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Imágenes para un montaje historiográfico

   

“Luchas campesinas (1970-1980) y el papel de las universidades públicas” es la exhibición itinerante de 40 fotografías, que montó Miguel Sobrado, académico jubilado de la UNA, en diferentes sedes universitarias.

 


 

La Costa Rica de los años ochenta fue escenario de una guerra agraria en la que campesinos y trabajadores desempleados de compañías bananeras—quienes habían sido reemplazados  por la tecnología—se enfrentaron con propietarios de latifundios improductivos por la disputa del bien que podría sacarlos de la pobreza extrema: la tierra.

 

En esa batalla, contra el terratiente y una institucionalidad muy claramente decantada a favor de los intereses del gran capital, entraron en escena académicos de las universidades de Costa Rica y Nacional, quienes empezaron a visiblizar un probema que había sido soslayado por los medios de comunicación.

 

Miguel Sobrado, entonces académico y director de la Escuela de Planificación Social de la UNA, inició un doble trabajo con las comunidades. Desde su formación de sociólogo ofrecía asesoría a las organizaciones campesinas; y desde su otra pasión, la de fotógrafo, fue documentando cada momento de lucha. 

 

De toda esa recolección de momentos Sobrado ha publicado un libro sobre movimientos campesinos y su incidencia en el surgimiento del movimiento de autogestión y proliferación del cooperativismo agrario. Pero hay más: montó Luchas campesinas (1970-1980) y el papel de las universidades públicas, una exhibición intinerante de 40 fotografías, en diferentes sedes universitarias.

 

Según reseña el autor sobre este período, la violencia y los conflictos afloraban entonces con más fuerza y frecuencia, mientras instituciones como el Instituto de Tierras y Colonización (ITCO, hoy IDA) y el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) no lograban ponerse de acuerdo con la Federación Nacional Campesina, que aglutinaba a varias organizaciones.

 

La tarea de organizar a los grupos de campesinos se facilitó con el método de capacitación de Clodomir Santos de Morais, un funcionario de la Organización Internacional del Trabajo, quien residía entonces en Costa Rica.

 

De esta experiencia surgieron unas ochenta organizaciones a las que luego el ITCO disuadió para que no se consolidaran como cooperativas de autogestión, dada la desconfianza en el modelo.

 

Sin embargo, seis de ellas sí lograron y se agruparon en la Federación de Cooperativas de Producción  Agropecuaria (Fecopa), la cual alcanzó el logro de traspasar las tierras a las cooperativas y lograr así la libertad para conseguir financiamiento. 

 

 

“La experiencia anterior destaca el papel que tuvieron y pueden tener los universitarios, cuando tienen visión de futuro y compromiso, en la detección y búsqueda de soluciones y alianzas en la solución de los problemas nacionales.

 

Hoy 44 años después florecen empresas de autogestión, consideradas entonces imposibles”, concluyó Sobrado. Y mucho de ello de ello se puede palpar en cada imagen que se exhibe.

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