Please ensure Javascript is enabled for purposes of website accessibility

Gestión del arte y la cultura en el país: sus retos inmediatos

El contexto actual parece no ser el propicio para potenciar el arte y la cultura, justo cuando la atención pública se centra en otros temas más relacionados con el desarrollo tecnológico y la prevalencia de los intereses económicos de sectores particulares.

Eso parecen tenerlo muy claro las autoridades vinculadas con el sector. A pesar de ello, reconocen que el desarrollo de una sociedad en su conjunto necesita de las expresiones artísticas y de la difusión de la cultura como mecanismo de ascenso social participativo y representativo. 

El tema se trató en el conversatorio ¿Y esto cómo se hace? Historias de gestión cultural, organizado por la Maestría Académica en Gestión Social de la Cultura y el Arte, de la Escuela de Sociología, de la Universidad Nacional (UNA).

“Hoy pareciera que los dos ámbitos (arte y cultura) han quedado relegados a un lugar secundario dentro de las prioridades sociales, políticas e institucionales de nuestro país. En un contexto como el actual estamos muy preocupados por la inteligencia artificial y deberíamos ocuparnos por tener más humanidad, justicia y en crear espacios de convivencia colectiva”, manifestó Luis Diego Soto, director de la Escuela de Sociología.

Su reflexión es la voz de quienes forman parte del gremio. Así lo indicaron Sylvie Durán, actriz y exministra de Cultura y Juventud, y Laura Rodríguez, directora del Museo del Jade, quienes relataron, desde su experiencia, cómo se hace gestión del arte en Costa Rica. Lo hicieron frente a un auditorio donde destacaba la primera cohorte de la maestría en la UNA.

Sus apuntes también llevaban aspectos puntuales de los retos, oportunidades y escollos que enfrenta día a día el sector artístico y cultural. 

Hacia un resurgir de la cultura

De Francia somos herederos de una época de la Ilustración que asentó las mejores bases, no solo de gobierno y administración, sino también de la libertad y las artes, de acuerdo con Durán.

Pero ahora, con algún trecho ya recorrido del siglo XIX, el país muestra síntomas de empantanamiento que son obstáculo para su efectivo auge. Y uno de ellos, reside en la propia capacidad de gestión.

“Las mismas capacidades de gestión han terminado como accesorias o reducidas a la inmediatez, centradas solo en organización y producción, pero poco en cuanto al diseño financiero, en mecanismos que nos lleven a un cambio estructural, en políticas de desarrollo de la cultura en los territorios y que nos haga entender todo lo que eso implica”, manifestó Durán.

El segundo punto sobre el cual se debe avanzar es con respeto a la suma de equipos y la transdisciplinariedad, de manera que puedan existir aportes y visiones desde distintos frentes que permitan apoyar la generación de políticas públicas integradoras. 

Esa fue la estrategia que le permitió a Laura Rodríguez, al frente del Museo del Jade, tener lo insumos desde la parte presupuestaria, arquitectónica, patrimonial, de planificación y hasta de seguridad para concretar la obra que hoy dirige.

Otro aspecto tiene que ver con la inmediatez que muchas veces se convierte en la norma a la hora de tomar decisiones. “Ninguna política pública debe pensarse con un mínimo de 10 o 20 años de implementación, porque ese es el tiempo que toma instituir las cosas y ver efectos estructurales a partir de nuestras acciones y medir resultados”, enfatizó Durán.

Lo anterior no ha sido posible plasmarlo en la realidad con cambios de administración cada cuatro años, que ajustan, desvían y hasta reformulan la receta y la estrategia. Durán considera que existen métodos para diseñar distintos escenarios, donde se construya no solo el presente sino también el futuro. Por eso, ve con buenos ojos la apertura de una maestría en gestión del arte y la cultura que atienda estos pendientes.

El cuarto reto con el que debe lidiar el sector está vinculado a un mal mayor: el de la burocratización estatal, la cual, en palabras de Sylvie Durán, es “lenta y pesada”. A pesar de ello, son cartas que se deben jugar a favor, dentro de las posibilidades. “A veces es así, porque es parte de su naturaleza, si no, no sería instituyente, pero que debe lidiar con esa intención por regularlo todo, en un camino de cambios acelerados y de innovación”.

Un gran pendiente, señalando al Ministerio de Cultura, donde Durán se desempeñó como jerarca los gobiernos de Luis Guillermo Solís y de Carlos Alvarado, es la falta de datos. “¿Cómo definimos políticas sin datos, sin registros y con una dispersión del conocimiento. Hace falta conectar y conjuntar la labor de ministerios como el de Cultura y el de Educación Pública (MEP)”. Esto lleva a que los futuros gestores del arte y la cultura en el país puedan percibir un obstáculo en la integración de las nuevas herramientas tecnológicas y la inteligencia artificial (IA) sin tener esa base documental.

Este último reto se apalanca con uno que la experta considera vital: la sostenibilidad financiera del modelo cultural. Desde su perspectiva, el país debe apostar por un ecosistema donde diversos sectores artísticos converjan, con una estrategia mercadológica que les permita darse a conocer ante el público en general.

En ese sentido, hizo un llamado a no ver el mercado como algo negativo, sino como un campo que genere empleo decente, ingresos estables y una industria creativa en ascenso, que ofrezca estabilidad y beneficie a la economía nacional.

“Sabemos que vivimos en una sociedad consumista, pero no debemos perder de vista tampoco el valioso aporte a la inclusión social”, destacó Durán, con iniciativas que logren la recuperación de espacios públicos, fomenten la lucha contra la violencia en todas las manifestaciones y sea impulsora de la paz. 

Para que este conjunto de retos avance, es necesario perder el carácter elitista con el que se ha identificado al arte y la cultura, en muchas ocasiones. “Los propios grupos de interés de la cultura han puesto sus microintereses por encima del interés general, con una falta de colectivismo, perjudicando la capacidad de cabildo y de generar condiciones para lo común. ¿Cuántos trabajadores de la cultura hay en el país? Si en algún momento queremos condiciones particulares para algo, no va pasar nada si somos pocos”, advirtió.

Adriana Salazar, subdirectora de la Escuela de Sociología y coordinadora de la Maestría, ve en las universidades públicas un puente para que estas aspiraciones puedan concretarse. “Debemos promover una gestión de la cultura que sea reconocida no solo localmente, sino también fuera del país y ese es el espacio idóneo para reconectarnos y tejer redes de colaboración”, manifestó.