, es común escuchar en la calle, e incluso entre visitantes extranjeros, que el país es muy caro.
Las razones de ese encarecimiento que se percibe en la adquisición de bienes y servicios se achacan comúnmente a las altas cargas sociales, a los salarios elevados, a los impuestos y al tamaño del Estado. Sin embargo, una investigación del Observatorio del Mercado y los Derechos del Consumidor (Omercon) pone el dedo en la llaga: esto se debe a que los mercados nacionales funcionan mal.
Ese mal funcionamiento genera distorsiones, producto de la falta de competencia, cláusulas abusivas y concentraciones en algunos sectores, de acuerdo con lo expuesto por los economistas Luis Carlos Olivares y Welmer Ramos durante la conferencia Mercados imperfectos y extracción de rentas: la arquitectura oculta del alto costo de la vida, organizada por la Escuela de Economía de la Universidad Nacional (UNA).
Si Costa Rica se compara con otras ciudades, las diferencias saltan a la vista. Los datos reflejan que el país destaca por tener un costo de vida más alto que ciudades como Seúl (Corea del Sur), Lisboa (Portugal), Panamá, Santiago de Chile, Ciudad de México o Lima (Perú), entre otros destinos.
Esta medición se obtiene al considerar cuánto cuesta solventar gastos relacionados con comida, vivienda, ropa, transporte, cuidado personal y entretenimiento en estas ciudades.
En una escala de costo de vida igual a 100, donde Costa Rica tiene este valor, una ciudad como Nápoles, en Italia, tiene un valor de 88 (12% más barata). Esto, a pesar de que aquí los impuestos que se pagan como porcentaje del producto interno bruto (PIB) son más bajos (25.8% frente a un 41.5% en la ciudad italiana) y con un salario medio mucho más alto en Nápoles (172 versus 100).
Otro ejemplo más cercano. El costo de vida en Ecuador es de 75 (25% más barato que Costa Rica), en una ciudad donde la tasa impositiva con respecto al PIB es de 30.3% (cinco puntos porcentuales más alto que aquí).
Este análisis confirma que, comparado con estas ciudades, donde los salarios y los impuestos que pagan sus ciudadanos son relativamente más altos, estos no son factores que encarecen la economía costarricense.
Distorsiones e imperfecciones
Entonces, el problema es el sobreprecio que pagan los consumidores locales ante distorsiones en mercados como el financiero (que los especialistas califican como un monstruo de mil cabezas), el de medicamentos, agricultura, construcción, abarrotes y ventas al detalle, obra pública, transportes, educación privada, exportaciones y deuda pública.
Luis Carlos Olivares explicó que, en el caso de los medicamentos, “según un estudio de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), aquí hay tres participantes que tienen el 75% del mercado de la distribución. Entonces, cuando la medicina llega a las manos del consumidor, el precio llega incidido considerablemente en el precio por esa concentración. Estos tres, por más que digan que no se ponen de acuerdo, definen el precio. Y así están otros mercados, como el crediticio, el de abarrotes, el agrícola”, ejemplificó.
Al hacer un enfoque en el mercado del crédito hipotecario, se establece que, mientras Costa Rica tiene un tipo de interés del 10.44% promedio, en los países de la zona euro es de un 2.46% (4,2 veces menos con respecto a aquí). En países como España se pagan tasas 2,9 veces menores y así en otras latitudes (Francia 3 veces menos, Alemania 2,6, Chile 2,1 y Estados Unidos 1,4).
Si se anualiza el porcentaje pagado por intereses en créditos que otorga el sistema financiero al sector privado a partir de esas tasas, se determina que en Costa Rica existen diferencias de pago que representan un 3.8% del PIB más que Chile y un 5.6% más que la Unión Europea. Eso significa un pago de más de 2.8 billones de colones en comparación con la eurozona.
De acuerdo con el estudio de Omercon, existen al menos 23 cláusulas abusivas latentes en contratos de adhesión en el país. Estos van desde la imposición de tasas de interés piso, pero sin techo, hasta cobros adicionales, penalizaciones y prohibiciones atribuibles al cliente. Ejemplo de ello son los pagos adelantados que pueden hacer los clientes bancarios, pero que se cargan sobre los intereses y no a la deuda principal.
“Invito a cualquier persona a que me diga si alguna vez ha podido negociar la tasa de interés de un préstamo. No, ahí las relaciones son desiguales. A usted le ofrecen una tasa de interés; si la acepta, bueno, y si no, se va. Esto habla de que los mercados funcionan mal, porque muchas personas tomarán decisiones marginales y no racionales por patrones de consumo”, retrató Olivares.
El mercado agropecuario es otro claro ejemplo de condiciones gravosas. Se trata de un sector dominado por muy pocas empresas grandes, indicaron los especialistas. Al final, los productores reciben solo un 30% del producto final de venta, mientras que los consumidores pagan precios finales exorbitantemente altos.
Incluso, desde el Observatorio presentaron un modelo de rentabilidad al sector agro donde, con algunas correcciones del mercado, se podría incrementar hasta en un 80% los ingresos percibidos. Con un aumento del ingreso en un 15%, la disminución de costos en esa misma proporción y en el pago de intereses sobre créditos bancarios, se podría generar un saldo favorable de hasta 315 mil millones de colones.
En suma, los excesos anuales pagados por los consumidores a partir de las distorsiones en los diferentes mercados equivalen a un 12.15%, lo que corresponde a 5,9 billones de colones. Este monto es casi idéntico a lo que el país recauda vía impuestos. “Estamos pagando un gobierno adicional, solo en sobreprecios”, sentenció Welmer Ramos.
Estas distorsiones generan además afectaciones en distintos ámbitos, produciendo una ineficiente asignación de recursos productivos, concentración del ingreso en pocas manos, extracción de rentas a familias, pequeñas empresas y al Estado mismo, débil crecimiento económico, aumento de la desigualdad social y alto costo de vida.
“La reactivación económica se genera a partir de mercados eficientes, y consecuentemente, el desempleo se solventa también si la gente paga lo justo. Entonces, la economía va a generar más trabajos, más encadenamientos y todo lo que en ello repercute”, expresó Ramos.

La conferencia se realizó el pasado 10 de abril en el auditorio Rodolfo Cisneros del edificio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNA.