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En un mundo de incertidumbres, ¿qué les preocupa a los jóvenes universitarios?

Desde los efectos del cambio climático, hasta la participación de las mujeres en los espacios de decisión global y el auge de la carrera armamentística y nuclear. Estos y otros temas no solo ocupan la realidad de un mundo en constante cambio, sino que son parte de las preocupaciones de jóvenes universitarios.

La simulación que realiza la Escuela de Relaciones Internacionales con sus estudiantes permite conocer de primera mano el sentir de muchos de ellos sobre la agenda global. Se trata de la actividad que organiza esta unidad académica cada año para simular una sesión de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) y donde cada estudiante es parte de la delegación de un estado. 

La cuarta edición de la simulación ERI se llevó a cabo en el auditorio Cora Ferro Calabrese, del Centro Universitario Emilia Prieto Tugores, durante el 12 y 13 de octubre. Las temáticas centrales fueron acerca de la seguridad cibernética en materia nuclear y la seguridad internacional con enfoque en derechos humanos y género.

Para Aarón Montero, estudiante de la carrera de Relaciones Internacionales, la proliferación nuclear y el eventual uso para fines bélicos, “es un peligro latente para nuestra realidad”.

Con él coincidió su compañero Kevin Loza, estudiante de tercer año de la carrera, para quien la persistencia de un mercado ilícito de material nuclear reaviva las preocupación sobre la defensa de intereses particulares, por encima del bienestar común.

 “Existe una dicotomía entre la diplomacia pública de estos países en contra de la proliferación de armas nucleares y las fugas de un mercado ilícito, donde se demuestra que ellos mismo no pueden garantizar la seguridad sobre estos recursos. Sabemos qué pasa en Asia, en África, pero las medidas de control fronterizo son laxas, casi nulas”, detalló.

Justamente, uno de los puntos que los estudiantes abordaron durante la simulación fue el tráfico ilegal. Parte de las propuestas que plantearon en la sesión fue la cooperación aduanera, regulatoria y de seguridad, así como la creación de mecanismos de cumplimiento y trazabilidad de materiales peligrosos.

Además, instaron a los estados a incluir el análisis radiológico en sus planes nacionales de emergencia y fortalecer el control en fronteras  mediante asistencia técnica de la OIEA y de la cooperación internacional. Son conscientes que ese mercado ilícito tiene riesgos militares y peligros para la salud humana.

No es un tema ficcionado. De acuerdo con la Base de Datos sobre Incidentes y Tráfico Ilícito (ITDB) de la OIEA, desde 1993 se han registrado 4.600 incidentes anuales de materiales nucleares o radiactivos que han quedado fuera de controles reglamentarios. En el 2025 se reportaron 236 accidentes. La cifra para el año anterior supera lo reportado entre 2019 y 2023, en la contabilidad anual.

Jennifer Dennis, estudiante del Politécnico Calasanz La Romana, de República Dominicana, participó en la simulación. Considera que los países de América Latina y el Caribe deben promover un uso pacífico de la energía nuclear, que promueva la ciencia y la investigación. 

A sabiendas que 33 países de la región son firmantes del Tratado de Tlatelolco, que estableció una zona libre de armas nucleares para América Latina, la estudiante reconoció el peso que tiene la región en la discusión global, “aunque muchos países no quieren abrirse a nuevas negociaciones por miedo a que se utilice la energía nuclear en su contra”.

El mundo de las policrisis

Los estudiantes universitarios que participaron de la simulación reconocen que el mundo se mueve actualmente entre distintas crisis que avanzan o retroceden de manera simultánea.

Además del tema nuclear, a Aarón Montero le preocupa el aumento en la cantidad de conflictos armados civiles que ocurren en distintos rincones del planeta. Ya no solo se refiere a lo que ocurre en Ucrania y Rusia, o en Irán, sino a situaciones en otras latitudes. “Lo que pasa en África o en América Latina, con el tema de los cárteles, es algo que debería ser tratado multilateralmente”, sugirió.

Aunque no se trate de un tema concreto, a María Isabel Araya, estudiante de la carrera de Relaciones Internacionales, le genera inquietud la escasa comunicación que imposibilita el diálogo constructivo entre países o regiones.

Al igual que a su compañero Aarón, observa cómo la violencia ocupa espacios relevantes dentro de la sociedad, “y de maneras en las que no se hubiera previsto que ocurriera”. Asimismo, vincula los problemas sociales de la sociedad actual “con el ascenso de la extrema derecha y sobre todo, la afectación para los derechos de las mujeres”.

Por su parte, Ashley McField estima que en la discusión global de temas relacionados con la seguridad y el rearmamento se están dejando por fuera inversiones en educación, en ciencia y tecnología. “Creo que esto es esencial, pues no me parece que sean las armas nucleares las que reemplacen el desarrollo de cada país”, indicó la estudiante, quien además ve necesaria una mayor participación de mujeres en organismos multilaterales donde ellas cuenten con poder de negociación. 

Ese acercamiento directo con la realidad y los problemas que atraviesa el mundo es parte fundamental del proceso formativo de los estudiantes, según indicó Kristy Crawford, académica de la Escuela de Relaciones Internacionales, que lidera esta actividad. “El verdadero éxito de nuestra simulación no se medirá solo por lo que ocurra en las salas , sino también por lo que nuestras juventudes decidan hacer con lo aprendido cuando regresen a sus colegios, universidades y comunidades”, indicó.

La simulación no solo convoca a estudiantes universitarios, sino también de colegios. Ruth Barrientos, docente del Colegio Vocacional Monseñor Sanabria de Desamparados, destacó que iniciativas como estas les permiten a los jóvenes desarrollar competencias blandas que serán indispensables al momento de salir al mercado laboral. “Se sabe que después de la pandemia los jóvenes no fueron los mismos, y hubo habilidades sociales que se perdieron. Entonces, estos tipos de eventos hace que ellos tengan que salir de su caparazón”.

Para esta cuarta edición, participaron estudiantes de la UNA de los campus Omar Dengo, Benjamín Núñez y de Sarapiquí, así como de la Universidad de Costa Rica. Además, se sumaron 10 centros educativos públicos y privados de secundaria, de la Universidad de San Carlos de Guatemala y del Politécnico Calasanz La Romana, de República Dominicana.