La baraja está del lado del oficialismo. Con un control inédito en las últimas cuatro décadas, el gobierno de Laura Fernández arrancará con una bancada de 31 legisladores, y un margen amplio para aprobar leyes ordinarias y presidir comisiones legislativas donde se dictaminan proyectos de ley.
Frente a ello, está el grupo de 26 diputados (17 de Liberación Nacional, siete del Frente Amplio y uno para Coalición Agenda Ciudadana y otro de la Unidad Social Cristiana), quienes representan a la oposición política. Ante este panorama, ¿qué puede hacer este grupo de legisladores para posicionar su voz ante proyectos de ley y no caer en el señalamiento de obstruccionismo?
Se trata de una responsabilidad histórica la que enfrentarán los futuros congresistas, en un momento en que los electores decidieron, el pasado 1º de febrero, por medio de su voto, darle una nueva oportunidad al continuismo al frente del Poder Ejecutivo, pero al mismo tiempo, otorgar un rol importante a los partidos de oposición desde la Asamblea Legislativa.
Para detallar este desafío, CAMPUS conversó con Laura Solís, académica e investigadora del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo) de la Universidad Nacional (UNA). Desde su perspectiva, era esperable que se posicionara un grupo de ciudadanos críticos frente a las ideas del oficialismo y que esto diera pie a que otras agrupaciones alcanzaran una o más curules.
“Pero muchos de esos votos, y eso hay que señalarlo, no se fueron con otros partidos porque les guste esa propuesta. Podrían estarse yendo porque votaron en contra de la candidata oficialista o el continuismo. Y eso no es un fenómeno nuevo, porque ya lo hemos visto en por lo menos las últimas tres elecciones”, explicó Solís.
De entrada, esto supone un punto de inflexión. La ciudadanía que votó por el contrapeso espera una acción de respuesta frente a propuestas del Ejecutivo que les genere resquemor.
Para la experta del Idespo, la respuesta ante ello no basta con aprovechar los instrumentos jurídicos y reglamentarios que establece el Congreso para obstaculizar el avance de iniciativas en las que estén en contra. Entonces, la respuesta está en el “trabajo hormiga” que pueda realizar el diputado en las comisiones.
Estos foros son el primer espacio de debate y enmienda que tienen los diputados para analizar los proyectos de ley que deben conocer, antes de su trámite en el Plenario. Se dividen según su temática (económicos, agropecuarios, sociales, jurídicos) y en ellos habrá representación oficialista (en mayoría) y de oposición.
“Sabemos que tendrán una posición minoritaria en cuanto a votos, incluso como bloque completo, pero desde las comisiones podrán generar dictámenes técnicos, hacer comentarios, realizar consultas en audiencias y plantear cambios en proyectos por medio de mociones, y desde ahí, ejercer influencia política”.
Dicho de otra manera, los diputados de oposición tienen la oportunidad de posicionar ante la ciudadanía su trabajo no solo en el plenario, sino desde las comisiones y aplicar allí el control político y su derecho de enmienda. Ejercer y comunicar de manera efectiva su labor en estos espacios podría inclinar la balanza entre una gestión óptima o una donde se le perfile como obstruccionista.
Justamente, uno de los mensajes que el actual gobierno ha reiterado de manera insistente en el imaginario colectivo es la ineficiencia y la obstaculización de los diputados de este periodo, sobre sus proyectos de interés. En reiteradas ocasiones, el presidente de la República Rodrigo Chaves y la jefa de fracción del oficialismo, Pilar Cisneros, han llegado a tachar a los actuales legisladores como uno de los peores de la historia.
Para el propio Ejecutivo este discurso puede jugar una carta en contra: con una mayoría simple pueden avanzar en iniciativas que en este periodo chocaron con pared al carecer de mayorías. De parte de la oposición, en caso de no dar sus votos para proyectos que requieren mayoría calificada (como reformas constitucionales), deberán argumentar con sentido técnico sus posiciones, para no heredar la imagen de obstrucción que el gobierno les ha achacado a los actuales diputados.
“Es muy importante pensar en una oposición que logra generar influencia, que deja alguna huella en las decisiones políticas, y al mismo tiempo, plasma propuestas y cambios”, enfatizó Solís.
¿Cohesión opositora?
Para muchas personas que siguieron los debates y encuentros de los candidatos presidenciales en la campaña presidencial, fue alentador percibir los simbolismos de unión, principalmente en temas afines. Sin embargo, para el día a día de la gestión parlamentaria, es difícil pensar que esa cohesión se mantenga uniforme, de acuerdo con la investigadora del Idespo-UNA.
“Yo no lo aseguraría porque cada agrupación política tiene su línea partidaria y eso no quiere decir que por tener puntos en común necesariamente en todos los proyectos van a tener la misma posición. Sabemos que un partido como Frente Amplio, por ejemplo, tiene posturas más firmes en ciertos temas, entonces no es viable pensar en votaciones en bloque”, afirmó.
Así como es poco factible pensar en el escenario de cohesión entre partidos, también genera una alta incertidumbre si al lo interno de las fracciones pueda mantenerse la unidad, más aún en un contexto donde al oficialismo le harían falta siete votos para aprobar aquellos cambios más trascendentales que han prometido, donde se requiere mayoría calificada.
Laura Solís no descarta que durante los próximos años haya diputados que lleguen a declararse independientes, pero este fenómeno puede incluso afectar al oficialista Pueblo Soberano (PPSO). Por ahora, tanto Liberación Nacional como el Frente Amplio han hecho manifestaciones públicas para cerrar filas en torno a la preservación de la democracia, mientras que, en la acera del frente, Chaves ve posible que algunos “buenos diputados” puedan apoyar proyectos del Ejecutivo.
Lo cierto es que a partir de 1º de mayo sobresaldrán dos bloques claros: oficialismo y oposición, con una menor fragmentación parlamentaria y la oportunidad de avanzar en una agenda legislativa, cuyos acuerdos multipartidistas no han sido la tónica.