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Dos caminos, cuatro reconocimientos

Perla Topacio Villagrán Alvarado y Karla Brenes Coronado recibieron cuatro distinciones cada una durante el acto de Estudiante Distinguido de la Universidad Nacional. Sus historias hablan de largas jornadas, dificultades económicas, vocaciones firmes y familias que estuvieron presentes en los momentos decisivos.

Cada mañana, Perla Topacio y Karla comenzaban su jornada. Una salía de Aserrí; la otra, de Cartago. Durante sus años universitarios, ambas convirtieron la distancia, el cansancio y las exigencias académicas en parte de una rutina que las condujo hasta un mismo escenario.

Este 27 de agosto, las dos recibieron cuatro reconocimientos durante el acto de Estudiante Distinguido de la Universidad Nacional (UNA), durante una ceremonia que rindió homenaje a más de 200 estudiantes por su desempeño académico, liderazgo, compromiso social, servicio universitario, o buenos resultados en el arte y el deporte.

Detrás de las distinciones hay historias distintas. Perla heredó la vocación por el arte de su madre; Karla se decantó por la niñez y la psicología durante su formación profesional. En ambas, su perseverancia encontró respaldo en las personas que estuvieron cerca.

 ¿Quién es Perla?

Desde Salitrillos de Aserrí, Perla emprendió durante años los desplazamientos hacia Heredia para estudiar la Licenciatura en Enseñanza del Arte y Comunicación Visual.

Su trayectoria le permitió obtener cuatro distinciones: Mejor Promedio 2025 de las carreras del Centro de Investigación, Docencia y Extensión Artística (CIDEA), Mejor Promedio de Grado 2025, Mención al Mérito Estudiantil en el Área Artística 2025 y Mejor Promedio de Carrera 2025.

Para Villagrán Alvarado, esos reconocimientos son compartidas. “No es solo un reconocimiento para mí, sino también para todas las personas que han estado conmigo: mi familia, mi pareja, mis amigos, mis compañeros e incluso mis profesores”, afirmó.

Procedente de una familia de bajos recursos económicos, contó con becas y asistencias estudiantiles para completar su formación. En la universidad participó en actividades artísticas y culturales, y en su comunidad se integró a la Banda Municipal de Aserrí.

El vínculo con otras manifestaciones del arte también nació en casa; ahí aprendió a coser y a identificar quién era su referente. “Mi mamá no solamente es mi mamá, sino también una amiga y una compañera; ella me ha enseñado muchísimo sobre arte y, de hecho, es mi inspiración para estudiar esta carrera”, expresó.

Las jornadas extensas y las responsabilidades académicas pusieron a prueba su resistencia, pero también reforzaron una convicción: la formación universitaria no puede medirse únicamente por un resultado académico. “Esto no es solamente un reconocimiento en papel, también representa cómo es uno como persona y como profesional”, señaló.

A quienes comienzan la universidad les recomienda mantener claros sus objetivos, no rendirse ante las dificultades y evitar que la presión por alcanzar una determinada calificación les haga perder de vista el propósito de su formación.

Ahora conozcamos a Karla

Para Karla Brenes Coronado, llegar a la UNA significó recorrer durante años una rutina marcada por los viajes entre Cartago y Heredia.

A sus 23 años, la estudiante de Psicología del Campus Omar Dengo obtuvo el mejor promedio de la licenciatura en Psicología, mejor promedio de grado, mejor promedio de la Facultad de Ciencias Sociales, y mejor promedio de todas las carreras de la UNA. “Nunca pensé en recibir un reconocimiento como este”, confesión incrédula.

Las exigencias de la carrera y las horas de traslado hicieron más demandantes algunas etapas de su formación. Hubo momentos de estrés e incertidumbre en los que cuestionó sus propias capacidades, aunque nunca consideró abandonar. “Estudiar Psicología era el sueño que quería cumplir”, afirmó.

La formación en Psicología también modificó la manera en que Karla observa su entorno. La carrera le permitió conocer otras realidades, desarrollar la capacidad de escuchar y cuestionar ideas que había asumido como propias.

Su sobrino le despertó un interés particular por el desarrollo infantil y esto fortaleció su deseo de trabajar para que niñas y niños crezcan en espacios seguros, respetuosos y libres de violencia.

Durante el acto, el rector de la UNA, Jorge Herrera Murillo, recordó que el reconocimiento a la excelencia universitaria también contempla las circunstancias que cada estudiante debe superar para alcanzar sus metas. “La excelencia entendida de manera plena no consiste en no tener obstáculos; consiste en no renunciar a la posibilidad de crecer frente a ellos”, expresó.

También destacó el papel de las familias, amistades, docentes y demás personas que acompañan a los estudiantes en las etapas más difíciles.

Perla y Karla llegaron a la ceremonia desde dos puntos distintos del país y con motivaciones profesionales diferentes. A la primera le espera un espacio donde expresar su arte y perpetuar una herencia familiar; a la segunda, el reto de comprender su entorno y proyectar su trabajo hacia la niñez.