Esta semana será decisiva para los intereses de la selección nacional de futbol. Los partidos contra Haití el jueves y contra Honduras la próxima semana, marcarán el destino entre tres caminos: la eliminación al mundial 2026, la clasificación directa o la opción de optar por un cupo por medio de un repechaje.
Costa Rica parte este mes ubicándose en segundo lugar, con seis puntos, dos menos que el combinado hondureño. Para clasificarse de manera directa, debe quedar en primer lugar en el grupo que comparte con Haití y Nicaragua.
Pero, en el escenario de que la tricolor quedé fuera del mundial, ¿qué tanto nos puede afectar como país? Para este análisis, aportamos la visión antropológica, social, cultural y económica ante este panorama.
Antes de ello, es importante recordar la situación que generó el mundial de Brasil 2014 y que muchas personas aún conservan en sus retinas. Avanzar hasta cuartos de final, invictos y dejando en el camino a tres campeones mundiales representó un hito que absorbió los temas de discusión y paralizó al país prácticamente durante un mes. A su llegada al país y en una caravana, los jugadores y cuerpo técnico fueron recibidos como héroes.
El académico del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo), de la Universidad Nacional (UNA) Onésimo Rodríguez, tiene una visión crítica sobre el verdadero impacto social en caso de que el país no sea parte de la gran fiesta futbolística mundial. Para él existe un sobredimensionamiento al respecto.
“A veces se piensa que sería un descalabro para el país, porque algunas personas asocian identidad nacional o nacionalismo con la selección nacional de fútbol y eso no es así. No digo que no sea importante en términos culturales, pero sí es algo que se sobre magnifica”, expresó.
En esta línea, considera que la pérdida se valida más desde un punto de vista simbólico o imaginario, en el sentido de que las personas pueden estar más felices o esperanzadas y apuntó al rol que juegan los programas de periodismo deportivo y de opinión, donde el tema ocupa una amplitud de espacios. “Pero en términos estrictamente identitarios no se pierde nada. Es decir, la cultura no se va a morir, vamos a tener que seguir trabajando al siguiente día”, amplió.
Al respecto, destacó que las más recientes mediciones del Idespo sobre el tema arrojan que una de cada cuatro personas no siente apetencia por el fútbol, por lo que no se puede universalizar la idea de ser un tema que a todos les interesa.
Donde sí existe un foco de preocupación es en las conductas o actitudes que se pueden moldear a través de un resultado futbolístico. Su muestra más evidente son los picos de reportes por violencia intrafamiliar que suele reportar el sistema de emergencias 911 durante y después de eventos deportivos de esta magnitud. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en Costa Rica, las alertas por agresiones en el hogar se incrementan en un 45% durante los partidos. Otro riesgo podría estar en el incremento de accidentes de tránsito por un mayor consumo de bebidas alcohólicas durante estos eventos.
“Habría que adentrarse en las causas más a nivel social y cultural porque el futbol en sí no es el culpable”, sentenció Rodríguez.
A su vez, llamó la atención respecto a que los focos de atención se dirigen siempre a la selección mayor de futbol masculina, pero que no ocurre lo mismo con las participaciones de la selección femenina o de categorías menores como la sub-21 o sub-17 y “esto ocurre porque existe una narrativa desde la comunicación y la sociedad de que la selección mayor es el país y es ahí donde el tema se sobredimensiona”.
Perspectiva económica
Sin embargo, datos de un estudio elaborado por el académico Leiner Vargas del Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (Cinpe) de la UNA hacen ver que desde el punto de vista económico sí puede existir un impacto si la bandera nacional no ondea entre las 48 naciones que competirán el otro año en la cita planetaria.
De acuerdo con su análisis, las consecuencias se pueden dimensionar desde dos perspectivas. Una de ellas se refiere a los efectos directos, desde la cual, la Federación Costarricense de Futbol perdería entre $9 millones y $12 millones del premio FIFA. A esto se le suman el apoyo de preparación (entre $1.5 millones y $2 millones), los derechos televisivos (entre $2 millones y $4 millones) y el mercadeo (entre $1 millón y $2 millones), para un total de entre $14 millones y $25 millones.
Los efectos indirectos que calcula Vargas tienen relación con un menor consumo en el comercio (entre $25 y $40 millones), publicidad y medios ($8 millones-$12 millones) y en turismo y marca país ($15-20 millones), para un estimado total entre $50 millones y $70 millones).
Como si se tratara de una bola de nieve, es claro que la participación de Costa Rica en un mundial alienta a otros sectores de la economía. Las familias tienden a consumir más, por ejemplo, en la compra de pantallas de televisión para ver los partidos o en las reuniones familiares o con amigos donde se consumen más alimentos y bebidas. Ventas de camisetas o artículos promocionales que pueden beneficiar a negocios minoristas también se pueden ver afectados.
El posicionamiento en estos eventos suele ser clave también. A raíz de su primera participación en un mundial de futbol en Italia 1990 y en virtud de su destacado papel donde logró avanzar a octavos de final, muchas personas conocieron acerca de Costa Rica, lo que pudo facilitar el interés de extranjeros para conocer y visitar el país.
Para el mundo del futbol, otras consecuencias palpables serían una menor exposición de jugadores en mercados internacionales, reducción de contratos publicitarios y pérdida de valorización de mercado. El ejemplo más destacable en este sentido es el del portero Keylor Navas quien después de su participación en el mundial de Brasil 2014 dio el salto al Real Madrid.
Finalmente, para Vargas, también se podría reducir la referencia de la juventud costarricense hacia figuras deportivas nacionales en medio de una globalización deportiva que, de por sí, hace ver a niños y niñas con camisetas de Cristiano Ronaldo, Lionel Messi o Lamine Yamal, por citar algunos.
La valoración de la influencia del futbol parte de si usted se cataloga como aficionado o no a este deporte y a la selección nacional. De ser así. ¿está listo para los partidos decisivos de este mes?