El ser humano es magnífico; desde su concepción tiene la capacidad de crear, discernir y sentir. La recuperación de su condición humanista, con sus propios aciertos y errores, en un entorno cambiante y polarizado, es el sentido de la primera encíclica emitida por el papa León XIV y que lleva por nombre Magnífica Humanitas.
La Universidad Nacional (UNA) se dio a la tarea de desagregar el análisis sobre la carta encíclica, dada a conocer al mundo el pasado 25 de mayo. Para cumplir ese propósito inició un ciclo de conferencias que justamente se llama Magnífica Humanitas. La primera actividad se llevó a cabo el 12 de agosto en el auditorio Clodomiro Picado Twight.
Los expositores reseñaron el mensaje bíblico a partir del cual el papa establece esa relación del ser humano con Dios; también, se adentraron en los retos que enfrenta la humanidad ante lo que León XIV estima un “cambio de época”, así como de las consideraciones ambientales y filosóficas que plantea el documento.
Mario Quirós, obispo de la Diócesis de Cartago, manifestó que el texto parte de una visión antropológica-teológica a partir de la creación del ser humano a imagen y semejanza de Dios. Por eso, considera que la humanidad es magnífica por ser reflejo de la obra de Dios, donde “crea para la salvación y nunca para la aniquilación del ser humano o la destrucción de él”.
Bajo ese concepto, monseñor Quirós considera que el papa establece las bases para dialogar acerca de la construcción que las personas desean hacer de su futuro. Y acude para ello a metáforas bíblicas entre la Torre de Babel, donde dicha edificación se cimenta sobre bases personalistas y de autosuficiencia o la de Jerusalén o ciudad de Dios, que enlaza con mayor profundidad el cuido compartido y la fraternidad.
“Llegó la hora de encontramos y decidir qué vamos a construir, cómo ponernos de acuerdo, qué principios éticos, políticos, económicos y culturales deben ser fundamento para edificar el convivio en Jerusalén. Por eso, el papa León XIV nos recuerda este tema pendiente de un mundo más humano y más justo”, destacó el obispo.

Grandes desafíos
A partir de Magnífica Humanitas se develan una serie de desafíos, de acuerdo con el presbítero José Ignacio Torres.
Enumeró un total de ocho, aunque el primero de ellos, que hace un llamado a velar por la dignidad de las personas, lo considera transversal. “El desarrollo científico no se puede comprender si no es desde las personas. El papa reconoce que la tecnología ofrece muchos beneficios, pero también contrae riesgos y llama a proteger la verdad en el mundo digital”, enfatizó Torres.
Al respecto, evidencia dos corrientes: la del transhumanismo, que busca ampliar las capacidades del ser humano por medio de la tecnología y la del posthumanismo, que pretende elevar la transición del ser humano hacia una nueva especie tecnológica.
Otros retos identificados versan sobre la cultura del amor, donde los avances en la tecnología deben estar al lado de la justicia y la paz, el carácter de la educación para generar las capacidades y conocimientos que busquen el bienestar de las personas “sin que nadie se pierda en el último eslabón”. También destacó el tema de la ética en cuanto al uso de la inteligencia artificial (IA), un debate que apenas da sus primeros pasos en el mundo.
Particular atención debe prestarse, indicó, a la influencia de las nuevas tecnologías sobre el mundo del trabajo. “La IA nos está transformando como sociedad, pero no puede sustituir la realización personal de un individuo”, destacó el sacerdote.
El académico de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la UNA, Hanzel Zúñiga, reforzó este aspecto como parte de la ideología moral y social de la encíclica Rerum Novarum que el papa León XIV profundiza en Magnífica Humanitas y que recoge el camino del Concilio Vaticano II con una apuesta al entendimiento de la realidad y la escucha.
“Nuestros limitantes forman parte de la humanidad misma. Aunque la IA o la técnica moderna puedan hacer una imitación, serán solamente eso. La conciencia, el dominio de uno mismo, la motivación profunda, la empatía y las aptitudes sociales, todo es magnífico y la encíclica lo revela, más allá de nuestras carencias. La misma humanidad que ha gestado y sigue gestando genocidios, es la que puede llegar a sentir el corazón del otro y plantear alternativas”, manifestó Zúñiga.
En esa línea, Allan González, académico de la Escuela de Filosofía de la UNA, retrata las dos grandes ausencias de la IA: no comprende y no experimenta. La necesidad de revalidar la condición del ser humano pasa, desde su perspectiva, por aceptar que la IA acierta sin entender, a pesar de que los grandes modelos de lenguaje (LLM) entrenen respuestas. “Lo que hoy llamamos inteligencia artificial, debería catalogarse, con más precisión, como memoria artificial perfeccionada. Pero esa memoria es la de alguien. Y ese alguien recuerda, comprende, siente y juzga. Y ninguna máquina tiene eso”, apuntó.
Otro eje fundamental de esta conferencia tuvo relación con el vínculo entre la encíclica y el medio ambiente. La académica del Centro de Estudios Generales de la UNA, Heidy Vega, apuntó que el ecohumanismo venía siendo parte de cartas encíclicas como Laudato Si’ y Fratelli Tutti, ambas del papa Francisco, bajo premisas centradas en que no existen seres humanos sin un planeta habitable.
Ahora, la primera encíclica de León XIV considera que la IA no es etérea y se materializa a partir de elementos que se extraen de la tierra como agua, energía y minerales, y se convierten en centros de datos y en emisiones de gases contaminantes.
Esto debe llevar a la aplicación de una norma ética ambiental que evite la transformación de la vida en datos explotables y que den paso a actividades como la minería, que causa destrucción sobre el medio ambiente o el microtrabajo, que precariza las condiciones laborales de millones de personas alrededor del mundo.
Vega también resaltó la necesidad de cambiar la visión del desarrollo de los países más allá del crecimiento de su producto interno bruto (PIB), para que considere elementos como la justicia social, la equidad, la transparencia, el impacto ambiental y la cooperación.
La conferencia Magnífica Humanitas la organizó y coordinó el Consejo Universitario de la UNA, el Instituto de Estudios Latinoamericanos (Idela), la Escuela de Filosofía, la Escuela de Economía, el proyecto Trabajo y Crisis, la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión y la Universidad Bíblica Latinoamericana.
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