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UNA advierte sobre riesgos por mala disposición de baterías y pilas

En febrero del año anterior, un camión recolector de basura de la Municipalidad de Palmares se incendió mientras hacía sus recorridos por las comunidades del cantón. Una publicación en el canal YouTube del gobierno local atribuyó el suceso a un mal manejo de residuos como baterías, que ocasionaron la deflagración.

Este es uno de los riesgos de una inadecuada disposición de este tipo de residuos, de acuerdo con la unidad UNA Campus Sostenible de la Universidad Nacional (UNA). Pero existen más, y todos, muy peligrosos para la salud humana. 

De acuerdo con Susana Méndez, coordinadora de UNA Campus Sostenible, la Ley de Gestión Integral de Residuos, no. 8.893, establece una clasificación especial para este tipo de residuos, al que se le otorga la categoría de “residuo peligroso”.

“Las pilas contienen sustancias tóxicas y peligrosas dentro de su composición, que si no son gestionadas de manera inadecuada se van a liberar. Por ejemplo, nos ha pasado que dejamos una pila en un lugar donde le pega el sol y a los días vemos cómo se desprende un líquido como de herrumbre. Ese líquido contiene mucha toxicidad y nos pone en situación de riesgo”, determinó Méndez.

Metales pesados como mercurio, plomo, cadmio o litio son liberados al ambiente a raíz de prácticas inadecuadas en la manipulación de pilas o baterías. Un contacto directo con ellas pueden exponer a las personas a sufrir padecimientos en riñones, pulmones, sistema neurológico o incluso quemaduras.

Por ejemplo, las baterías son las responsables del 93% del mercurio y del 48% del cadmio que está presente en los residuos sólidos, mientras que una sola pila AA puede contaminar hasta 400 litros de agua y mantener la sustancias tóxicas hasta por 50 años.

El consejo fundamental que hace Méndez es que cuando una pila o batería se va a desechar, no puede mezclarse con otro tipo de residuos. “Este tipo de sustancias que son altamente dañinas, una vez que se liberan al ambiente, tienen la cualidad de que la naturaleza no tendrá la capacidad de degradarlas, como sí hace la materia orgánica”, indicó.

Una pila, por sí sola, puede tardar entre 500 y 1.000 años para desparecen físicamente, aunque sus componentes de toxicidad pueden permanecer en el ambiente durante mucho tiempo más.

Bioacumulación

Parte del ciclo de riesgos de una mala práctica en este tema es que se materialice, lo que Méndez denomina una bioacumulación, que traspase la contaminación a lo largo de la cadena alimentaria.

La bioacumulación es un efecto en cadena. “Si hay contaminación en el agua por una de estas sustancia tóxicas, pueda ser que se adhiera a alguna planta. Entonces, un pez pequeño puede que se coma esa planta y guardan el material en su organismo. Luego viene otro animal más grande y se come a ese pez y a otros más que también lo ingirieron y así sucesivamente, subiendo en la cadena alimentaria, hasta que llegue a los seres humanos”, detalló. 

Frente a este fenómeno, Méndez compartió algunas recomendaciones de cómo proceder con una adecuada disposición.

1.     Realizar una separación entre baterías y pilas con respecto a otro tipo de residuos.

2.     Depositarlos y acumularlos temporalmente en recipientes como botellas, pero sin acumular mucha cantidad de unidades.

3.     Vigilar que ese almacenamiento temporal no esté expuesto al sol, a la humedad o en sitios donde haya fuentes de calor, para evitar accidentes o emergencias o que pueda liberar líquidos.

4.     En el caso de las baterías de litio, se recomienda colocarle cintas en los puntos de contacto para evitar posibles cortocircuitos. 

5.     Buscar información desde la página del Ministerio de Salud o de la municipalidad de su correspondencia sobre campañas de recolección de residuos especiales.

“Las baterías no son un residuo fácil. No todo el mundo las recibe y no en todas las campañas se tratan porque hay pocas empresas con la capacidad adecuada de gestionarlos. Por ejemplo, en algunas actividades de recolección de residuos eléctricos y electrónicos se reciben, pero es mejor consultar de previo”, manifestó Méndez. 

Desde UNA Campus Sostenible la recomendación general es evitar, en la medida de lo posible, el uso de equipos que requieran baterías, sobre todo, sin son desechables. 

“Una vez que se consumió la batería y no se puede recargar, no se puede alargar la vida útil. Entonces, hay que tratar de no adquirir equipos que requieran el uso de baterías externas para no tener que gestionar ese residuos, porque recordemos que el generador es a su vez el responsable de gestionarlo”, indicó la coordinadora de UNA Campus Sostenible. 

Estos consejos de parte de esta unidad, adscrita a la Rectoría de la UNA, se dan como parte del cierre de junio, como mes del ambiente.