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Una mañana llena de historias

Una mañana llena de historias

Las risas, las manos levantadas y la imaginación llenaron el espacio cuando los niños comenzaron a recordar sus historias favoritas: Caperucita Roja, Blancanieves y Los tres cerditos. Así inició una mañana dedicada a los libros, a los cuentos y a la magia de leer.

La actividad reunió a niños y niñas en la Biblioteca Constantino Láscaris del Centro de Estudios Generales (CEG-UNA). La sorpresa llegó con la presencia de la cuentacuentos Gilda Benavides Bonilla, quien invitó a los pequeños a viajar por distintos mundos a través de los cuentos.

Antes de iniciar, la cuentacuentos recordó que los libros son compañeros de vida. “Los libros son nuestros amigos. Con ellos aprendemos, conocemos cosas nuevas y también podemos imaginar”, dijo mientras los menores escuchaban atentos.

La narradora compartió una breve poesía dedicada a los libros, esos que “duermen en los estantes esperando que alguien los despierte al pasar sus páginas”. Sus versos sirvieron de antesala para abrir la puerta a los cuentos.

Seguidamente, contó la primera historia  que llevó a los niños a la selva con la conocida fábula de El león y el ratón. Con gestos y voces, Benavides Bonilla relató cómo un pequeño ratón terminó ayudando al majestuoso león que había quedado atrapado en una red. Entre risas y participación de los niños, el relato dejó una enseñanza  muy importante: incluso el más pequeño puede ayudar al más grande.

Pero la jornada no se quedó solo en escuchar historias. Los niños también se convirtieron en protagonistas cuando la cuentacuentos invitó a varios a representar un cuento sobre herramientas de carpintería. Martillo, tornillo, lija, metro y serrucho cobraron vida en manos de los estudiantes, quienes dramatizaron una discusión entre las herramientas que descubren que cada una tiene cualidades importantes para trabajar juntas.

Más adelante apareció otra historia, esta vez protagonizada por números. El personaje central fue el número cero, que pensaba que no tenía valor hasta descubrir que, colocado al lado de otros números, puede multiplicar su importancia. El cuento despertó la curiosidad de los niños, que comenzaron a imaginar cuántos ceros pueden hacer crecer un número.

Entre aplausos, risas y preguntas espontáneas, los cuentos demostraron que los libros siguen siendo una puerta abierta a la imaginación.

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Las risas, las manos levantadas y la imaginación llenaron el espacio cuando los niños comenzaron a recordar sus historias favoritas: Caperucita Roja, Blancanieves y Los tres cerditos. Así inició una mañana dedicada a los libros, a los cuentos y a la magia de leer.

La actividad reunió a niños y niñas en la Biblioteca Constantino Láscaris del Centro de Estudios Generales (CEG-UNA). La sorpresa llegó con la presencia de la cuentacuentos Gilda Benavides Bonilla, quien invitó a los pequeños a viajar por distintos mundos a través de los cuentos.

Antes de iniciar, la cuentacuentos recordó que los libros son compañeros de vida. “Los libros son nuestros amigos. Con ellos aprendemos, conocemos cosas nuevas y también podemos imaginar”, dijo mientras los menores escuchaban atentos.

La narradora compartió una breve poesía dedicada a los libros, esos que “duermen en los estantes esperando que alguien los despierte al pasar sus páginas”. Sus versos sirvieron de antesala para abrir la puerta a los cuentos.

Seguidamente, contó la primera historia  que llevó a los niños a la selva con la conocida fábula de El león y el ratón. Con gestos y voces, Benavides Bonilla relató cómo un pequeño ratón terminó ayudando al majestuoso león que había quedado atrapado en una red. Entre risas y participación de los niños, el relato dejó una enseñanza  muy importante: incluso el más pequeño puede ayudar al más grande.

Pero la jornada no se quedó solo en escuchar historias. Los niños también se convirtieron en protagonistas cuando la cuentacuentos invitó a varios a representar un cuento sobre herramientas de carpintería. Martillo, tornillo, lija, metro y serrucho cobraron vida en manos de los estudiantes, quienes dramatizaron una discusión entre las herramientas que descubren que cada una tiene cualidades importantes para trabajar juntas.

Más adelante apareció otra historia, esta vez protagonizada por números. El personaje central fue el número cero, que pensaba que no tenía valor hasta descubrir que, colocado al lado de otros números, puede multiplicar su importancia. El cuento despertó la curiosidad de los niños, que comenzaron a imaginar cuántos ceros pueden hacer crecer un número.

Entre aplausos, risas y preguntas espontáneas, los cuentos demostraron que los libros siguen siendo una puerta abierta a la imaginación.