La escalada del conflicto en Medio Oriente y la frágil tregua que rige actualmente, sigue provocando presiones sobre el suministro de combustibles, la seguridad energética y la logística comercial en países de todo el mundo.
Costa Rica no es ajena a este contexto. De acuerdo con el Observatorio Económico y Social de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional (UNA), la suma de incrementos en los precios de materias primas encarecería el costo de vida local.
En su análisis, destaca el inminente aumento de los combustibles previsto para mayo. El diésel, por ejemplo, acumularía entre abril y mayo un alza cercana al 32% (+169 colones).
“Esto tendría efectos indirectos significativos, al trasladarse a los precios de otros bienes y servicios mediante mayores costos de producción. En particular, el encarecimiento del diésel presionaría los costos del transporte de carga y del transporte público, este último ya afectado por una crisis estructural que ha derivado en el abandono de más de 100 rutas de autobús en los últimos años”, indicó Fernando Rodríguez, investigador del OES-UNA.
En el caso de las gasolinas, la regular acumularía a mayo un incremento de 23.6% por litro (+143 colones), mientras que la súper registraría un aumento de 12,8% (+81 colones). Por su parte, el gas licuado, de uso intensivo en hogares de menores ingresos y pequeños negocios de alimentos, habría aumentado un 5.8%, pasando de ¢6.867 a ¢7.263 por cilindro de 25 libras (+¢396).
Otro foco de preocupación señalador por el OES-UNA es el encarecimiento de los fertilizantes nitrogenados, cuyos precios han aumentado con rapidez desde el inicio del conflicto. Esto responde, en parte, a que entre el 30% y el 40% del comercio global de estos insumos transita por el estrecho de Ormuz, así como al incremento cercano al 20% en el gas natural, insumo que representa hasta el 80% de los costos de producción de estos fertilizantes.
Como resultado, los precios internacionales, se han ajustado de forma inmediata: en el caso de la urea, uno de los fertilizantes más utilizados, su precio ha pasado de aproximadamente $415 a inicios de año a niveles cercanos a $850 por tonelada en Medio Oriente y $694 en el Golfo de México.
Para Rodríguez, el encarecimiento de este insumo tendrá efectos importantes sobre los precios de los alimentos, igualando incluso lo observado tras la invasión de Rusia a Ucrania en 2022, cuando la inflación de alimentos superó a la inflación general y se mantuvo elevada por un periodo prolongado. “En esta ocasión, el impacto podría ser mayor, dadas las debilidades estructurales del sector agrícola nacional y la creciente dependencia de importaciones alimentarias”, afirmó.
A estos factores se suman riesgos adicionales provenientes del entorno internacional: un menor dinamismo de los principales socios comerciales, una caída de la demanda por exportaciones costarricenses, reducciones en la producción agrícola global, incrementos en los costos del transporte aéreo y marítimo y un encarecimiento de los boletos aéreos, todo ello acompañado de tasas de interés más altas y mayores costos de financiamiento externo.
Ante este escenario, el Observatorio hace una propuesta de diez políticas que pueden implementarse en el país para paliar los efectos de esta cadena de riesgos:
- Evitar un mayor deterioro del transporte público. Prevenir el abandono de rutas y la profundización de la caída en la demanda del servicio. Para ello, es urgente implementar un mecanismo de compensación ante el fuerte incremento en el precio del diésel; entre las alternativas, destaca la posibilidad de retomar la exoneración del impuesto a este combustible para el transporte público, propuesta considerada en 2008.
- Mejorar la calidad y atractivo del transporte público. Avanzar en la construcción de terminales de autobuses, mejorar la infraestructura de paradas (con un rol activo de los gobiernos locales) y fortalecer la seguridad y accesibilidad en estos espacios, con el fin de incentivar su uso y revertir la caída en la demanda del servicio.
- Acelerar la transición hacia buses eléctricos. El principal obstáculo sigue siendo el alto costo inicial de inversión; en este sentido, el OES propone la creación de un fondo de avales que facilite el acceso al financiamiento para las empresas autobuseras, reduciendo riesgos y acelerando la renovación de la flota hacia tecnologías más limpias y eficientes.
- Ampliar el uso del teletrabajo a nivel nacional. Se propone establecer su aplicación obligatoria en el sector público y promover su adopción en el sector privado, evaluando además ajustes normativos que faciliten su implementación en todas aquellas actividades donde sea técnica y operativamente viable, con el fin de reducir costos de movilidad y consumo de combustibles.
- Fomentar la virtualización en la educación superior. En los casos donde existan condiciones institucionales y tecnológicas adecuadas, promover la modalidad virtual como complemento a la presencialidad, con el fin de reducir los costos de movilidad, el consumo de combustibles y el congestionamiento vehicular, sin detrimento de la calidad académica.
- Apoyar al sector agrícola frente al encarecimiento de insumos. Se propone implementar mecanismos de apoyo para la adquisición de fertilizantes, ya sea mediante compras públicas para su distribución (priorizando a pequeños productores) o a través de transferencias directas que compensen de esta manera los costos, con el fin de mitigar su impacto sobre la producción y los precios de los alimentos.
- Establecer un subsidio focalizado al combustible para productores agrícolas. Este podría estructurarse mediante un mecanismo similar al utilizado en otros sectores para el reconocimiento de gastos de combustible, incorporando criterios de focalización, eficiencia y uso racional del recurso, con el fin de reducir costos de producción sin generar distorsiones significativas.
- Promover la coherencia en el uso de los fondos públicos. Se insta a revisar y reducir de 500 a 200 litros mensuales la asignación de combustible otorgada a cada diputado, con el fin de alinear este beneficio con criterios de austeridad, eficiencia y uso racional del recurso.
- Reformular el apoyo al sector pesquero. Sustituir la actual exoneración del diésel por un subsidio directo, con criterios claros de focalización y mecanismos de verificación, a fin de mejorar el control, la transparencia y la eficiencia en el uso de este beneficio, evitando filtraciones y distorsiones.
- Plantear ajustes tributarios para financiar las medidas aquí propuestas. Se propone fortalecer los mecanismos de control sobre los pagos mediante Sinpe Móvil, con el fin de reducir su uso como vía de evasión del Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA). Asimismo, valorar el incremento del impuesto a la propiedad de vehículos de mayor valor o cilindrada, así como de embarcaciones y aeronaves. De forma complementaria, considerar otros ajustes como el aumento de peajes y la implementación de impuestos ambientales, con el objetivo de generar ingresos adicionales en el corto plazo de manera progresiva y consistente con criterios de sostenibilidad.
“En conjunto, estas medidas buscan no solo mitigar los efectos inmediatos del shock externo, sino también fortalecer la resiliencia de sectores clave de la economía nacional frente a un entorno internacional altamente incierto”, manifestó el Fernando Rodríguez.
