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Apuntes desde la psicología: ¿Cómo se recupera una sociedad ante una tragedia como la venezolana?

Hoy se cumple una semana desde el doble sismo que asoló a Venezuela y que ha dejado una secuela humanitaria dolorosa: 2 mil personas fallecidas y más de 50 mil desparecidos.

Ante este trágico panorama, que le procedió a la inestabilidad política y social tras la invasión de Estados Unidos a Venezuela a inicios de año, ¿cómo logra recuperarse emocionalmente y desde lo colectivo, una comunidad y un país entero, de las consecuencias que generan esta sucesión de eventos?

Francisco Rodríguez, académico de la Escuela de Psicología de la Universidad Nacional (UNA) y experto en psicología comunitaria, esbozó algunas ideas centrales para comenzar a construir, a partir del dolor.

El primer apunte es reconocer la etapa de duelo que significa, de manera individual y para miles de personas, la pérdida de un ser querido, de un vecino, de un compañero de trabajo o de estudio, a causa de los terremotos y derrumbes generados, o la incertidumbre que genera no saber acerca del paradero de alguna persona.

A partir de ahí, debe comenzar un proceso de reconstrucción solidaria y en comunidad. “Lo primero es asegurar la provisión de servicios básicos como agua, electricidad, telecomunicaciones, salud. Esto tiene beneficios emocionales porque aporta al sentido de seguridad para que las personas recobren la confianza del lugar donde habitan y que ha sido transformado de manera abrupta”, indicó Rodríguez.

Lo anterior, sin embargo, choca con la realidad de un país que se ha visto afectado por la falta de capacidad institucional para asegurar dichos servicios y que depende, en buena medida, de la ayuda internacional. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, este país acordó la suspensión hasta por cuatro meses de las sanciones económicas vigentes para facilitar las operaciones de socorro humanitario.

Esta situación debería derivar en el segundo paso: el fortalecimiento de las redes de apoyo comunitarias. Para Rodríguez, es fundamental que se organicen grupos de atención, reconectar a las personas afectadas con sus familiares que viven fuera del país y que exista comunicación fidedigna y verificada del estado de situación, en medio de un clima de emergencia. 

Desde el estallido del conflicto político y social, Venezuela se ha convertido en una diáspora. Se calcula que aproximadamente ocho millones de venezolanos viven en otros países, quienes se han visto forzados a desplazarse por temas políticos o por la falta de oportunidades económicas. Unir y vincular a estas redes familiares se vuelve crucial.

El tercer paso, transcurridos días y semanas del momento crítico en que se encuentra el país, es el de “recuperar el sentido de esperanza comunitario”. 

Pero, ¿cómo se puede recobrar ese sentido ante el contexto de duelo que atraviesa todo un país? “Hablando del evento traumático. La comunidad tiene que habilitar espacios para que los ciudadanos puedan escucharse, hablarse entre sí, de qué y cómo pasó. Si este paso no se da, metafóricamente, podríamos decir que existe un atragantamiento de las palabras y las emociones. Y esto se debe trabajar en grupo”, indicó el académico de la Escuela de Psicología de la UNA.

Preparación ante eventos

Lo fortuita de la situación venezolana abre inquietudes de cómo podrían reaccionar otros países ante un evento similar, como es el caso de Costa Rica, de alta frecuencia sísmica.

En primera instancia, Rodríguez reconoció la capacidad institucional que el país ha desarrollado a lo largo de muchos años con entes como el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori), con la aplicación celular de alerta temprana de sismos o con el esfuerzo para implementar simulacros en centros de trabajo ante situaciones de emergencia.

Para el experto, el hecho de que las comunidades reconozcan que existe un plan de riesgos en caso de desastres fortalece el sentido de seguridad.

A pesar de ello, el estudio Participación ciudadana en la gestión integral del riesgo de desastres en Costa Rica 2025, del programa Horizontes Ambientales del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo) determinó que ocho de cada diez ciudadanos considera que el país está “poco o nada preparado” para afrontar una situación de desastre.

De manera proactiva, el académico de la UNA considera que alrededor de la gestión preventiva del riesgo, se deben fortalecer las redes y lazos comunales que den soporte a posibles personas afectadas de un evento intempestivo. 

“Debemos saber en las comunidades cuál es la institución a la que podamos acudir para acceder a una ayuda humanitaria inmediata, ya sea alimento o vestido, pero también, cuáles son las redes que me van a dar acompañamiento psicológico durante un proceso que generó mucho trauma social”, propuso Rodríguez.

Aun así, la participación ciudadana en estos temas está lejos de ubicarse en un estado óptimo. Solo un 24.3%, de acuerdo con la encuesta del Idespo, señaló la creación de grupos comunitarios como un aspecto de mejora en la prevención de riesgos ante desastres. 

Venezuela sigue aferrada al milagro de encontrar más sobrevivientes, aunque el tiempo juega en contra. Reconstruir la esperanza nacional conlleva acciones donde el trabajo en grupo y la solidaridad deben unirse para sacar adelante una tarea que ha dejado cicatrices humanitarias insalvables.