La economía costarricense parece tomar dos caminos distintos, que no se entrecruzan: por un lado, la actividad económica en algunos sectores crece en los últimos cuatro años, pero la cantidad de empleos tiende a caer. ¿Cómo se explica eso?
Los ejemplos de cómo la empleabilidad se ha visto afectada en los últimos meses son cada vez más comunes. Recientemente, Fresh Del Monte anunció el cierre de cuatro fincas agrícolas y el despido de 850 empleos, mientras que la transnacional Align obtuvo la autorización del gobierno para reducir su compromiso de empleo en zona franca de 4.992 a 2.500 colaboradores. Dos sectores: agricultura y servicios, y un mismo patrón… menos trabajo.
El Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Económico (Cinpe) de la Universidad Nacional (UNA) dimensionó este comportamiento en su último Programa Macroeconómico. Las razones de esta disparidad se explican en este artículo.
A partir del análisis del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), calculado por el Banco Central de Costa Rica (BCCR), el Cinpe-UNA determinó que existen cuatro sectores de la economía que más crecen en el comparativo 2022-2026: manufactura, transporte y almacenamiento, actividades financieras y de seguros, y actividades profesionales científicas, técnicas y de apoyo administrativo.
La industria manufacturera es la que registra un mayor crecimiento, con un 24%, situación que se explica con el papel que fungen los dispositivos médicos en las exportaciones nacionales (representaron más de $10.800 millones en el 2025, un 25% más que en el 2024, de acuerdo con la Promotora de Comercio Exterior).
Otros sectores también crecen pero con menor dinamismo. Son los casos de la construcción, la agricultura y servicios de alojamiento y comida, y comercio.
La otra cara de la moneda
Empero, el número de personas ocupadas en estos sectores, en lugar de crecer, más bien decae. Y en el análisis de cada uno de ellos, también hay diferencias.
Por ejemplo, la industria manufacturera vio reducida su cantidad de personas ocupadas en un 10.89%. Pasó de tener 250.606 empleados en el 2022 a 224.638 en el 2026.
El agro bajó su nivel de ocupación en un 8.79%, el alojamiento y los servicios de comida lo hizo en un 6.55%, el comercio redujo su planilla en un 5.06% y las actividades profesionales, científicas, técnicas y administrativas cayeron un 1.48%.
En mayor o menor medida, existen factores que se entremezclan en esta situación: la apreciación del tipo de cambio, la pérdida de competitividad en algunos sectores, el avance de las tecnologías apalancadas por la inteligencia artificial (IA) y hasta los factores climáticos.
Para Marco Otoya, director general del Cinpe-UNA, la diferencia entre un crecimiento económico sectorial y una disminución en la población ocupada que los representa, se explica en un mayor auge de aquellos que están más vinculados a la economía externa, como es el caso de la industria manufacturera, a través de las zonas francas. “Muchas empresas pueden estar diciendo, ‘yo puedo seguir creciendo, pero con menos personas empleadas’”, indicó.
En el caso del agro, lo que mueve la aguja de la ocupación hacia abajo es la caída en el consumo interno. “Existen alrededor de 14 productos donde el área cultivable está cayendo. El arroz es uno de ellos, con una disminución de hasta el 70%, situación que también vemos con la papa, la yuca, la cebolla, el plátano y el mango”, ejemplificó Otoya.
Afecta también el tipo de cambio, al provocar que los productos agrícolas importados resulten más baratos, en comparación con los precios locales. A pesar de lo anterior, es un sector que muestra un crecimiento moderado, sobre lo cual, Otoya atribuye a la automatización de algunas labores agrícolas.
Las voces vinculadas al sector turismo han elevado el grito al cielo, por la afectación que les ha generado la depreciación del dólar, lo que ha conllevado el cierre de algunos negocios, cuyas noticias muchas veces pasan desapercibidas para el grueso de la población. “Pensamos en los pequeños negocios, tour operadores que se dedican al transporte de personas, a veces hasta unipersonales y que por su estructura de costos, deben cerrar”, detalló el director del Cinpe-UNA.
Al ser un país que puede percibirse caro, provoca además que pierda atractivo frente a otros destinos. Es así como otras opciones como Colombia, Panamá, El Salvador o República Dominicana, comienzan a generar una competencia más agresiva que deja en desventaja la oferta turística nacional.
En el caso del comercio, el investigador apunta hacia otra variable macroeconómica: la inflación. El hecho de que el país acumule ya un año de inflación negativa y 36 meses fuera del rango meta establecida por el BCCR (2%-4%), hace que el indicador juegue un rol importante en las expectativas de consumo de la población.
“Las personas piensan que los precios van a continuar bajando, entonces yo pospongo mis decisiones de consumo y eso afecta la actividad como tal”, resaltó.
Tanto al comercio, como a la industria manufacturera y los servicios profesionales y administrativos, también les afecta un factor a nivel de la ocupación: el auge de la IA.
“La IA está teniendo un rol importante en el cambio de la estructura laboral”, señala Otoya. El paso hacia la inteligencia artificial agéntica (IAG) hace que ahora las empresas diseñen sus propios asistentes virtuales que atiendan necesidades específicas en el giro del negocio, con un incremento en los niveles de eficiencia operacional”.
Entonces, si sectores relevantes de la economía nacional decaen en sus niveles de ocupación, ¿cómo se puede explicar los niveles récord de desempleo anunciados por el gobierno, de un 7.1% para el trimestre enero-marzo de 2026? Para el director del Cinpe, lo que ocurre no es una creación de puestos de trabajo, sino una mayor salida de personas de la fuerza laboral.
Dentro de este análisis, el sector que sí muestra un crecimiento en su actividad y en el empleo, es el de la construcción. Otoya manifestó que existe un dinamismo de la construcción privada, mientras se mantiene una expectativa alta sobre proyectos públicos de gran calado que podrían arrancar en los próximos años, como la ruta 1 (San José- San Ramón) o el Tren Rápido de Pasajeros (TRP), por citar dos ejemplos, y que pueden mover la aguja hacia arriba en un mediano plazo.