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Criterios


La obra teatral Condominio de Daniel Gallegos Troyo

Eduardo Avilés Montoya, escritor 

En la Sala Vargas Calvo, por una breve temporada de cuatro fines de semana que inició el 26 de junio, se está llevando a cabo el estreno nacional de la obra Condominio, del escritor costarricense Daniel Gallegos Troyo. Hablar de este insigne personaje forzosamente obliga a mencionar el movimiento teatral vanguardista conocido como naturalismo dramático.

En su juventud, después de graduarse de abogado, Gallegos se apartó definitivamente del derecho para seguir el camino que su alma anhelaba: el del artista teatrero. Durante muchos años viajó por el mundo cultivándose en renombradas academias y con prestigiosos maestros.  Alemania, Francia, Estados Unidos, México e Inglaterra fueron los países que le brindaron la formación.

Durante esa época estudió el teatro del sueco August Strindberg, figura referente del naturalismo, y sintió gran admiración por él, a tal punto que quiso ser su más fiel discípulo y seguir sus pasos creativos.

Cuando regresó a Costa Rica se desempeñó como actor, director teatral y dramaturgo. Su producción en este último campo alcanzó 11 obras, de las cuales tres fueron dedicadas a Strindberg y estructuradas según su estilo. 

Daniel Gallegos Troyo (1930-2018), dramaturgo, escritor, abogado. Foto Semanario Universidad

Se trata del llamado tríptico, al que se refiere la investigadora Olga Marta Mesén, quien probablemente sea la persona que más ha estudiado y conoce al autor en su producción literaria y personal, incluyendo el hecho de que su interés por la academia lo llevó a fundar la Escuela de Artes Dramáticas de la Universidad de Costa Rica, y ser su primer director. 

Cabe mencionar que la destacada labor de Gallegos Troyo en el orbe teatral trascendió las fronteras nacionales, y en 1988 la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, lo incluyó en su Cambridge Guide to Theatre, calificándolo como “el dramaturgo más importante de Costa Rica”, además de que en 1999 fue distinguido con el máximo galardón de la Cultura costarricense, el Premio Magón.

Su obra Condominio pertenece al tríptico mencionado, y es la segunda de ese conjunto que también se estrena en la Sala Vargas Calvo. Este drama constituye un buen material de estudio para actores en formación, y es un excelente sustrato analítico para los veteranos, lo mismo que para profesionales relacionados con el estudio de la mente humana. 

En este punto vale referirse a la forma personal que tuvo el autor para construir argumentos y personajes de gran complejidad psicológica.

Es sabido que el naturalismo de Strindberg incidió en el ruso Konstantín Stanislavski para la creación de un sistema de actuación, que años después fue modificado en Estados Unidos por Lee Strasbeg, y que se reconoció mundialmente como “el método” en su significado absoluto.  

Daniel Gallegos lo aprendió directamente de Strasberg durante sus años de formación con él, y le hizo modificaciones consistentes para aplicarlo en su producción dramatúrgica. Su método consistió en elaborar primero un bosquejo del argumento, y antes de desarrollarlo enfocarse en la creación psicológica profunda de los personajes, creándoles y escribiendo la historia de su vida de manera meticulosa, partiendo desde su niñez, pasando por la adolescencia, la temprana juventud y otras etapas de su desarrollo mental hasta llegar a la edad que debían tener en la obra. 

Les creaba antecedentes remotos de conflictos, traumas, temores, inseguridades, y otros hechos que pudieran servir como memorias y subtextos históricos primigenios en su discurso, de tal manera que justificaran los comportamientos y reacciones de su compleja estructura mental. Cuando completaba las biografías de los personajes, terminaba de escribir el argumento.

De todo lo anterior puede inferirse que llevar a escena el teatro de Daniel Gallegos no es un proyecto fácil, por corresponder a un estudio extremadamente profundo de la psique humana. Si a esto se suma el hecho particular de que en Condominio la acción dramática tiene un viaje temporal de manera inversa, esto es que empieza con lo que debería ser el final, bien merece un especial reconocimiento al grupo de teatreros que actualmente representan la obra.

Bajo la avezada dirección de Pablo Morales, los actores Ana Saravia, Arnoldo Ramos, Katherine Marchena y Enrique Alvarado nos muestran personajes psicológicamente complejos, en un conflicto sin juicios morales por parte del autor, como corresponde al naturalismo teatral.  Diseñadores de vestuario, escenografía, música, sonido y demás equipo técnico complementan la producción.

Como sello de calidad, el montaje cuenta con el ojo avizor del experimentado actor Luis Fernando Gómez, y la participación del psicólogo Mario Morera, celador de que la representación de la complejidad mental no se aleje de lo concebido por el dramaturgo.

Son muchos los obstáculos que los artistas han debido superar para concretar su proyecto, y la mejor forma de reconocer ese esfuerzo es asistir a ver la obra. Lo tienen bien merecido.