Un aumento cercano al 35% en las crisis emocionales dentro de la Universidad Nacional (UNA) impulsó a la institución a capacitar a más de 350 funcionarios en primeros auxilios psicológicos desde 2021, en el campus Omar Dengo y sedes regionales, con el fin de atender ansiedad, estrés, violencia e ideación suicida.
Según los especialistas, el incremento no solo se refleja en la cantidad de casos. También evidencia un cambio en la complejidad de las situaciones que enfrenta la comunidad universitaria. Los reportes del Departamento de Orientación y Psicología (DOP) describen escenarios con mayor nivel de riesgo y vulnerabilidad entre estudiantes, lo que llevó a ampliar la respuesta institucional más allá de los servicios especializados.
“A partir de la pandemia se ha visto un aumento cercano al 35% en las crisis emocionales. Cada vez son casos más complejos, más difíciles de atender y con mayor riesgo para personas en condición de vulnerabilidad”, explicó Elías Córdoba Chaves, psicólogo del DOP.
En este contexto la Universidad diseñó un programa de formación dirigido a personal administrativo y académico que mantiene contacto directo con estudiantes. La estrategia busca que estos funcionarios actúen como primer punto de respuesta en situaciones de crisis dentro del entorno universitario.
Desde 2021, más de 300 personas participaron en los procesos de capacitación y 104 cuentan con certificación. El modelo vigente desde 2024 contempla 12 horas de formación distribuidas en sesiones virtuales y trabajo individual. El contenido incluye herramientas para intervenir ante ansiedad, estrés, violencia, ideación suicida y conductas agresivas.
El enfoque parte de la necesidad de ampliar la red de apoyo dentro del campus. La atención psicológica formal no cubre todos los espacios donde surgen las crisis. Por esta razón, la capacitación se dirige a quienes interactúan con estudiantes en aulas, oficinas y servicios institucionales.
“El personal tiene herramientas para acompañar y canalizar al estudiante de forma adecuada, lo que permite que la persona reciba atención oportuna y con un enfoque claro”, indicó Córdoba.
El programa incorpora un protocolo de intervención estructurado en siete etapas: autocuidado de quien atiende la situación, contacto inicial, evaluación del caso, identificación de soluciones inmediatas, acompañamiento emocional, definición de un plan de acción y seguimiento. Este esquema orienta la actuación del personal ante eventos de crisis.
El psicólogo recordó que se establece una distinción clave entre reacciones emocionales y crisis. “Una persona puede llorar sin estar en crisis; esta ocurre cuando no logra afrontar la situación y su funcionamiento se ve afectado”, afirmó.
La UNA también cuenta con un sistema de atención psicológica que inicia cuando el estudiante solicita el servicio. El DOP asigna una entrevista para valorar cada caso. A partir de esa valoración, el equipo define si brinda acompañamiento interno o si remite a servicios externos en situaciones que requieren atención especializada.
El aumento en las crisis emocionales responde a factores diversos. El análisis del DOP identifica condiciones sociales y económicas, el aislamiento, la falta de recursos emocionales y una sensación de desesperanza entre la población joven.
El impacto de la capacitación se observa en la cercanía de los apoyos dentro de la comunidad universitaria. Los estudiantes encuentran orientación inicial en su entorno inmediato, antes de acudir a servicios especializados.
“Ahora los estudiantes cuentan con un recurso inmediato dentro de su entorno. El personal tiene mayor claridad sobre cómo actuar y hacia dónde dirigir la atención”, recordó el psicólogo.
Como parte de la estrategia, la UNA impulsa la creación de brigadas de primeros auxilios psicológicos en facultades, centros y sedes regionales. Estos equipos funcionarán como redes de apoyo inicial en situaciones de crisis emocional.
“El objetivo es que existan equipos que atiendan de forma oportuna y canalicen a las personas hacia la atención profesional. No sustituyen a especialistas, pero sí cumplen una función similar a las brigadas de primeros auxilios médicos”, afirmó Córdoba.
El desarrollo de estas brigadas responde a una iniciativa institucional vinculada a la atención de la salud mental en la comunidad universitaria. La universidad conformó una comisión que aborda este tema desde la promoción, la prevención y la intervención.
En la etapa actual, el DOP coordina el acercamiento con posibles integrantes de los equipos interventores. El proceso incluye capacitación y acompañamiento continuo para quienes asumen este rol dentro de la universidad.
El modelo establece que estas personas no sustituyen a profesionales en psicología. Su función consiste en identificar señales de crisis, brindar contención inicial y canalizar a la persona hacia los servicios adecuados.
El énfasis de la formación incluye la atención de ideación suicida, uno de los temas que registra mayor preocupación. Los datos del Departamento de Orientación y psicología evidencian un incremento en este tipo de situaciones dentro de la población estudiantil.
El programa de capacitación se desarrolla cuatro veces al año. El próximo proceso iniciará el 9, 16 y 23 de abril de 2026 en modalidad virtual. La convocatoria establece un cupo máximo de 30 participantes y el periodo de inscripción se mantendrá abierto hasta el 8 de abril.
Las personas interesadas deben completar el formulario disponible en la plataforma institucional de formación.