Doña Dyalah volvió a nacer y así lo reconoce. La vida le concedió una segunda oportunidad y trata de “sacarle el jugo” lo más que pueda.
Ella, pensionada del Poder Judicial, donde por muchos años gestionó y trasladó a reclusos a centros penitenciarios, sufrió hace unos años, un aneurisma que la tuvo en una situación crítica, de la que dichosamente logró salir avante.
Pero las secuelas quedaron. Algunas partes de su cuerpo quedaron inmovilizadas y debido a la ruptura de una arteria en su cerebro, perdió la memoria y hasta la funcionalidad que le permitía leer y escribir. Y mucho menos: encender una computadora o saber cómo utilizarla.
Por eso, el pasado 11 de junio fue una fecha especial en la vida de Dyalah Chinchilla Valverde. Ese día, recibiría un certificado del curso de Alfabetización Tecnológica módulo I, una actividad académica de la Escuela de Secretariado Profesional y de la División de Educología del Centro de Investigación y Docencia en Educación (Cide), de la Universidad Nacional (UNA).
Hoy día, Dyalha, de 63 años y vecina de San Pablo de Heredia, rememora aquel evento traumático en su vida como un propósito que Dios tiene en su vida. “Entonces me dije a mi misma, ‘tengo que volver a ser quien yo era’, porque ni siquiera podía peinarme. Comencé a llevar muchas terapias de recuperación, pero para mí prender una computadora o un teléfono era imposible”, describió.
Fue en un grupo comunitario de San Pablo, que periódicamente reúne a adultos mayores, donde un instructor de ejercicios le comentó acerca del curso que estaría impartiendo la UNA. Aunque con algún temor y una fuerte dosis de esperanza, se matriculó.
De ahí en adelante, la historia de las siguientes seis semanas en las que asistía a uno de los laboratorios de la UNA a llevar las lecciones, fue una combinación de aprendizaje desde cero, pero sobre todo, de mucho humanismo y solidaridad.
“Los compañeros y los profesores tuvieron mucha paciencia conmigo. Y así fui aprendiendo desde lo básico, como encender y apagar la computadora, y conocer lo que se podía hacer. Esta experiencia me hizo sentir útil de nuevo y eso lo agradezco mucho”, reafirmó Dyalah.
Historia de 28 años
Por medio de la actividad académica Prácticas docentes en contextos comunitarios, desde hace 28 años se desarrollan estos módulos de alfabetización tecnológica, cuyo público meta son las personas adultas mayores de la comunidad nacional.
Allí, estudiantes de la UNA ponen en práctica sus conocimientos y habilidades en docencia a partir de esta experiencia. Para el caso del módulo recién concluido, se formaron tres grupos y cada uno de ellos fue atendido por tres estudiantes de la práctica docente.
Dalys Masaya es la académica que coordina esta actividad. Para ella, la implementación de estos cursos representa una satisfacción donde se pone a prueba el esfuerzo, la dedicación y el compromiso por parte de las personas estudiantes, los practicantes y hasta su entorno familiar.

“A mí me llamaban y me preguntaban, después de haber hecho la matrícula, que cómo hacían para llevar a su abuelito o abuelita al curso. Entonces, creo que más allá de los aprendizajes que se obtienen, se trata de incentivar ese sentido de acompañamiento, de unión familiar que hacen de estos procesos algo muy valioso”, enfatizó Masaya.
También, representa un tema de inclusión social. “A partir de los conocimientos que adquieren pueden ahora comunicarse con seres queridos a distancia. Una señora me decía, por ejemplo, que ya ni siquiera podía ir sola a comprar a un local de comidas rápidas porque quien la atiende es uno de los quioscos digitales, y entonces se trata de eso, de abrir ventanas a un mundo nuevo para muchos de ellos”, detalló.
En el módulo correspondiente al primer semestre de 2026 se graduaron 38 personas, cuyas edades oscilan entre los 60 y los 87 años. El segundo módulo de alfabetización tecnológica, arrancará en agosto.
“Como universidad humanista y necesaria que somos, me parece que este tipo de actividades tienen ese propósito: devolver a la sociedad lo mucho que también nos da. Por eso asumimos este reto con mucho compromiso y responsabilidad, a sabiendas de que debíamos romper una serie de barreras que van más allá de la edad en sí, de adaptación, del uso del lenguaje, pero al final lo logramos”, expresó la coordinadora.
El acceso a las tecnologías es hoy uno de los factores críticos para la población adulta mayor en el país. De acuerdo con el estudio Personas mayores en Costa Rica: condiciones de vida, género y derechos humanos, de la Escuela de Sociología de la UNA, solo un 3.8% ha utilizado tabletas electrónicas. De ese porcentaje que sí tuvo acceso, son las mujeres las que menos oportunidades recibieron. En el uso de Internet, ellas no lo utilizaron en el 57% de los casos, dato que se incrementa a un 59.6% si se trata de la telefonía celular.
El auditorio Clodomiro Picado Twight fue el escenario donde las personas graduadas recibieron su certificado, acompañados de sus familiares. Para la vicedecana de la Facultad de Ciencias Sociales, Yensy Vargas, el ejemplo dado por esta población es que “nunca es tarde para aprender y que siempre debemos adquirir nuevos conocimientos”.
Allí, en segunda fila, estaba doña Dyalah dando crédito a estas palabras. La experiencia personal que vivió hace cinco años y su proceso de recuperación le abrieron el camino a nuevas enseñanzas. Aunque en mucho de los casos se trató de “reaprender”, hoy agradece a la UNA, a sus tres hijos y a muchas personas a su alrededor, que logró tener entre sus manos un certificado de alfabetización tecnológica.
