*Dr. Roberto Jiménez Gómez
Los efectos globales que han tenido desde la primera revolución industrial los Gases Efecto Invernadero (GEI) son cada vez más visibles. El proceso de crecimiento económico, hasta muy recientemente, estuvo basado en procesos de extracción y uso intensivo de energía, sobre todo de origen fósil de alta emisión de GEI (Kurzgesagt, 2026).
Pocos países en el mundo fueron los beneficiados de la industrialización, pero de forma desproporcional han sido y serán los países en vías del desarrollo los que sufrirán los mayores impactos negativos. Unido a ello, estas naciones no han aumentada su capacidad productiva, financiera e institucional para llevar a cabo acciones e inversiones para propiciar la adaptación y la resiliencia a los efectos del cambio climático (CC) (Ritchie & Roser, 2024).
Las emisiones de GEI acumuladas a través de la historia son las causantes del CC. Los países que tienen mayores emisiones acumuladas son: a. Estados Unidos con 23.52%, la mayoría emitidas en el siglo XX., b. la Unión Europea, responsable del 23% de las emisiones globales, c. China, el mayor emisor actual de GEI con un 15.42% y d. India y Suramérica son responsables del 4.8% de los GEI, acumulados globalmente a través de la historia y con tasas de crecimiento aceleradas (Ritchie & Roser, 2024; Our World in Data, 2026).
Es interesante analizar las emisiones acumuladas y las actuales. De esta manera, Reino Unido genera GEI que representan el 0.81% de las globales para 2024, pero es responsable del 4.33% del acumulado; por su parte, Alemania es responsable del 1.48% en la actualidad y del 5.14% acumulado, más de las emisiones juntas de África y America Latina (Ritchie & Roser, 2024; Our World in Data, 2026).
Sin duda, esos ejemplos muestran la complejidad de las acciones a seguir, de los responsables y de quienes deben asumir los costos y el financiamiento de las actividades de mitigación y adaptación al cambio climático. Hay una responsabilidad ineludible de los que acumularon en el pasado GEI, pero en la actualidad se requieren acciones inmediatas de los mayores emisores actuales, requiriendo procesos de cambio de sus estructuras productivas hacía la descarbonización, pues junto con su crecimiento económico, las tasas de emisiones de GEI son muy elevadas (Kurzgesagt, 2026).
Desde la perspectiva de países en vías de desarrollo, es necesario plantear algunos aspectos básicos para definir una agenda internacional conjunta para propiciar mejores condiciones de desarrollo. Es decir, el CC debe plantearse como un efecto del crecimiento económico en donde hay países que han contaminado y lo seguirán haciendo, con graves efectos para el planeta.
Esto trae graves consecuencias, las cuales serán asumidas por los países más pobres, con menos recursos y preparación para la adaptabilidad. Se solicita además la adopción de medidas (autos eléctricos, abandonar ciertas fuentes de generación y cambios en el sector agropecuario) pero de mitigación costosa, al tiempo que debería existir un pago de los contaminadores de GEI, que sea usado para compensar el daño por los efectos del CC y aplicar así el principio “del que contamina paga”.
Para efectos de realizar un análisis adecuado, las emisiones per cápita son un mejorar indicador para una comparación más justa. En general, hay una alta correlación entre los ingresos y las emisiones de CO₂ (dióxido de carbono).
Por tanto, bajas emisiones generalmente han estado asociadas a bajos ingresos. La transformación energética busca romper con esa relación al propiciar mayores ingresos sin un aumento proporcional de las emisiones (Rosado, 2025).
Siguiendo con el comparativo de emisiones por habitante, para el año 2024 Estados Unidos fue el país más contaminante con 14.2 toneladas (t) por habitante, seguido de Canada con 13.4 t y China en tercer lugar con 8.66 t. En el caso de Costa Rica es de 1.71 t para ese año. Hay países como Alemania y Reino Unido que han ido logrando una disminución en su responsabilidad histórica en las emisiones, lo cual los ha llevado a emisiones por habitante de: Reino Unido 4.53 t y Alemania 6.77 t, mientras que la Unión Europea es de 5.39 t (Our World in Data, 2026).
Los acuerdos internacionales y las estrategias de descarbonización plantean el uso de fuentes renovables de energía, algo necesario y conveniente. Sin embargo, hay una alta concentración tecnológica, espíritu de lucro, pocos encadenamientos y valor agregado de los países en desarrollo. Los países, por su parte, deben importar las soluciones tecnológicas, con costos de oportunidad en divisas y postergando inversiones.
Países en desarrollo como Bolivia y Chile venden su litio sin generar valor agregado y reciben vehículos eléctricos sofisticados con alto valor añadido, lo que perpetúa el papel en la división internacional del trabajo y deteriora aún más los términos de intercambio.
Las acciones desde el subdesarrollo deben ser distintas. Las soluciones tecnológicas para mitigar GEI deben tener componentes locales, valor agregado y procesos de adopción tecnológica, junto con cooperación internacional no reembolsable y en otros casos, financiada a bajo costo para propiciar el desarrollo. Debe adicionalmente priorizar la adaptación al CC. Si no es así, nos estarán cobrando la contaminación doblemente, el daño, el costo de la solución, además de perpetuar la desigualdad y el subdesarrollo.
*El autor es coordinador proyecto Análisis de las implicaciones sobre el desarrollo de las políticas de transformación energética para mitigar el Cambio Climático (CC) en Costa Rica, de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional (UNA).