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Cocodrilos serían clave en reactivación económica del Pacífico

La recuperación paulatina de las poblaciones de cocodrilos, el auge inmobiliario cerca de ríos y costas y una mayor disponibilidad de alimento para la especie, generan conflictos de convivencia, pero un manejo adecuado podría ser la base para el desarrollo económico y social de las comunidades cercanas a su hábitat natural.

Costa Rica es uno de los pocos países donde se pueden observar cocodrilos en su estado natural. Investigadores de la Universidad Nacional (UNA) proponen una iniciativa para desarrollar una “ruta del cocodrilo”, donde, en torno a los avistamientos, se generen encadenamientos turísticos que serían claves para la reactivación económica del Pacífico norte y central del país.

En Costa Rica existen dos tipos de cocodrilos: el Caimán Crocodilus y el Crocodylus acutus o cocodrilo americano. “Nosotros tenemos caimanes que pueden llegar a medir hasta 3 metros, pero lo más común es hallarlos de entre 80 cm a 1,50 metros. En el caso de los cocodrilos, su tamaño puede llegar hasta de 6 m, pero es muy difícil encontrarlos porque los matan” explicó Iván Sandoval Hernández, académico de la Escuela de Ciencias Biológicas (ECB-UNA).

El cocodrilo es una especie que prácticamente no ha evolucionado desde hace 65 millones de años; sus características de buen cazador y habilidades para defenderse le han permitido sobrevivir con un único cambio radical: su tamaño. El cocodrilo más grande que existió medía entre 11 y 15 metros y pesaba cerca de 8 toneladas. El más grande que podemos encontrar hoy día, de acuerdo con Sandoval, es el Crocodylus porosus, que habita en Australia y el sudeste asiático, mide hasta 7 metros y pesa cerca de 1,5 toneladas.

Hasta 1960, en Costa Rica, así como en el resto del mundo, se cazaban cocodrilos, pero la Ley de Conservación de Vida Silvestre, lo declaró—en 1992—como especie en peligro de extinción, y por lo tanto esta práctica es ilegal.

A la fecha, las poblaciones de cocodrilos en el país se han venido recuperando. Estudios realizados por Juan Bolaños, académico jubilado de la Escuela de Ciencias Biológicas, indicaban que en los 90 la estimación de cocodrilos era de cuatro individuos por kilómetro; sin embargo, investigaciones más recientes, indican que en Tárcoles se pueden encontrar hasta 14 individuos por kilómetro. La distribución de los animales no es uniforme en el río, normalmente, están agrupados donde existen mejores condiciones para su alimentación, por lo cual hay secciones de su hábitat en donde no se ven.

En el Gran Humedal Tempisque (GHT), encontramos la población de cocodrilos más grande del país, para Sandoval en este sitio se han conjugado varios elementos para que esto suceda: “en los 90 se dio una explosión inmobiliaria en las zonas costeras, especialmente lideradas por extranjeros que buscaban sitios alejados para su retiro; hubo también mucho desarrollo turístico y todas estas construcciones se hicieron cerca de los ríos o la costa por el acceso al agua. Además, se dio el auge de las compañías productoras de tilapia las cuales, en sus inicios, tuvieron un importante escape de individuos al medio. Entonces tenemos crecimiento de la población humana, desarrollo de actividades productivas (turismo), y un hábitat con mucha comida disponible, estas condiciones, más la protección que recibe la especie, son las características ideales para el aumento de sus poblaciones”.

Además, el GHT es desde 1985 parte del distrito de riego Arenal Tempisque, esto significa que se trae agua de lago Arenal a cerca de 29.500 ha para riego, agricultura y piscicultura. Estas aguas traen además nuevas especies de peces que no existían en el Pacífico que se convierten en una nueva fuente de alimento para los cocodrilos”.

Bases para un conflicto

Toda esa recuperación paulatina de las poblaciones de cocodrilos, el auge inmobiliario cerca de ríos y costas, y una mayor disponibilidad de alimento para la especie, a la que se refiere el experto, empiezan a generar conflictos de convivencia entre poblaciones humanas, actividades productivas y cocodrilos.

Estos reptiles vuelven a recolonizar su hábitat, donde ahora hay actividades antrópicas o donde se han instalado poblaciones. “Hace unos años hicimos un estudio de conocimiento popular y percepción en la zona, y la gente reconoce que hay cocodrilos, pero aún así, cerca del 80% de ellos entra al río una o dos veces al mes, ellos están dispuestos a correr el riesgo. ¿Por qué? porque su abuelo o su padre usaban el río para pescar, lavar sacar arena y otros.  La diferencia es que antes prácticamente no había cocodrilos, y ahora sí. Actualmente hemos visto que las personas entran al río, algunos pescan con arpón o carnada viva, la cual lleva la sangre de los peces muy cerca suyo, el cocodrilo la huele, ve una presa y podría buscar alimentarse. Cuando ocurren estos accidentes se sataniza al cocodrilo, pero no se explican las causas que llevaron a ese accidente”.

Para Sandoval es necesaria una mayor educación ambiental. “La gente tiene que saber que hay sitios donde las poblaciones de cocodrilos son abundantes, y no se debería meter al agua: recomendamos pescar desde un bote, o desde fuera en la orilla, es importante no entrar en interacción directa con la especie, y si alguien ve cocodrilo, evitemos ingresar al agua.

Un caso particular ocurre en playa Tamarindo, la cual se ubica a la par del Parque Nacional Marino Las Baulas. “Aquí tenemos un reto y una contradicción: un parque nacional cuyo fin es proteger la vida silvestre y al lado una de las zonas de mayor crecimiento turístico de Guanacaste. Ahí encontramos la salida del estero (es un hábitat ideal para el cocodrilo), la gente no debería surfear o nadar ahí, pues incrementa la probabilidad de un accidente. Todo este sitio está rotulado, pero se ignoran los avisos. Hay que aclarar que en el mar un accidente podría ser menos probable, porque esta es una zona de paso para el cocodrilo, lo que no significa que no pueda ocurrir. La gente muchas veces nos pide sacar a los animales, pero si sacamos uno, pronto llegará otro a ocupar ese espacio. La idea no es estar sacando animales. En algunos foros hemos planteado la creación de zonas de exclusión de cocodrilos, pero se necesita un plan de manejo o la acción del Sistema Nacional de áreas de Conservación (Sinac)”.

Hábitat ideal

De acuerdo con las investigaciones realizadas por Bolaños y Sandoval, se tienen datos para decir que no hay sobrepoblación de cocodrilos en el país. “Cuando las poblaciones tiene rasgos de sobrepoblación, se encuentran individuos con baja condición física, golpeados o muertos en las desembocaduras de los ríos, pero a excepción de la época reproductiva, donde hay peleas por las hembras, el resto del año los cocodrilos pueden convivir en el mismo espacio, esto porque disponen de suficiente espacio y comida; sin embargo, no se cuenta con estudios de capacidad de carga que nos el número específico de cocodrilos que pueden habitar en cada da sitio, pero aunque no tenemos esos datos, el comportamiento de la especie nos indica que no hay sobrepoblación”.

Junto a Iván Sandoval, Carlos Morera Beita y Luis Sandoval Murillo, académicos de la Escuela de Ciencias Geográficas (ECG-UNA), realizaron otro estudio para determinar las zonas de mayor potencial para el hábitat de cocodrilos en el Pacífico Central y luego a nivel nacional, tomando en cuenta factores como cantidad de ríos, tipo de cobertura, acceso vial y desarrollo de actividades humanas, entre otras.

Se encontró que el hábitat potencial alto, aquel que reúne todas las condiciones para encontrar cocodrilos corresponde a la zona interna del Tempisque, regiones específicas del Pacífico Central, la parte interna del Humedal Sierpe Térraba, de Sierpe Térraba, los humedales y algunas zonas continentales en el Caribe, y en la zona norte en Caño Negro, principalmente. 

Las zonas de mayor interacción, tomando en cuenta todo el hábitat potencial, están en el GHT, Quepos, Manuel Antonio, Sierpe Térraba y zona sur, además de Batán y Siquirres en el Caribe. Aquí es donde los especialistas urgen de tomar acciones de manejo. “Si tenemos un potencial de hábitat alto y muchas actividades humanas, podemos empezar a tomar acciones de manejo, pero lo principal es tratar ver al cocodrilo no como un problema, sino como una oportunidad de desarrollo”, dice Sandoval.

Potencial

 Para Sandoval Hernández, una vez identificados los sitios de hábitat potencial, se puede desarrollar desde Guanacaste hasta el Pacífico Central, lo que han llamado “la ruta del cocodrilo”, una iniciativa turística para crear encadenamientos productivos alrededor del avistamiento de estos animales.

“Lo que vemos en Costa Rica es atípico: la gente se detiene en el río Tárcoles a ver cocodrilos porque en pocas partes del mundo se observan con esa facilidad. Antes de la pandemia entraban un poco más de 3 millones de turistas al país, (muchos de ellos se detenían en el Tárcoles a ver cocodrilos), si a esos turistas les ofrecemos una plataforma de observación segura, tanto para los animales como para ellos, les damos un sitio adecuado para estacionar su vehículo y les cobramos por ejemplo un dólar, tendríamos 3 millones de dólares al año, que aportarían en el desarrollo del país, si a eso le sumamos ventas por comida artesanías y otros souvenirs el beneficio sería mayor”.

Para el especialista, con un buen manejo político, económico, social y ecológico, se podrían generar actividades para estas zonas que potencialicen el desarrollo económico y el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes y ola conservación de la especie. Para hacer esto, según Sandoval, se requiere del trabajo de muchas instituciones: el Sinac, como ente rector, los ministerios de economía, trabajo, educación, y el aporte técnico de las universidades, entre otros.

“Hay leyes que nos permite aprovechar la madera caída, enseñémosle a la gente a hacer artesanías de cocodrilos, los grupos de danza y de bailes típicos pueden hacer presentaciones alusivas a la especie y presentarse en estos sitios. Ofrezcamos un tour donde no se les alimente, saquemos provecho va a ver aves, serpientes, y la vida silvestre del país de manera responsable. Si la gente empieza a ver opciones de trabajo, el cocodrilo se puede convertir en un aliado para las comunidades, pero esto requiere del trabajo de muchos sectores”, asegura.

Zonas de exclusión

Si bien no existen suficientes evidencias para determinar la sobrepoblación de cocodrilos, el estudio de las escuelas de ciencias biológicas y ciencias geográficas también propone zonas de exclusión de estos animales, donde por las actividades turísticas productivas u otras que se desarrollan, sea necesario aplicar un plan de manejo.

Y el especialista va más allá: “aquí entran en juego criterios económicos, políticos y biológicos, y una vez más muchas instancias involucradas. Con un plan de manejo aprobado se pueden remover animales, capacitar no solo a los bomberos, sino también a personal turístico para que ayude en el manejo—con los respectivos permisos—pero si se remueven animales del medio, hay que tener certeza de su destino, de ser posible se podría tener un zoocriadero y una exhibición, las cuales son adecuadas para tener cocodrilos en las condiciones para que los turistas los observen todo el año, pero esta es una decisión que debe tomar el Sinac”.

Cocodrilos de cerca

Los cocodrilos tienen un papel ecológico importante para el ambiente, ya que mantienen la estructura y función de los ecosistemas y controlan poblaciones—algunas consideradas plagas—de insectos, peces, aves, mamíferos y tortugas. Es el reptil más grande del país, y posee la mordedura más fuerte del reino animal. Su método de cacería consiste en la captura de la presa,  hundirla hasta ahogarla y luego desmembrar sus partes. Tiene un metabolismo lento, por lo que no necesita comer constantemente y puede pasar sin alimento hasta seis meses. Su época reproductiva, y por ende cuando se vuelven agresivos por defender su territorio, es entre agosto y octubre, se reproducen una vez al año y pueden llegar a vivir en estado natural entre 60 y 70 años.

Mito

Realidad

Hay sobrepoblación de cocodrilos.

No hay evidencia de sobrepoblación, aunque sus poblaciones se han venido recuperando.

Debe existir una temporada de caza.

No está permitida por ser una especie protegida por la Ley de Conservación de la Vida Silvestre N. 7317.

Viven sólo en ríos.

Pueden vivir en ríos, esteros, manglares e incluso el mar.

Su grasa tiene propiedades curativas.

No está comprobado. Habitan zonas contaminadas, por lo que usar su grasa o comer su carne puede transmitir enfermedades.

Si un cocodrilo me persigue debo correr en zig zag.

Son animales muy rápidos. Debe correr en línea recta para evitar un ataque.

Si veo un cocodrilo tengo que “hacerme el muerto”.

Ante la presencia de un cocodrilo debe alejarse, incluso correr.

El cocodrilo es lento y torpe.

Es rápido. En agua alcanza hasta los 32 km/h y en distancias cortas en tierra hasta los 11 km/h.

Se alimentan solo de animales muertos

Comen insectos, crustáceos, peces, aves, reptiles y mamíferos.




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