Como un castillo de naipes… así se derribó el viejo orden internacional, donde las reglas, el libre comercio, la globalización y la visión liberal en el ejercicio del poder predominaron en la agenda mundial durante el siglo pasado y parte de este.
Hoy son otros escenarios e intereses. Y aunque la incertidumbre sigue permeando buena parte del debate global, lo cierto es que el mundo avanza hacia la reconfiguración de un nuevo orden internacional. El naipe toma una nueva baraja. El juego está en desarrollo.
“Las tensiones geopolíticas, las disputas comerciales, las crisis ambientales y las aceleradas revoluciones tecnológicas están redefiniendo las estructuras sobre las cuales se construyó el orden internacional contemporáneo. En momentos como este, la academia no solo tiene el deber de interpretar el mundo, sino también la responsabilidad ética de contribuir a transformar”, indicó Marco Vinicio Méndez, director de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional (UNA).
¿Cómo era el viejo mundo y qué características muestra el nuevo orden? Esta, fue una de las preguntas centrales del Congreso Internacional UNA-Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI), bajo el título Conflictos geopolíticos, comerciales y ambientales: la forja de un nuevo orden global, realizado del 25 al 27 de mayo en el auditorio Clodomiro Picado Twight, del Campus Omar Dengo de la UNA.
Miguel Ruiz Cabañas, director de iniciativas ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) del Instituto tecnológico de Monterey, ubicó dos periodos del viejo orden. El primero, de 1945-1990 fue el que se conformó terminada la Segunda Guerra Mundial y con el escenario de frente de la Guerra Fría.
La hegemonía militar de Estados Unidos y la creación de instituciones multilaterales como la Organización de Naciones Unidas (ONU), el Fondo Moneterio Internacional (FMI) y el Banco Mundial, rediseñaron el mapa geopolítico. Luego, vino la etapa de 1991 al 2013, donde el dólar se fortaleció, los Tratados de Libre Comercio (TLC) vivieron su primavera y el marco normativo internacional se fortaleció.
La realidad de hoy dista mucho de ese entorno, a pesar de que ha pasado poco más de una década. El fin de la globalización irrestricta es ejemplo de ello, con la figura de Donald Trump, en la presidencia de Estados Unidos, quien ha utilizado la herramienta de los aranceles contra socios comerciales (y políticos) como arma de negociación.
Esta situación ha dado a pie a lo que Ruiz Cabañas califica como la “securitización” del comercio. Países como el propio Estados Unidos definen ahora si su relación comercial con alguno de sus socios puede comprometer su seguridad interna. Trastocar las rutas marítimas y las cadenas de suministro, hace que países como China restrinjan el comercio de tierras raras, reaccionando de esta manera a la nueva forma de operar más nacionalista e individualizada.
De la mano con la visión de seguridad, tanto Estados Unidos, como China y Rusia se han posicionado en la amenaza y en el uso de la fuerza para alcanzar sus propios objetivos. Trump lo ha hecho con Venezuela, sugiere hacer lo mismo con Cuba, mientras lidera una operación militar en Medio Oriente; China, aunque no manda aún soldados a Taiwán, avanza con algunas bases militares cerca de la costa, mientras que Rusia sigue adelante en su ofensiva contra Ucrania.
“A Estados Unidos no le importan los intereses de los europeos, ni los de Corea. Si yo fuera japonés, me preguntaría, ‘¿De verdad Trump me va a defender en un conflicto con China?’ La verdad, no lo creería”, indicó Ruiz.
Esa ruptura ha tenido una extensión con organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ONU, o la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y su debilitamiento. La reticencia europea de participar en la cruzada militar entre EE.UU e Israel contra Irán, supuso una fuerte arremetida de Trump contra Europa y significó el retiro de hasta 5.000 soldados de sus bases en Alemania, así como un menor apoyo a Ucrania.
Esto ha dado a pie a una escalada en el reame global. Europa se prepara ante una afectación a la OTAN y países de todo el mundo destinan más presupuestos hacia sus programas militares. Desde naciones nórdicas, asiáticas y otras de tradición neutral como Suecia y Finlandia han depurado su carrera armamentista.
Quizá la más importante de las transformaciones globales de esta nueva era, y que determinará el futuro global, es el avance de la inteligencia artificial (IA), que tiene a la cabeza a las dos grandes potencias: Estados Unidos y China.
Se trata de una guerra no declarada, pero donde cada nación “saca sus dientes”. En un entorno donde los tecnofeudalismos dictan tendencias, Estados Unidos cuenta con empresas como OpenAI, Anthropic y Alphabet que ejercen liderazgo global, mientras que China responde con innovaciones de la mano de firmas como DeepSeek y Huawei.
Más allá de la reciente visita de Trump a su homólogo Xi Jinping y la cordialidad diplomática mostrada, los norteamericanos siguen restringiendo la exportación de chips avanzados a China y amenaza a socios con la aceptación de Huawei en sus negocios. Los asiáticos, por su parte, invierten hasta 150 mil millones de dólares en alcanzar una autosuficiencia electrónica y expande su infraestructura tecnológica hacia el Sur Global.
Lo anterior lleva a un debate sobre el papel que asumen los países del Sur Global en el contexto contemporáneo. Para Miguel Ruiz, “este bloque tiene ventajas y le están haciendo un contrapeso económico, tecnológico, estratégico a los países occidentales del G7, que lucen cada vez más divididos”, apuntó.
A nivel de población, reservas de petróleo y gas, patentes de IA y un menor peso de la deuda pública, los países del Sur Global están tomando la delantera con aquellos que tradicionalmente han sido más industrializados.

El futuro inmediato
Ruiz establece algunas líneas sobre cómo pude ser el mundo en un corto plazo, a partir de estas tendencias. Respecto a los conflictos militares, el de Rusia y Ucrania no vislumbra una solución cercana, mientras que en Irán, las negociaciones avanzan con timidez pero con un riesgo de que el terrorismo islamista se expanda en Iraq, Líbano y Siria.
En América, la presión se exacerba, con insinuaciones de incursión de Estados Unidos en Cuba y una arremetida contra México por casos de crimen organizado. Mientras que países como China y Rusia juegan un rol más estratégico sin intervenir en los conflictos abiertos y apuntalando sus propios intereses.
Sin embargo, es claro que el poder del siglo XXI es una lucha entre Estados Unidos y China. “La carrera por la IA generativa (IAG) y los semiconductores determinará quién ejerza el liderazgo. Y en estos temas, no es que nos lleven ventaja con el resto del mundo, es que nos llevan años luz”, enfatizó Ruiz. La baraja está abierta. El juego sigue en desarrollo.
