A partir del 1º de mayo, los nombres de Abril Gordienko, Sigrid Segura, Claudia Dobles e Iztarú Alfaro serán protagonistas en la Asamblea Legislativa. Ellas serán parte del grupo de 30 diputadas del nuevo Congreso. De hecho, se trata de la cifra más grande de mujeres parlamentarias en la historia del país, y para el periodo 2026-20230 serán mayoría.
Si algo tienen claro ellas es la necesidad de que la discusión de proyectos de ley y la formulación de política pública considere la perspectiva de género. Esta, dicen, es una deuda del país.
Así lo indicaron en un foro organizado por la Asociación de Comercio y Negocios Internacionales de la Universidad Nacional (UNA) y la Comisión de Género del Directorio de la Federación de Estudiantes (FEUNA). Ocurrió durante la Semana del Comercio y Negocios Internacionales, que se llevó a cabo entre el 2 y el 6 de marzo.
La actividad estuvo enmarcada por historias personales y detalles sobre cómo han tenido que superar las manifestaciones estigmatizantes y machistas, para ascender en sus carreras profesionales y ser mujeres que un día decidieron incursionar en la política. La moderadora del conversatorio, Raquel Loría, expresidenta de la Federación de Estudiantes de la UNA, les consultó acerca de en qué momento comprendieron que ejercían cargos de poder y cuáles son los desafíos.
Para Abril Gordienko, diputada electa del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), el poder se ejerce “negociando primero con una misma. Es algo que va más con nuestros valores y a partir de ahí saber qué es negociable y qué no”.
Generar política pública
Las participantes coincidieron en que, históricamente, la construcción de política pública ha tenido una perspectiva masculinizada. Ejemplos de ello abundan, de acuerdo con las legisladoras electas.
Claudia Dobles, de la Coalición Agenda Ciudadana (CAC), expresó que en temas de seguridad no son los mismos riesgos que enfrentan los hombres y las mujeres. En el caso de ellas, sufren en mayor proporción casos de acoso sexual, tanto callejero como en espacios privados, violencia física y femicidios.
Los datos oficiales reflejan esa preocupación. De acuerdo con el Observatorio de Violencia de Género contra las Mujeres y Acceso a la Justicia del Poder Judicial, al 2024 ingresaron al Ministerio Público 15.562 (87%) de denuncias por delitos sexuales, donde las ofendidas fueron mujeres. En el caso de los hombres, los casos fueron 2.381 para un 13% del total.
La tendencia se revierte si se analiza a las personas imputadas. En un 91% de los casos, los denunciados fueron hombres (para un total de 8.412), mientras que las mujeres representaron el restante 9% (796 casos).
Otra área donde el sesgo de género se hace presente es en las políticas públicas relacionadas con infraestructura. Para Dobles, quien es arquitecta de profesión, la realidad de las mujeres que utilizan el transporte público es muy distinta con respecto a los hombres. “Ellas son las que suelen viajar con las bolsas del supermercado, cargar el choche del bebé, entonces el diseño debe considerar estos elementos distintivos”, señaló.
Frente a este tipo de desafíos, la secretaria general de la Feuna, Daniela Chaves, considera que la presencia de mujeres en la política “no es solo un tema de representación, sino también de mirada”. Desde su perspectiva, “llegamos a la política con una forma particular de entender la vida pública, porque nuestras experiencias han estado marcadas por desafíos, desigualdad, cuestionamientos permanentes a nuestras capacidades y necesidad de demostrar el doble para que nos reconozcan la mitad”.
Estos aspectos se refuerzan cuando se determinan, por ejemplo, las diferencias entre mujeres de zonas rurales y urbanas. Por ello, la representatividad femenina en espacios de toma de decisión se vuelve trascendental.
Para Sigrid Segura, diputada electa por el Frente Amplio, las conversaciones deben trascender más allá de quien asume el poder, y enfocarse en qué se discute (la agenda). “Existe una relación directa entre la mayor participación de las mujeres y el fortalecimiento de la democracia. Por eso, debemos avanzar en temas de movilidad, de la economía del cuidado y de la atención de las brechas territoriales”, indicó.
La rectora adjunta de la UNA, Alejandra Gamboa, enfatizó que las políticas que adoptan los países sobre salud, educación, seguridad, vivienda y empleo no pueden ser neutras. “Están atravesadas por visiones sobre la familia, el trabajo, los cuidados, el cuerpo y el ejercicio de la ciudadanía”.
Los “techos de Nirvana”
De acuerdo con Gordienko, uno de los riesgos que asumen las mujeres es enfrentar los “techos de Nirvana”, frase que hace referencia al límite máximo que se cree haber cumplido cuando se trata de conquistas relacionadas con la equidad de género.
Una publicación del diario argentino El Clarín reseñó que “éste se genera cuando se logra una medida a favor de la igualdad y consiste en que la sociedad vea los avances conseguidos como un punto de llegada, o un final, en lugar de ser un paso más para seguir trabajando en favor de una temática. Entonces, en lugar de vivirlo como un piso, se interpreta como un techo”.
La diputada electa del PUSC señaló además que las brechas de género también son de datos. La falta de información fidedigna hace que la propuesta de soluciones en temas puntuales sea discriminatoria y favorable al “hombre blanco tradicional”. Entonces, condiciones como la menopausia o patologías como los infartos en población femenina se abordan sin los datos requeridos.
