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Más que un título universitario

La sonrisa de Daniel Araya Román reflejaba satisfacción, pero también el alivio de quien logró superar obstáculos que en algún momento parecieron insalvables. Tras varios años de estudio, cursos rezagados y desafíos personales, recibió su título de bachiller durante la graduación de la Sede Regional Brunca de la Universidad Nacional (UNA), consciente de que cada paso del camino había valido la pena.

Para Daniel, la experiencia universitaria estuvo marcada por el esfuerzo constante. Recuerda que nada llegó por casualidad y que cada avance requirió disciplina y perseverancia. “La universidad ha significado una serie de retos constantes. Uno siempre tiene que esforzarse e ir alcanzando metas cada año", comentó minutos  antes de recibir su título.

Durante su formación contó con beca socioeconómica y la beca Luis Felipe, recursos que considera fundamentales para completar sus estudios. Sin embargo, el camino no estuvo libre de dificultades. Algunos cursos retrasaron su avance académico, situación que lo obligó a replantearse sus metas y reafirmar su compromiso con la carrera. "Tuve que decirme a mí mismo que podía con esto, retomar esos cursos y seguir adelante", recordó.

Originario de Pérez Zeledón, Daniel  construyó su vida junto a su madre y su hermana, quienes se convirtieron en el principal red de apoyo durante los años universitarios. A ellas atribuye gran parte de su éxito. "Siempre han sido mi soporte, mi vuelta a tierra", expresó.

Su historia resume una de las principales lecciones que desea transmitir a quienes inician la vida universitaria: los resultados requieren tiempo y esfuerzo. "Cualquier cosa que valga la pena toma esfuerzo y tiempo. Hay que luchar por aquello que uno quiere lograr", afirmó.

El orgullo de abrir camino

Entre los nuevos profesionales también se encontraba Sofía Agüero Quirós. Para ella, la graduación representó mucho más que una meta académica: significó convertirse en la primera persona de su familia en obtener un título universitario.

El logro adquiere una dimensión especial al considerar la historia de su núcleo familiar, integrado por su madre, su abuela y su hermana. Mientras sostenía su título, pensaba en las generaciones que la precedieron. “Mi abuela ni siquiera terminó la escuela y hoy puedo decir que soy graduada universitaria. Es un honor demasiado grande”, expresó.

Sofía llegó a la  UNA desde Buenos Aires de Puntarenas. La distancia la obligó a dejar temporalmente su entorno familiar para trasladarse a Pérez Zeledón y continuar sus estudios. El proceso de adaptación no fue sencillo, especialmente por las limitaciones económicas que enfrentó junto con su familia. “Sin esa beca no hubiera podido estar aquí”, aseguró.

El apoyo económico permitió cubrir gastos de alojamiento, alimentación y transporte, factores que resultaron determinantes para mantenerse en la universidad y concluir su carrera.

A pesar de las dificultades, nunca perdió de vista el objetivo que la impulsó desde el primer día: demostrar que los sueños pueden alcanzarse incluso cuando el camino parece complejo.

Por eso, su mensaje para quienes hoy enfrentan circunstancias similares es directo y esperanzador. “Vale 100% la pena. Es un proceso difícil, pero nunca pierdan la esperanza”, aconsejó.

En el Campus Pérez Zeledón, los aplausos celebraron la culminación de una etapa académica, pero también reconocieron el valor de quienes decidieron perseverar cuando rendirse parecía más fácil. Porque para muchos de estos graduados, el título universitario representa mucho más que un logro profesional: simboliza la posibilidad de abrir nuevos caminos para sus familias y convertirse en ejemplo para las generaciones que vienen detrás.