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¿Primer cisma interno en el papado de León XIV? Experto lo explica

La decisión del Vaticano de excomulgar, décadas atrás, a un grupo católico conservador y adverso a los cambios introducidos en el Concilio Vaticano II (1962-1965) supuso una ruptura entre la jerarquía eclesial y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Esa decisión cobró de nuevo vigencia en días recientes, cuando cuatro obispos fueron ordenados en la ciudad de Écone, Suiza, en contra de la voluntad del papa León XIV. 

¿Es esto una señal de desestabilización hacia el mensaje de unidad interreligioso y de sinodalidad que León XIV ha implementado desde su llegada al Vaticano? 

Hanzel Zúñiga, académico de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la Universidad Nacional (UNA), considera que desde un punto de vista práctico no debería existir mayor consecuencia en vista de que no se trataría de un grupo numeroso. De manera oficial, congrega a 1.500 seguidores, aunque sus máximos líderes indican que existen entre 300 mil y 600 mil en todo el mundo.

El desafío de ordenar a los cuatro obispos ocasionó una declaración de cisma de la fraternidad con la Iglesia Católica, que incluye la excomunión de dichos obispos, quienes se verían impedidos de oficiar matrimonios y escuchar confesiones. 

“Las consecuencias políticas a raíz de este cisma no deberían ser grandes para León XIV. Él siempre trató de mantener hasta el último momento un diálogo con la Fraternidad y no se gestó nada. Más bien sería un retroceso para la Iglesia romper con lo que se ha avanzado desde los pontificados anteriores en el diálogo, la apertura y en el encuentro, que es el camino de la sinodalidad desde la época de Francisco”, detalló Zúñiga.

De larga data 

Esta fractura constituye el más reciente episodio de divergencias que datan desde el Concilio Vaticano II. Desde aquel momento, existió una negación de parte de la Fraternidad sobre algunos pilares reformistas del Concilio, enfatizó Zúñiga.

El primer desacuerdo es sobre la visión de una verdad absoluta concentrada alrededor de la Iglesia Católica, y que va en contra de las semillas de la verdad (o semillas del verbo), que hacen referencia a la presencia de elementos de bondad, valores y espiritualidad presentes en otras culturas y religiones.

La segunda desavenencia tiene relación con las celebraciones litúrgicas que permitió la celebración de las misas en lenguas propias de cada país o región. Para la Fraternidad, la única forma aceptable de celebrar estos oficios es en latín.

“Ellos defienden el uso del latín, mirando siempre al oriente, de espaldas a la comunidad y de frente al altar, porque eso refleja la sacralidad, la presencia de la divinidad. Por el contrario, las misas posteriores a Pablo VI, la del Concilio Vaticano II, las consideran algo más profano, menos sagrado y que se acerca menos al misterio”, indicó el académico de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión.

El fundador de la fraternidad fue el arzobispo Marcel Lefebvre, quien lideró la construcción del primer seminario en 1970. Una de las primera rupturas ocurrió en 1988, cuando el papa Juan Pablo II lo excomulgó a él y a cuatro obispos más. Luego, las relaciones mejoraron con Benedicto XVI y con Francisco, hasta la decisión adoptada la semana anterior.

De acuerdo con Zúñiga, existe además una razón teológica en el acto de excomunión promulgada desde el Vaticano. La designación de obispos sin el mandato pontificio se considera una ruptura dentro del derecho canónico. “Al hacer eso, de esta forma, se está negando, de alguna manera, la autoridad del papa”, agregó.

Por otra parte, desde su punto de vista, ordenar obispos sin una jurisdicción territorial, es decir, sin una diócesis, representa un “sinsentido, porque el obispo existe en función de que hay una comunidad, y entonces allí hay un conflicto”.

Tras la decisión emitida desde Roma, los miembros de la fraternidad han señalado el acto como una injusticia. La posición desafiante al día de hoy se mantiene y, por ende, la ruptura. Ellos aseguran que se mantienen dentro de la iglesia, indistintamente de la excomunión.

Zúñiga señaló que de parte del papa León XIV los mensajes posteriores han sido de un llamado a la apertura y al diálogo; eso sí, dejando en claro que la aceptación del Concilio Vaticano II es una línea roja que no se va a cruzar.

El experto contextualizó este acontecimiento como una situación que toca los cimientos de la iglesia y de las visiones entre los sectores más tradicionalistas versus los discursos de unidad que ha impulsado el papa desde su asunción.