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Seguimiento científico marca el futuro de cría de manatí rescatada en Tortuguero

Seguimiento científico marca el futuro de cría de manatí rescatada en Tortuguero

La localización de una cría de manatí encallada en la playa de Tortuguero, en Limón, el pasado 5 de enero, activó un protocolo interinstitucional para resguardar a la hembra, separada de su madre y en condición crítica. Desde entonces, el caso se convirtió en un esfuerzo de atención y seguimiento que combina manejo veterinario especializado y conocimiento científico acumulado durante décadas sobre esta especie en Costa Rica.

Tras el reporte inicial, personal del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) mantuvo un monitoreo activo en la zona con la esperanza de ubicar a la madre. Sin embargo, los intentos no dieron resultado. “Como parte del protocolo, se realizó un primer intento para devolver al animal al mar; sin embargo, la cría volvió a encallar minutos después, lo que descartó su reinserción inmediata al ambiente costero”, informó la institución.

Ante el alto riesgo de supervivencia, se coordinó un traslado aéreo de emergencia hacia Rescate Wildlife Rescue Center, en La Garita de Alajuela, donde permanece bajo observación constante. La valoración y el traslado se realizaron con el acompañamiento de personal veterinario, biólogos y especialistas en vida silvestre, incluidos expertos de la Universidad Nacional (UNA).

 

Una especie poco visible, pero monitoreada

El manatí antillano (Trichechus manatus), una de las especies marinas más emblemáticas y a la vez más vulnerables del Caribe costarricense, ha sido objeto de investigación y monitoreo por parte de la UNA desde hace varios años. Según el biólogo Alexander Gómez Lépiz, especialista en manatíes de la Escuela de Ciencias Biológicas, su presencia en el país está estrechamente ligada a ecosistemas específicos.

“El comportamiento que hemos podido observar en el país es que ellos están asociados a sitios donde existen pastizales, que son importantes en su dieta. Generalmente se están moviendo por esas zonas”, explicó Gómez. Los avistamientos, agregó, suelen ser discretos: “Son animales muy dóciles; uno los encuentra sacando la espalda o la cola, en actividades de juego, solos o entre ellos”.

La distribución del manatí en Costa Rica se concentra exclusivamente en la costa Caribe, particularmente en las bocanas de ríos que conectan lagunas de agua dulce con el mar. “Son sitios de transición muy importantes, incluso para procesos de migración entre metapoblaciones que van desde Florida hasta Brasil”, detalló el investigador.

 

El reto de criar sin madre

Para la cría rescatada, el desafío inmediato no es menor. De acuerdo con Gómez, el principal reto es lograr que se alimente adecuadamente sin la presencia materna. “El paso fundamental ahorita es que se acostumbre a alimentarse con un chupón. Es un proceso muy difícil que requiere muchísima inversión de tiempo y observación constante del comportamiento del animal”, comentó.

Este proceso es crítico porque el manatí mantiene un vínculo muy estrecho con su madre durante sus primeros años de vida. “Los manatíes tardan de uno a dos años en el destete. El cuidado parental es muy fuerte y toda la parte comportamental se aprende en esa etapa”, dijo el académico, al explicar por qué la rehabilitación y eventual liberación es un camino largo y delicado.

 

Atención veterinaria y trabajo conjunto

Desde el centro de rescate, la médica veterinaria Isabel Hagnauer, confirmó que la cría se mantiene estable, aunque aún en una fase crítica. “Está estable dentro de su proceso de adaptación. Ahorita estamos trabajando en que tome chupón; no es lo mismo que la tetita de su mamá y la composición de la leche es distinta, así que es un proceso completamente esperable y delicado”, explicó.

La alimentación se basa en una fórmula utilizada en otros centros de rescate a nivel internacional, que se ajusta de manera progresiva. “Empezamos con una disolución muy diluida y vamos aumentando la concentración cada día, para que la adaptación no sea un cambio repentino”, comentó Hagnauer.

El objetivo final, recalcó, es que la manatí pueda regresar a su hábitat natural. No obstante, el proceso podría extenderse por años. “Es una especie con una crianza muy larga; lo más probable es que, si todo avanza bien, el proceso de rehabilitación tome un tiempo similar al que tendría con su madre en vida silvestre”, afirmó .

El caso también pone de relieve la importancia de la articulación entre instituciones. El centro de rescate mantiene un convenio de cooperación con la Universidad Nacional, que aporta información científica clave para la toma de decisiones. “Nos están apoyando con datos que han recopilado durante años sobre esta especie en vida libre. Es información muy valiosa para este proceso de adaptación y rehabilitación”, destacó Hagnauer.

Mientras la cría continúa bajo vigilancia permanente, el seguimiento científico se perfila como un elemento determinante para su supervivencia y para fortalecer el conocimiento sobre el manatí en Costa Rica, una especie silenciosa, pero vital para los ecosistemas del Caribe y cuyo futuro depende, en gran medida, de la conservación de sus hábitats y del trabajo conjunto entre ciencia, instituciones y comunidades costeras.

 

 

Seguimiento científico marca el futuro de cría de manatí rescatada en Tortuguero
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La localización de una cría de manatí encallada en la playa de Tortuguero, en Limón, el pasado 5 de enero, activó un protocolo interinstitucional para resguardar a la hembra, separada de su madre y en condición crítica. Desde entonces, el caso se convirtió en un esfuerzo de atención y seguimiento que combina manejo veterinario especializado y conocimiento científico acumulado durante décadas sobre esta especie en Costa Rica.

Tras el reporte inicial, personal del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) mantuvo un monitoreo activo en la zona con la esperanza de ubicar a la madre. Sin embargo, los intentos no dieron resultado. “Como parte del protocolo, se realizó un primer intento para devolver al animal al mar; sin embargo, la cría volvió a encallar minutos después, lo que descartó su reinserción inmediata al ambiente costero”, informó la institución.

Ante el alto riesgo de supervivencia, se coordinó un traslado aéreo de emergencia hacia Rescate Wildlife Rescue Center, en La Garita de Alajuela, donde permanece bajo observación constante. La valoración y el traslado se realizaron con el acompañamiento de personal veterinario, biólogos y especialistas en vida silvestre, incluidos expertos de la Universidad Nacional (UNA).

 

Una especie poco visible, pero monitoreada

El manatí antillano (Trichechus manatus), una de las especies marinas más emblemáticas y a la vez más vulnerables del Caribe costarricense, ha sido objeto de investigación y monitoreo por parte de la UNA desde hace varios años. Según el biólogo Alexander Gómez Lépiz, especialista en manatíes de la Escuela de Ciencias Biológicas, su presencia en el país está estrechamente ligada a ecosistemas específicos.

“El comportamiento que hemos podido observar en el país es que ellos están asociados a sitios donde existen pastizales, que son importantes en su dieta. Generalmente se están moviendo por esas zonas”, explicó Gómez. Los avistamientos, agregó, suelen ser discretos: “Son animales muy dóciles; uno los encuentra sacando la espalda o la cola, en actividades de juego, solos o entre ellos”.

La distribución del manatí en Costa Rica se concentra exclusivamente en la costa Caribe, particularmente en las bocanas de ríos que conectan lagunas de agua dulce con el mar. “Son sitios de transición muy importantes, incluso para procesos de migración entre metapoblaciones que van desde Florida hasta Brasil”, detalló el investigador.

 

El reto de criar sin madre

Para la cría rescatada, el desafío inmediato no es menor. De acuerdo con Gómez, el principal reto es lograr que se alimente adecuadamente sin la presencia materna. “El paso fundamental ahorita es que se acostumbre a alimentarse con un chupón. Es un proceso muy difícil que requiere muchísima inversión de tiempo y observación constante del comportamiento del animal”, comentó.

Este proceso es crítico porque el manatí mantiene un vínculo muy estrecho con su madre durante sus primeros años de vida. “Los manatíes tardan de uno a dos años en el destete. El cuidado parental es muy fuerte y toda la parte comportamental se aprende en esa etapa”, dijo el académico, al explicar por qué la rehabilitación y eventual liberación es un camino largo y delicado.

 

Atención veterinaria y trabajo conjunto

Desde el centro de rescate, la médica veterinaria Isabel Hagnauer, confirmó que la cría se mantiene estable, aunque aún en una fase crítica. “Está estable dentro de su proceso de adaptación. Ahorita estamos trabajando en que tome chupón; no es lo mismo que la tetita de su mamá y la composición de la leche es distinta, así que es un proceso completamente esperable y delicado”, explicó.

La alimentación se basa en una fórmula utilizada en otros centros de rescate a nivel internacional, que se ajusta de manera progresiva. “Empezamos con una disolución muy diluida y vamos aumentando la concentración cada día, para que la adaptación no sea un cambio repentino”, comentó Hagnauer.

El objetivo final, recalcó, es que la manatí pueda regresar a su hábitat natural. No obstante, el proceso podría extenderse por años. “Es una especie con una crianza muy larga; lo más probable es que, si todo avanza bien, el proceso de rehabilitación tome un tiempo similar al que tendría con su madre en vida silvestre”, afirmó .

El caso también pone de relieve la importancia de la articulación entre instituciones. El centro de rescate mantiene un convenio de cooperación con la Universidad Nacional, que aporta información científica clave para la toma de decisiones. “Nos están apoyando con datos que han recopilado durante años sobre esta especie en vida libre. Es información muy valiosa para este proceso de adaptación y rehabilitación”, destacó Hagnauer.

Mientras la cría continúa bajo vigilancia permanente, el seguimiento científico se perfila como un elemento determinante para su supervivencia y para fortalecer el conocimiento sobre el manatí en Costa Rica, una especie silenciosa, pero vital para los ecosistemas del Caribe y cuyo futuro depende, en gran medida, de la conservación de sus hábitats y del trabajo conjunto entre ciencia, instituciones y comunidades costeras.

 

 

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