Mientras Edna afrontaba su diagnóstico de cáncer de mama, veía cómo en su casa el limonero de su patio iba perdiendo también sus hojas. Pero cuando empezó su proceso de sanación, las hojas y los limones volvieron a salir.
La conexión entre el limonero y su condición de salud fue tal que decidió plasmarlo en un dibujo. “Esos limoncitos hacían mucha alusión al pezón, que en mi caso, resistió a las dos cirugías. Fueron ejemplo de resistencia para mí”.
Esa representación gráfica forma parte del libro Un cuerpo por coser, una iniciativa que comenzó inicialmente con una serie de memorias sobre el proceso de la enfermedad que le fue diagnosticada a Edna en 2023 y que se convirtió en un proyecto mucho más grande, que combinó el dibujo y la costura, y que busca contagiar a otras mujeres para que puedan expresar sus sentimientos y experiencias por medio de esta técnica.
La gran protagonista de esta historia se llama Edna Manotas, originaria de Barranquilla, Colombia, doctora en comunicación y académica de la Universidad del Norte de Colombia. En el proceso creativo la acompañó su amiga Adriana Moreno, artista audiovisual, docente e investigadora.
Ambas iniciaron un viaje con recorridos inesperados, por medio de talleres que involucran a otras mujeres, para que se atrevan a narrar sus vivencias y plasmarlas por medio del dibujo y la costura. Tanto Edna como Adriana visitaron la Universidad Nacional (UNA) la primera semana de agosto, donde impartieron en una serie de conferencias sobre el tema, presentaron el libro e impartieron talleres.
La invitación corrió por cuenta de la Escuela de Sociología, de la Facultad de Ciencias Sociales, a cargo de la académica Rebeca Espinoza, del Programa Análisis de Coyuntura, Sociedad y Democracia.
Del temor a la esperanza
Entre consultas médicas y citas de quimioterapia, Edna se refugió en la escritura como una forma de sobrellevar el proceso y la incertidumbre. Eran escritos a mano alzada, sin conexión argumentativa entre sí. Eran sentimientos puestos sobre las páginas.
Al ser parte de un taller de escritura en Colombia le comentaron acerca de una beca de residencia artística. “Aunque no lo tenía muy claro, me sonó muy chévere”, manifestó Edna.
No lo pensó dos veces. Su postulación fue aceptada y viajó durante 20 dias a un pueblo en la periferia de Madrid, España. Con la mentoría de las escritoras Gabriela Wiener de Perú y de Claudia Apablaza de Chile, rodeada de un ambiente natural, silencios y alejada de su entorno, comenzó en un proceso de escritura bajo una metodología más clara. Fue así como encontró un método terapéutico vinculado con la creación, en medio de su tratamiento.
Por esas casualidades de la vida y del destino, a su regreso a Colombia, participó en una serie de conferencias de la Escuela de Diseño de la Universidad del Norte, a la que también asistiría una amistad con la que había hecho mancuerna 20 atrás, durante su etapa como estudiante universitaria. Un correo electrónico las reconectó, se sentaron, tomaron un café, Edna le contó su historia personal y una nueva idea comenzó a emerger.
“Le pedí a Edna que si podía compartirme algunas imágenes de su proceso médico y ella fue muy generosa en enviármelas, fotos explícitas con las cicatrices en su cuerpo. A partir de ahí comenzamos a hacer un trabajo remoto, ella en Colombia, yo en México y empezamos a trabajar con una diseñadora”, relató Adriana Moreno.

A la idea le faltaba un escalón más. Las ilustraciones del libro iban a ser bordadas a mano. Era ponerle costuras a aquellas cicatrices como una forma de demostrar que en medio del dolor y de la enfermedad, existen también sanaciones.
Edna no se quedó solo allí. Fue a Estados Unidos a un taller de bordado, no sobre tela, sino sobre fotografías, aplicando la misma técnica que le mostrara Adriana para su publicación. Conoció allí a otras mujeres que han pasado por un proceso similar al de ella y cómo les ha beneficiado.
De trasfondo, había una necesidad imperiosa. Derribar también algunos mitos que rodean a las enfermedades como el cáncer que sufrió Edna, y cuyos tratamientos y cirugías tienden a transformar los cuerpos. En medio de ello, la práctica del bordado busca apoyar la aceptación corporal.
Un cuerpo por coser, el libro escrito por Edna e ilustrado y bordado por Adriana, vio la luz y se consolidó como un ejemplo de inspiración para otras personas. Desde julio de este año decidieron correr un viaje itinerante por diversos países de Iberoamérica, para compartir su experiencia y realizar los talleres.
“Los talleres diseñados buscan acompañar a otras mujeres a nombrar el dolor y procesar las cicatrices físicas e intangibles a través de la costura y el arte, tejiendo comunidades de escucha y sanación mutua en hospitales, centros de mujeres y espacios educativos”, indica una filmina, durante la conferencia impartida por ellas en la UNA.

La noche del 3 de agosto, Edna lanzó la pregunta retadora a los estudiantes asistentes: ¿cuáles son los estándares estéticos que atraviesan nuestros cuerpos y cuáles representan formas de violencia? Las historias comenzaron a aparecer, en testimonios de estudiantes, cuyas familias han tenido que afrontar rechazos y discriminaciones por causa de una enfermedad que deja cicatrices visibles.
Para Rebeca Espinoza, también la actividad académica representa una forma de mostrar a los estudiantes que existen muchas otras formas de realizar investigación social que combinen disciplinas de otras áreas, como en este caso, donde el arte, el testimonio y la sensibilidad social se unieron para entender que existen hilos sueltos en una sociedad fragmentada, que deben ser cosidos.