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¿Por qué anticipar sismos no equivale a predecirlos?

(Foto e imágenes con fines ilustrativos).

Viernes Científico

En el lenguaje cotidiano, fuera del ámbito científico, predicción y anticipación suelen confundirse, aunque en realidad describen capacidades muy distintas. 

Debido a algunas informaciones de prensa o comentarios de la ciudadanía que circulan en plataformas digitales o redes sociales, tendientes a relacionar la ciencia de la sismología con la predicción de eventos telúricos, el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) de la Universidad Nacional (UNA), explica por qué se recomienda el uso del término anticipación y no predicción, a la hora de referirse al periodo de ruptura de una falla o área sísmica, como lo es la zona sur del país.

Esteban Chaves, director de Ovsicori-UNA explicó que la anticipación sísmica se realiza con rigor científico y consiste en estimar, de forma responsable, probabilidades, posibles escenarios e identificación de zonas con mayor nivel de amenaza, dado que este conocimiento se traduce en divulgación científica orientada a fortalecer la preparación y capacidad de respuesta del país ante la posible ocurrencia de este tipo de eventos.

En cambio, predecir un terremoto -señaló Chaves- significaría poder indicar con precisión dónde, cuándo y con qué magnitud ocurrirá, además de demostrar que esa capacidad es verificable, repetible y operativa en distintos contextos tectónicos, tipos de fallamiento y magnitudes; sin embargo, dicho nivel de certeza no es algo que la ciencia y la sismología ofrezcan hoy en la mayoría de los casos. 

Añadió que anticipar tampoco es adivinar; es acotar el espacio de lo posible con base en evidencia, es decir, aceptar que aún la sismología no permite asignar un día y hora del próximo sismo. “Sí podemos responder preguntas que son más útiles para la sociedad: ¿qué tipo de terremotos son propensos en una región?, ¿qué magnitudes podrían generarse?, ¿qué intensidades se experimentarían en distintos lugares?, y ¿qué tan rápido detectaríamos un evento grande? Para después, emitir información confiable”, agregó Chaves.

Vigilancia y evaluación

Afirmó que cuando en Ovsicori se habla de anticipación, se hace referencia a un proceso continuo de vigilancia y evaluación, donde no solo se cuentan los sismos y se interpreta un sistema que está en movimiento permanente. “La sismicidad cotidiana, incluso la que no se siente, es información que indica dónde hay liberación de esfuerzo, qué estructuras están activas, y cómo evoluciona la actividad en el tiempo.

“La diferencia entre predicción y anticipación también se refleja en el tipo de evidencia usada. La predicción intenta justificar, suele apoyarse en supuestas “señales” únicas y deterministas: un patrón previo, una alineación, un precursor que “anuncia” la ruptura. El problema es que la mayoría de esos supuestos precursores no son sistemáticos: aparecen a veces, desaparecen otras y no se repiten de manera confiable antes de terremotos grandes. La anticipación, en cambio, se apoya en múltiples líneas de evidencia que, combinadas, construyen una imagen más robusta del sistema”, mencionó el investigador.

Además, la instrumentación moderna amplía la capacidad de detectar y caracterizar eventos con mayor rapidez y precisión, lo cual impacta en la gestión del riesgo: localizaciones más confiables, magnitudes mejor estimadas, mecanismos focales cuando los datos lo permiten y análisis que alimentan tanto la investigación como los productos para instituciones de primera respuesta.

El objetivo del monitoreo sismológico es reducir incertidumbres relevantes y transformar conocimiento en acciones concretas.

Sismo en el sur

En el caso del sur de Costa Rica, Chaves argumentó, que, en el escenario de un terremoto en Osa, la anticipación responsable consiste en reconocer dos aspectos fundamentales: 1) que el contexto tectónico hace posible un evento fuerte, y 2) que no se puede convertir esa posibilidad en una fecha ni en una magnitud exacta. 

En cambio, acotó el experto, se puede preparar a la sociedad para un rango de escenarios razonables: cómo se sentiría un sismo grande según sea su ubicación y profundidad; qué zonas podrían experimentar intensidades mayores por condiciones locales; qué elementos no estructurales tienden a fallar, incluso en edificaciones bien diseñadas; qué esperar de las réplicas; y por qué la preparación doméstica, escolar e institucional reduce drásticamente las consecuencias.

El sur de Costa Rica, incluida la península de Osa, se ubica en un entorno tectónico activo, dominado por el proceso de subducción: una placa oceánica (Placa del Coco) se introduce por debajo del margen continental (Placa de Panamá), acumulando deformación y liberándola en forma de sismos. Este contexto hace razonable contemplar escenarios de terremotos fuertes en el sur del país. También existen estructuras corticales locales capaces de producir sismos dañinos, por lo que la interacción entre procesos profundos y superficiales es parte de lo que vuelve compleja la amenaza sísmica en Costa Rica. 

“Cuando alguien insista en “el próximo M 7,3 en Osa”, mi respuesta como sismólogo y director de Ovsicori será: lo que sabemos es suficiente para afirmar que el sur del país puede experimentar terremotos fuertes y que debemos prepararnos como sociedad para ese rango de escenarios. Lo que no sabemos, y no es responsable afirmar, es el momento y la magnitud exactos del próximo gran evento. Entre esas dos verdades surge la anticipación: práctica que se basa en evidencia que se alimenta del pasado, pero sobre todo del presente que se mide todos los días”, concluyó Chaves.

Elaborado por: Johnny Humberto Núñez Z./Periodista-O.C-UNA