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Tres veces intentó a ingresar a la UNA y no se le dio. La cuarta fue la vencida: hoy su vida es otra

Tres veces intentó a ingresar a la UNA y no se le dio. La cuarta fue la vencida: hoy su vida es otra

En Los Limones de San Dionisio de Matagalpa, en Nicaragua, el follaje verde que cubre gran parte de la zona, contrasta con la falta de oportunidades. Allí, en esa comunidad rural nació hace 27 años Juan Manuel Dávila Góngora. 

Su madre, Petronila Góngora Castillo, preocupada por la manutención de su hijo, no tuvo más alternativa que migrar. Lo hizo al país vecino de Costa Rica, específicamente al cantón de Pérez Zeledón, donde no conocía nada ni a nadie.

Cuando Juan David cumplió los 10 años también migró. Terminó la primaria aquí y luego la secundaria, en el Liceo de San José del Río, de Sarapiquí. A ese cantón se trasladó su madre luego de trabajar como ama de casa y como cuidadora de niños.

En su etapa de colegio, recuerda el esfuerzo físico de su madre al trabajar, primero en las piñeras y luego en la bananeras. Para ese tiempo ya no solo era él; ya estaban sus dos hermanos menores. Aún hoy, Juan Manuel no entiende cómo hacía su progenitora para sacarlos adelante sola. “Sinceramente, yo no sé cómo hacía, yo estaba en el colegio y mis dos hermanos en la escuela, y ella con un salario muy bajo”.

Pero para doña Petronila, la prioridad era que ellos no abandonaran sus estudios. Al principio, Juan Manuel mostró reticencia. Ingresó a trabajar a las piñeras, igual que su madre, y al poco tiempo supo que debía compensar de alguna manera todo el esfuerzo que ella hiciera por sus hijos en todos esos años. Fue cuando tomó más en serio la idea de no detenerse y continuar sus estudios en la universidad.

Aquella meta fue también una prueba de resistencia y perseverancia. Pensó en Educación Física en la Universidad Nacional (UNA). Una… dos… tres veces lo intentó. Nada; no lograba ser admitido.

“Lo intenté en una cuarta ocasión y cuando al fin lo logré, vi que esa carrera solo la daban en Heredia. Entonces opté por Enseñanza del Inglés y me vine para acá (Campus Nicoya). Literalmente, lo dejé todo botado allá en Puerto Viejo de Sarapiquí,  por seguir mi sueño”, contó Juan Manuel.

Hace cuatro años inició la carrera y hoy es bachiller en Enseñanza del inglés. Su título lo recibió en el gimnasio del campus, el pasado 14 de mayo.

“Mis mejores años”

Los años universitarios de Juan Manuel los describe como “los mejores de mi vida”.

Más allá de su paso por las aulas universitarias y del cumplimiento de la carga académica, este nuevo profesional del área de inglés tuvo una participación activa en proyectos de voluntariado y de extensión en el campus.

Fue a la comunidad de Bolsón en Santa Cruz de Guanacaste a enseñar inglés a habitantes de la comunidad. Tuvo a su cargo la organización de un taller de voleibol, así como un torneo de futsal, fue parte de un programa de voluntariado en la Escuela Deportiva Pedagógica y se encargó del invernadero, una huerta sostenible que tiene la UNA en Nicoya.

La vida misma le enseñó que la mejor forma de agradecer, es entregando. “Desde mi primera experiencia en Bolsón, me ha encantado participar, porque sentí que le estaba devolviendo algo de lo que la universidad me ha dado”.

Reconoce que sin la beca categoría 5, que le permitió la exoneración de los créditos hubiese sido muy difícil avanzar en la carrera. Y sigue sin detenerse: ya está por concluir un proyecto de enseñanza del inglés en Isla Venado, mientras sigue adelante con su licenciatura en Pedagogía con énfasis en Didáctica. 

Entre el público presente aquella mañana de jueves estaba doña Petrolina. El recuerdo de sus luchas y sacrificios tiene su recompensa más grande: ver a su hijo obtener un título universitario, aspirar a un ascenso social, mientras sus otros dos hijos siguen los pasos de Juan Manuel.

No rendirse 

Olman Segura, representante académico ante el Consejo Universitario de la UNA, resaltó que detrás de un título, también hay valentía, lucha y perseverancia, como la que encarna Juan Manuel.

Empero, reconoce que si más estudiantes aspiran a forjarse un nuevo futuro de la mano de la educación, es fundamental defender con firmeza los recursos del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), hoy día amenazados con recortes por parte de las autoridades de Gobierno.

“El FEES no es una cifra o un presupuesto. Son becas, son sedes regionales, son laboratorios, es la extensión, la investigación, es este gimnasio; es la posibilidad de que miles y miles de jóvenes tengan hacia adelante la oportunidad de sentarse donde están hoy ustedes. Defendámoslo. Cuando se debilita el financiamiento de las universidades, también se afectan los sueños y las oportunidades”, manifestó.

En los dos campus de la Sede Regional Chorotega (Nicoya y Liberia), se entregaron durante dos días un total de 373 títulos, en las ceremonias correspondientes al I ciclo. Los actos de graduación se llevaron a cabo el 14 y el 15 de mayo. 

Tres veces intentó a ingresar a la UNA y no se le dio. La cuarta fue la vencida: hoy su vida es otra
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En Los Limones de San Dionisio de Matagalpa, en Nicaragua, el follaje verde que cubre gran parte de la zona, contrasta con la falta de oportunidades. Allí, en esa comunidad rural nació hace 27 años Juan Manuel Dávila Góngora. 

Su madre, Petronila Góngora Castillo, preocupada por la manutención de su hijo, no tuvo más alternativa que migrar. Lo hizo al país vecino de Costa Rica, específicamente al cantón de Pérez Zeledón, donde no conocía nada ni a nadie.

Cuando Juan David cumplió los 10 años también migró. Terminó la primaria aquí y luego la secundaria, en el Liceo de San José del Río, de Sarapiquí. A ese cantón se trasladó su madre luego de trabajar como ama de casa y como cuidadora de niños.

En su etapa de colegio, recuerda el esfuerzo físico de su madre al trabajar, primero en las piñeras y luego en la bananeras. Para ese tiempo ya no solo era él; ya estaban sus dos hermanos menores. Aún hoy, Juan Manuel no entiende cómo hacía su progenitora para sacarlos adelante sola. “Sinceramente, yo no sé cómo hacía, yo estaba en el colegio y mis dos hermanos en la escuela, y ella con un salario muy bajo”.

Pero para doña Petronila, la prioridad era que ellos no abandonaran sus estudios. Al principio, Juan Manuel mostró reticencia. Ingresó a trabajar a las piñeras, igual que su madre, y al poco tiempo supo que debía compensar de alguna manera todo el esfuerzo que ella hiciera por sus hijos en todos esos años. Fue cuando tomó más en serio la idea de no detenerse y continuar sus estudios en la universidad.

Aquella meta fue también una prueba de resistencia y perseverancia. Pensó en Educación Física en la Universidad Nacional (UNA). Una… dos… tres veces lo intentó. Nada; no lograba ser admitido.

“Lo intenté en una cuarta ocasión y cuando al fin lo logré, vi que esa carrera solo la daban en Heredia. Entonces opté por Enseñanza del Inglés y me vine para acá (Campus Nicoya). Literalmente, lo dejé todo botado allá en Puerto Viejo de Sarapiquí,  por seguir mi sueño”, contó Juan Manuel.

Hace cuatro años inició la carrera y hoy es bachiller en Enseñanza del inglés. Su título lo recibió en el gimnasio del campus, el pasado 14 de mayo.

“Mis mejores años”

Los años universitarios de Juan Manuel los describe como “los mejores de mi vida”.

Más allá de su paso por las aulas universitarias y del cumplimiento de la carga académica, este nuevo profesional del área de inglés tuvo una participación activa en proyectos de voluntariado y de extensión en el campus.

Fue a la comunidad de Bolsón en Santa Cruz de Guanacaste a enseñar inglés a habitantes de la comunidad. Tuvo a su cargo la organización de un taller de voleibol, así como un torneo de futsal, fue parte de un programa de voluntariado en la Escuela Deportiva Pedagógica y se encargó del invernadero, una huerta sostenible que tiene la UNA en Nicoya.

La vida misma le enseñó que la mejor forma de agradecer, es entregando. “Desde mi primera experiencia en Bolsón, me ha encantado participar, porque sentí que le estaba devolviendo algo de lo que la universidad me ha dado”.

Reconoce que sin la beca categoría 5, que le permitió la exoneración de los créditos hubiese sido muy difícil avanzar en la carrera. Y sigue sin detenerse: ya está por concluir un proyecto de enseñanza del inglés en Isla Venado, mientras sigue adelante con su licenciatura en Pedagogía con énfasis en Didáctica. 

Entre el público presente aquella mañana de jueves estaba doña Petrolina. El recuerdo de sus luchas y sacrificios tiene su recompensa más grande: ver a su hijo obtener un título universitario, aspirar a un ascenso social, mientras sus otros dos hijos siguen los pasos de Juan Manuel.

No rendirse 

Olman Segura, representante académico ante el Consejo Universitario de la UNA, resaltó que detrás de un título, también hay valentía, lucha y perseverancia, como la que encarna Juan Manuel.

Empero, reconoce que si más estudiantes aspiran a forjarse un nuevo futuro de la mano de la educación, es fundamental defender con firmeza los recursos del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), hoy día amenazados con recortes por parte de las autoridades de Gobierno.

“El FEES no es una cifra o un presupuesto. Son becas, son sedes regionales, son laboratorios, es la extensión, la investigación, es este gimnasio; es la posibilidad de que miles y miles de jóvenes tengan hacia adelante la oportunidad de sentarse donde están hoy ustedes. Defendámoslo. Cuando se debilita el financiamiento de las universidades, también se afectan los sueños y las oportunidades”, manifestó.

En los dos campus de la Sede Regional Chorotega (Nicoya y Liberia), se entregaron durante dos días un total de 373 títulos, en las ceremonias correspondientes al I ciclo. Los actos de graduación se llevaron a cabo el 14 y el 15 de mayo.