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En la psicología humana está la clave para afrontar la violencia y el cambio climático, dice experto

El investigador Harvey Whitehouse, con trayectoria académica vinculada con las universidades de Oxford y Cambridge, presentó el 14 de mayo la conferencia ¿Qué mundo legaremos a las nuevas generaciones?, en la que expuso una propuesta basada en psicología evolutiva para fomentar cooperación global frente a problemas como el cambio climático y el absolutismo violento.

El planteamiento parte de una premisa central: los mismos mecanismos psicológicos que han impulsado conflictos, tribalismo y polarización también pueden utilizarse para fortalecer la cooperación entre sociedades.

El experto explicó que la cooperación a gran escala depende de ampliar la percepción de pertenencia humana, de modo que las personas se identifiquen como parte de una comunidad global. Según el investigador, esta percepción puede construirse mediante rituales, narrativas compartidas y vínculos culturales que refuercen la identidad colectiva.

La propuesta se sustenta en investigaciones antropológicas y experimentos realizados en distintos contextos sociales. Uno de los estudios se desarrolló en Papúa Nueva Guinea, donde comunidades tribales lograron reducir la violencia y establecer mecanismos de convivencia mediante rituales compartidos y relatos sobre ancestros comunes.

Ese hallazgo permitió identificar patrones culturales que refuerzan la cohesión social y facilitan la resolución de conflictos.

El modelo presentado por el conferencista se apoya en cuatro elementos psicológicos que influyen en la cooperación humana:

  • Creencias en agentes sobrenaturales que refuerzan normas colectivas.
  • Una brújula moral universal basada en principios éticos presentes en distintas culturas. 
  • Prácticas rituales que fortalecen la cohesión social. 
  • La fusión de identidad, fenómeno en el que la identidad individual se integra con la del grupo. 

Estudios comparativos identificaron siete principios morales presentes en 60 sociedades, entre ellos ayudar al grupo, devolver favores, mostrar valentía, respetar la autoridad, dividir recursos de forma justa, respetar la propiedad y proteger a la familia.

Durante la conferencia, Whitehouse también explicó cómo estos mismos mecanismos psicológicos pueden contribuir a la violencia colectiva cuando se combinan en determinadas condiciones.

El investigador definió este fenómeno como el “cóctel mortal del extremismo”, que aparece cuando coinciden tres factores: una fuerte fusión con el grupo, la percepción de una amenaza externa y la demonización del adversario.

Por medio de investigaciones realizadas en Libia durante la revolución de 2011, se analizó este proceso en batallones rebeldes que permitió observar cómo la identidad colectiva puede motivar acciones de alto riesgo o sacrificio personal.

Otra de las indagaciones que presentó fueron los  resultados del Tuning Project, una iniciativa desarrollada con equipos de la liga inglesa de fútbol que analizó el impacto del deporte en la cohesión social. El proyecto encontró que fortalecer la identidad grupal mediante actividades deportivas se asocia con reducciones en tasas de encarcelamiento y criminalidad entre jóvenes.

También mencionó el experimento realizado en Irán, donde se  evaluó estrategias de comunicación sobre cambio climático. El estudio mostró que los mensajes basados en la idea de ancestros compartidos generaron mayor disposición a actuar frente a la crisis climática que los discursos basados únicamente en argumentos morales.

Harvey Whitehouse afirmó que comprender la psicología humana permite diseñar estrategias sociales más eficaces para enfrentar conflictos globales. “Si aceptamos la existencia de las características psicológicas de la naturaleza humana, esta psicología puede utilizarse para escalar la cooperación de una forma más pacífica hacia un mundo sostenible”, señaló.

El experto planteó varias acciones para fortalecer la cooperación entre sociedades. Entre ellas mencionó la creación de rituales de transición que acompañen a los jóvenes en su paso a la vida adulta, el rediseño de discursos políticos que promuevan empatía entre grupos rivales y la regulación de algoritmos en redes sociales para reducir contenidos que fomentan polarización y visiones apocalípticas del futuro.

Para concluir mencionó que comprender los mecanismos psicológicos que moldean la identidad colectiva puede resultar clave para responder a los desafíos globales del siglo XXI, entre ellos el cambio climático, la violencia extremista y la fragmentación social.