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Criterios


La procrastinación en los estudiantes universitarios

Anthony José Ureña Ureña, estudiante Escuela Planificación y Promoción Social, UNA 

Entrar a la universidad en Costa Rica suele ser uno de los sueños más anhelados, un logro personal que simboliza esfuerzo, dedicación y promesa de un futuro profesional. Sin embargo, esta nueva etapa, llena de retos académicos, a menudo viene acompañada de un enemigo silencioso: la procrastinación académica. Lejos de ser una simple “flojera” o una mala organización del tiempo, este fenómeno implica aplazar voluntariamente una tarea o responsabilidad importante, sustituyéndola por otras actividades más irrelevantes o placenteras, a pesar de conocerse las consecuencias negativas que esto tendrá en nuestra salud mental y rendimiento. 

Lo que empieza como una decisión inocente, por ejemplo, posponer un trabajo universitario o decir voy a revisar el celular solo unos minutos que terminan siendo horas, se convierte en una conducta crónica que no solo amenaza las calificaciones, sino también el bienestar emocional del estudiante.

Un estudio del investigador Warner Ruiz Chaves (2025), de la Universidad Nacional (UNA), analizó la conducta de estudiantes de Letras y de Educación, y reveló hallazgos muy concretos. Los resultados mostraron que actividades como las lecturas extensas son las que más se posponen: un 47% del estudiantado participante procrastina la realización de las lecturas que implica todo proceso formativo. Además, un 35% de ese mismo estudiantado tiene conciencia de que al postergar las actividades o las lecturas, esto le traerá algún problema académico, pero aun así lo hace.

Otros estudios en los que se aborda el problema para la realidad de Latinoamérica estiman que la conducta procrastinadora afecta entre el 80% y el 95% de los estudiantes universitarios, lo que sugiere que este comportamiento es global.

La procrastinación es un problema real y muy común entre los estudiantes universitarios, es una conducta que tiene consecuencias a futuro como el estrés, la ansiedad y un rendimiento académico menor al que realmente el estudiante podría alcanzar; como se mostró antes, los estudiantes suelen posponer las lecturas y los trabajos a pesar de saber de qué más adelante tendrán que pagar las consecuencias. 

De todo esto se debe entender que procrastinar no es una estrategia de estudio, sino un mal hábito que se puede cambiar con unos simples pasos: organizar mejor el tiempo, eliminar las distracciones y empezar a estudiar, aunque sea por unos pocos minutos, y con el pasar del tiempo ir aumentando ese intervalo; por último, tener presente que cada pequeño esfuerzo que se realice ahora te acercará más a las metas y alejará todo ese estrés innecesario.