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Costas más caras: mayoría de costarricenses percibe un aumento de precios

Destinar un fin de semana a vacacionar en cualquier playa de nuestro país lleva consigo el pensamiento de que adquirir bienes y servicios en esos lugares le saldrá más caro que antes. 

El informe Percepciones de la población en Costa Rica sobre el desarrollo turístico e inmobiliario en la comunidades costeras revela cómo para una gran mayoría de nacionales consumir alimentos, hospedarse en hoteles o cabinas y hasta adquirir propiedades en las costas representan un gasto mayor para las familias. El estudio estuvo a cargo del Programa Interdisciplinario Costero (PIC) del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo) de la Universidad Nacional (UNA). 

Por ejemplo, en el ítem “productos alimenticios y de consumo básico” la percepción de un aumento de precios supera la barrera del 80% entre los encuestados, mientras que “actividades recreativas”, “sodas y restaurantes”, “hospedajes en hoteles, cabinas, Airbnb” y “transporte público y privado” oscilan con pensamientos similares que rondan entre el 75% y el 80%. 

Sin embargo, la nota más alta la obtienen las propiedades inmobiliarias: un 85% estima que el precio de venta se ha incrementado. “En el contexto costarricense, las transformaciones del mercado inmobiliario de Guanacaste evidencian una plusvalía desmedida, registrando incrementos de hasta un 400% en el valor del suelo entre el 2020 y 2023, debido a la especulación financiera y la compra de terrenos por capital transnacional”, indica el estudio.

A pesar de lo anterior, un 63.9% de los encuestados percibe un crecimiento de la infraestructura inmobiliaria en las regiones costeras, sobre todo, después de la pandemia. Sobre el tipo de construcciones, los hoteles y cabinas, las percepciones ciudadanas superan el 50%; las casas y condominios de lujo el 40%. 

Estas apreciaciones van de la mano con la idea creciente de que algo está cambiando en las costas. Un 45% de la muestra le otorga una etiqueta de “mucho” a ese cambio, mientras que un 13.9% considera que las variaciones han sigo poco significativas. 

Entre quienes asocian dichos cambios con aspectos puntuales, un 10.7% lo ve en el “impacto económico y el empleo”, seguido de un 7.8% que lo percibe en el “desarrollo de infraestructura”. Un 7.6% considera que es por el “aumento del turismo” y un 6.5% en el “incremento de precios y costo de vida”. Un 10.6% no percibe cambios y un 9.9% prefirió la opinión de “todo sigue igual”.

Para dos terceras partes de la población (66.4%) la principal actividad económica que ha crecido en las costas es la de los hoteles. Le siguen los restaurantes por encima de un 50% y mucho más atrás, los supermercados o tiendas, por debajo del 20%. 

“En conjunto, estas respuestas muestran que la población asocia las transformaciones recientes de las zonas costeras con cambios en las actividades económicas, turísticas e inmobiliarias”, indica el informe.

Sobre la gentrificación 

El PIC del Idespo determinó en esta encuesta que el término “gentrificación” continúa siendo poco conocido. Un 71.9% manifestó no estar familiarizado con este concepto.

Empero, a mayor educación universitaria, más conocimiento se tiene al respecto. Un 62% de personas con estudios superiores así lo refuerza, frente a solo un 8% de la población encuestada que dice conocer el término y que posee secundaria incompleta o menos. 

¿Cómo se asocia el concepto de gentrificación? Un 27.8% lo hace con “desplazamientos de la población local por extranjeros”, un 19.9% con la “compra de propiedades por extranjeros” y un 13.5% con la “transformación económica y social”. Inclusive, un 86.4% percibe a su vez un aumento en la cantidad de residentes extranjeros en las zonas costeras.

Las transformaciones que experimentan las costas, a la luz de los resultados de este informe, determina que para un 44.3% de los entrevistados existan ahora más limitaciones en el acceso a las playas. Un 16% opina que, incluso, dicha accesibilidad está prohibida. 

El informe también hizo una segregación para determinar las opiniones de quienes viven en las costas. De esta manera, se concluye que un 47.9% dice haber vivido en estas zonas durante los últimos 30 años. Por el contrario, un 10% aseguró residir desde hace cinco años o menos.

En cuanto a la distancia de sus casas a la línea de la playa, un 82% manifestó que se ubica a 400 metros o más. Solo un 7.3% confirmó vivir a menos de 200 metros de la costa.

Con respecto al desplazamiento residencial en zonas costeras, motivado por los altos costos de vida asociados con la actividad turística, un 32.6% dice conocer al menos un caso de abandono de vivienda por estas razones.

Si se trata de valorar el papel que cumplen las instituciones públicas en los territorios costeros, la satisfacción más alta la tienen el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) con una nota superior al 80%, seguida del Instituto Costarricense de Turismo (ICT) con un 70%. En contraposición, la Asamblea Legislativa y los gobiernos locales no alcanzan ni siquiera el 30% de aprobación.

Aunque el tema del agua y disponibilidad es un tema recurrente, sobre todo en zonas costeras, la encuesta recoge que siete de cada diez personas no enfrentan problemas con el acceso al líquido. Entre quienes sí señalan algún grado de dificultad, un 45% lo determina por causa del abandono institucional.

A modo de conclusión, la investigación establece que la transformación en las zonas costeras se percibe como un proceso “complejo, dinámico y multidimensional”, en el que interactúan factores económicos, turísticos, inmobiliarios, sociales y ambientales.

Asimismo, los investigadores “evidencian la necesidad urgente de formular e implementar políticas públicas de ordenamiento territorial inclusivas, que regulen el desarrollo inmobiliario-turístico. Se requiere garantizar procesos de consulta comunitaria vinculante, la protección de bienes comunes (como el acceso público a las playas) y la cobertura sostenible de los servicios públicos esenciales”. 

La recolección de datos de la encuesta se realizó entre el 12 y el 20 de noviembre de 2025. La muestra constó de 966 entrevistas válidas con un error máximo de 3,2 puntos porcentuales hacia arriba o abajo y con un nivel de confianza del 95%.