Si algo puede envidiar Costa Rica y los países latinoamericanas de las naciones africanas es el bono demográfico que los catapultará en las próximas décadas. Ejemplo de ello es que, para el 2050, una de cada tres personas jóvenes residirá en este continente.
Este es el motor que puede relanzar a África ante el escenario global. Y de paso, saldar una deuda histórica para dejar atrás años de saqueo, colonialismo, dependencia, marginación, y avanzar hacia un estado pleno de autonomía social, política y económica que es aún hoy día toda una aspiración.
El tema de este continente, del que forman parte 54 países, fue eje central de la conferencia África en el nuevo orden global, a cargo de la académica Myrna Rodríguez Añuez, de la Universidad Autónoma de Puebla, en México, como parte de las actividades del congreso internacional UNA- AMEI Conflictos geopolíticos, comerciales y ambientales: la forja de un nuevo orden global, organizado por la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional (UNA) y la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales.
Datos oficiales revelan que, para mediados de este siglo, los africanos serán una cuarta parte de la población global, con el aporte de hasta un 63% del crecimiento demográfico global en ese periodo. La mediana de edad para los países de este continente será de 25 años. “Esta realidad, por supuesto, transformará la región en un mercado emergente de enorme relevancia económica y política”, indicó Myrna Rodríguez.
No obstante, vincular de manera efectiva este bono demográfico con un aumento en las condiciones de vida de sus ciudadanos representa superar una serie de desafíos.
El primero, tiene que ver con la aún joven histórica formación de los países africanos. Salvo algunas excepciones, la mayoría de ellos obtuvo su independencia después de 1950; 17 de estas naciones lograron su emancipación como colonias europeas en la década de los sesenta.
“Le estamos pidiendo al continente africano cosas que nosotros no hemos resuelto en más de 200 años de independencia. África es aún muy pobre en términos de autonomía política, es poco tiempo para una construcción nacional”, agregó la académica.
A esto se suma un complejo entorno social donde la población civil se ve amenaza por la incursión de grupos guerrilleros e insurgentes que atizan la inestabilidad. Una estadística del Africa Center for Strategic Studies revela que en la última década se registran más de 150 mil muertes atribuidas a grupos islamistas.
La radicalización de grupos, como Al-Qaeda y el Estado Islámico, han generado la proliferación de diversos grupos como Boko Haram en Nigeria o Ansar al-Sunna en Mozambique.
De cara al futuro, África debe recuperar terreno perdido, fortalecer sus instituciones y dar un golpe de timón en la educación que brinda a sus jóvenes. Las disparidades entre naciones hacen que países como Níger, por ejemplo, tenga un porcentaje de alfabetización de un 19% apenas, frente a una situación como la de Guinea Ecuatorial, que alcanza un 90% de su población.
Fortalecer su sistema educativo es un factor clave dentro del reto que tienen los países por ofrecer empleos de calidad a esa población joven en ascenso, destacó Rodríguez.

Agenda ambiciosa
Quedarse de brazos cruzados no ha sido una opción para África, frente a estos desafíos. El continente tiene en marcha la Agenda 2063 “El África que queremos”, un plan maestro que, según destaca en su sitio en Internet, “la transformará en la potencia mundial del futuro”.
“África es la única región del mundo que cuenta con una agenda propia de desarrollo de acuerdo con sus realidades políticas, económicas y socioculturales. Este proyecto inició en el 2013 y visiona a una región próspera, pacífica e integrada, con una identidad cultural fuerte, resiliente y de influencia en el sistema internacional”, describió Myrna Rodríguez.
Esto ha conllevado a un relacionamiento más directo de países con otras naciones como India, China, Turquía e incluso naciones latinoamericanas que ejercen un contrapeso en el poder de influencia con respecto a Occidente.
La académica de la Universidad Autónoma de Puebla destacó particularmente el caso de China, “que hoy ocupa el primer lugar en inversión en el continente africano, superando la relación histórica que se tenía con Europa como socio comercial”.
Sin disimulo, China ha abierto oportunidades para la población joven africana por medio de cursos de capacitación y becas para estudios en el extranjero. Se complementa con la estrategia asentada en los más de 100 proyectos de infraestructura (ferrocarriles, puertos, carreteras), por medio de la iniciativa de la Franja y la Ruta que fortalece la red logística comercial en el Indo-Pacífico.
Citando a la economista Dambisa Moyo, “África puede convertirse en uno de los principales motores del crecimiento mundial, si logra fortalecer sus instituciones y reducir la dependencia económica externa. Sería pasar de receptor de asistencia a un espacio emergente con capacidad de influencia en los mercados globales”.
Esto implica para el continente un desarrollo equilibrado que considere el respeto a los derechos humanos, la biodiversidad, las intraculturalidad, las desigualdades y los fenómenos asociados a la migración interna. Para ello dispone de una amplia riqueza en materias primas y tierras raras, que son buscadas por las grandes potencias para el desarrollo de sus ambiciones tecnológicas.
“Las potencias europeas organizaron el continente en función del extractivismo de materias primas para abastecer a los mercados industriales y, como consecuencia, muchos países africanos heredaron economías dependientes de la exportación de recursos naturales y vulnerables a las dinámicas del capitalismo global”, aseguró Rodríguez.