Marcus Morera, estudiante de Relaciones Internacionales
Las relaciones entre Estados Unidos y la mayoría de los países latinoamericanos se desarrollan dentro de un amplio contexto hístorico en el cual se priorizan las necesidades e intereses económicos del primero por encima de las necesidades fundamentales de los otros como estados soberanos. Esta dinámica es el resultado de una jerarquía eurocentrista establecida y una narrativa construida para el beneficio económico de Estados Unidos en momentos de desarrollo clave. Costa Rica, lejos de ser la excepción, se muestra afín a la necesidad de cooperar tanto en intereses políticos como en ideología con Estados Unidos y esto, consecuentemente, profundiza la dependencia económica y comercial.
De acuerdo con el sistema internacional, las áreas económicas más importantes de Costa Rica necesitan del constante apoyo, directo e indirecto, de Estados Unidos. La Embajada de EE.UU. en Costa Rica confirmó (2023) que “Estados Unidos es el mayor socio comercial de Costa Rica, que representa más de la mitad de las exportaciones, importaciones, turismo e inversión extranjera directa.”
Lo anterior muestra un margen de diferencia notable al compararlo con otros socios comerciales importantes, como China o México. En 2024 el 46.7% de las exportaciones y el 40.6% de las importaciones costarricenses eran con Estados Unidos, mientras que con China solo ocupaba el 17% y 6.41%, respectivamente, según el reporte del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Unión Europea y Cooperación del 2026.
Esta concentración profunda en el comercio internacional a nivel de exportaciones e importaciones reduce el margen de acción económica y diplomática de Costa Rica, al enfrentarse con escenarios dentro del sistema internacional que resulten adversos.
Una de las mayores preocupaciones de los costarricenses, después del cambio del gobierno, es cuál será el futuro de la economía, considerando que el país enfrenta una crisis derivada de su deuda pública y que el 71% de la inversión extranjera, al 2023, era con Estados Unidos, según la misma fuente.
Estos datos revelan un problema estructural que perjudica gravemente la economía costarricense como actor del sistema internacional: la incapacidad de diversificar sus relaciones comerciales con otros estados. A largo plazo, esta limitación implica que el país seguirá estancado en una dependencia económica perpetua con Estados Unidos, sin margen real para reaccionar ante crisis o cambios en la política exterior de su principal socio.
En la coyuntura actual, la globalización no solo ha significado una oportunidad de evolución comercial para potencias como China, sino también una ventana para países pequeños como Costa Rica. Para salir de la dependencia con Estados Unidos, es crucial reconocer que establecer relaciones comerciales sólidas con otras economías emergentes no es una amenaza, sino la ruta de acción más inteligente. Seguir atados a un solo socio comercial como Estados Unidos por su colaboración histórica no es una estrategia sólida, a largo plazo puede condenar el futuro económico del país en su mejor oportunidad de progreso económico.