El mes anterior Suecia tomó una decisión trascendental en su modelo de enseñanza: sus estudiantes deberán volver a la lectura del libro físico y al uso del papel y bolígrafos para la escritura, en detrimento de las tabletas y los móviles.
La idea no es un anacronismo. Desde distintas perspectivas académicas, se ha revaluado la necesidad de recuperar la agencia lectora de los estudiantes en sus distintos niveles de aprendizaje, en un contexto donde se han evidenciado rezagos en comprensión de lectura.
El tema se trató en el III Encuentro de Investigación del Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (Cinpe) de la Universidad Nacional (UNA), titulado Desafíos sobre cómo recuperar la lectura, a cargo del académico y doctor en educación Enrique Margery.
Las alertas sobre los problemas en capacidad de lectura vienen desde diversos frentes. El Informe Estado de la Educación 2025 retrata, por ejemplo, que en comprensión de textos un 63% de estudiantes de primaria tienen el nivel esperado, pero ese porcentaje baja a un 25% en secundaria.
Los efectos de ese rezago pasa factura cuando los jóvenes ingresan a la universidad. El Instituto de Estudios Interdisciplinarios de la Niñez y Adolescencia (Ineina), de la UNA, determinó, por medio de una prueba estandarizada y adaptativa, que de 688 estudiantes de primer ingreso, evaluados en el 2024, ninguno alcanzó un nivel óptimo.
Las causas de este fenómeno son múltiples. Pero en el fondo, Enrique Margery denota una pérdida de la agencia lectora, facultada por el sometimiento a estímulos externos que provocan en la persona la necesidad de pensar y reaccionar rápido, de la mano con el auge de las tecnologías.
“Para muchas generaciones la lectura fue como el agua para los peces. Ahora, debemos recuperar esa agencia, entendida como una acción concreta. Si usted no fue entrenado en la lectura, tendrá un problema grande en su proceso de formación”, advirtió.
El día a día de muchas personas está vinculado ahora con tener hasta 10 pestañas abiertas en la computadora, revisar distintas redes sociales y responder rápido a las distintas demandas estudiantiles o laborales. Ser multitasking y multimodal es uno de los efectos de la revolución tecnológica que, de acuerdo con el especialista, “tiende a que la persona profundice menos en la lectura si todo lo encuentra en Internet”.
Dentro de ese engranaje de desafíos, la educación en su universalidad debe adaptar sus métodos.
“El problema no es que las personas no lean, sino que las universidades brinden materiales que no invitan a leer”, reflexionó.
De la obligación al gusto
De acuerdo con Margery, se debe pasar de un modelo donde la lectura sea vista como una acción obligatoria, a una estrategia donde se visualice al estudiante hacia una capacidad donde pueda pensar mejor.
“La capacidad de leer se entrena, no es algo espontáneo”, señala, y es a partir de dicha premisa desde la cual, en las aulas, se puede aportar hacia la promoción de la “postlectura”, donde se amplíe el juicio, el sentido de crítico y se amplifique la lectura profunda.
Una de las estrategias propuestas por el académico es realizar trabajos en grupo en el aula donde se determinen roles distintos entre los estudiantes. Se toma un texto determinado, se divide en secciones, se hacen lecturas específicas y con base en ello, la persona debe plantear preguntas críticas sobre lo que acaba de leer.
Algo similar debería ocurrir con el uso de la inteligencia artificial generativa (IAG). Su capacidad para procesar grandes cantidades de información y proponer resúmenes de textos estimula una menor lectura profunda.
“Hágale preguntas a la IA sobre ese texto. Pero que sean consultas desafiantes. Es de esta manera como podemos pasar de acciones como ‘favor hacerme un resumen de esto’ a un enfoque donde se vea a la IA como una prótesis cognitiva. En ese sentido, la tecnología, que es fundamental en nuestra diario vivir, se puede utilizar para bien o para mal, dependiendo de la decisión que adoptemos”, enfatizó Margery.
En línea con lo anterior, y en respuesta a una de las consultas que se le hizo al especialista durante la conferencia, se debe recuperar la escritura caligrafiada, así como lo acordaron las autoridades educativas suecas la semana anterior.
Algunas naciones buscan acompañar estas iniciativas con medidas más controvertidas como la prohibición del uso de dispositivos electrónicos en el aula, debate que aún se mantiene en círculos académicos sobre sus ventajas o inconveniencias. Ya en Países Bajos y en Nueva Zelanda se avanza en esa dirección, mientras que en Finlandia, más bien, se promueve el uso del celular para educar sobre la identificación de noticias falsas y la promoción de debates digitales respetuosos.
En Costa Rica, prospera en la Asamblea Legislativa el proyecto 25.153 Ley para el uso responsable de dispositivos electrónicos en centros educativos, propuesto por la diputada independiente Cynthia Córdoba, que ya fue dictaminado por la Comisión Especial de Ciencia, Tecnología y Educación. Su avance ahora dependerá de las prioridades de los diputados que asumirán funciones a partir del 1º de mayo.
En esa interrelación entre tecnologías, prácticas de agencia lectora profunda y mediación pedagógica existen desafíos relevantes ante el comprobado desfase que afronta el país. Pero es una tarea pendiente que se debe acometer con sentido de prioridad, según se indicó en este encuentro de investigación promovido por el Cinpe-UNA.