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CIDE: resultados de PISA 2025 exigen decisiones, no conformismo

El centro de la UNA pide una política de Estado que garantice recursos, formación docente y oportunidades de aprendizaje para todo el estudiantado.

Para el Centro de Investigación y Docencia en Educación (CIDE) de la Universidad Nacional, los resultados de PISA 2025 reflejan las oportunidades educativas que el país ha construido, las brechas que aún no logra cerrar y las decisiones que debe tomar ahora para proteger su futuro.

Estos resultados expresan el esfuerzo del estudiantado, del personal docente, de las familias y de las comunidades educativas que sostuvieron la enseñanza y el aprendizaje frente a huelgas, interrupciones del curso lectivo y la pandemia de COVID-19.

La educación produce resultados acumulativos y de largo plazo. Las capacidades que observamos hoy son, en parte, réditos de decisiones presupuestarias y pedagógicas tomadas durante años. Del mismo modo, los recortes del presente tendrán consecuencias que podrían manifestarse cuando sea más difícil y costoso revertirlas.

El CIDE valora que PISA 2025 represente a una población más amplia y diversa, gracias a la participaron 6 881 estudiantes de 202 centros públicos y privados, urbanos y rurales, una muestra equivalente al 73% de la población costarricense de 15 años. Este aumento respecto de 2015 es un logro nacional, puesto que más adolescentes permanecen en el sistema y la evaluación incorpora mayor diversidad territorial, socioeconómica y educativa. Costa Rica debe sostener esta inclusión y convertirla en oportunidades reales y equitativas de aprendizaje.

La mejora en Ciencias es la primera estadísticamente significativa registrada por Costa Rica en esta área desde su incorporación a PISA. En Lectura, el país pasó de 415 puntos en 2022 a 416 en 2025 y, en Matemáticas, de 385 a 387. Estas variaciones reflejan estabilidad, no una mejora sustantiva.

Año

Ciencias

Lectura

Matemáticas

2010

430

443

409

2015

420

427

400

2022

411

415

385

2025

424

416

387


La comparación histórica impide una lectura triunfalista, pues si bien Ciencias recuperó terreno frente a 2022, Lectura y Matemáticas continúan por debajo de 2010 y 2015. Además, solo el 30% del estudiantado costarricense alcanzó al menos el nivel básico en Matemáticas, frente al 65% promedio de la OCDE. En Lectura lo logró el 53%, frente al 69%, y en Ciencias el 56%, frente al 74%. En términos concretos, siete de cada diez estudiantes todavía no alcanzan el nivel básico en Matemáticas.

El desafío nacional no consiste únicamente en mejorar un promedio o una posición internacional. Consiste en garantizar que cada estudiante, con independencia de su territorio o condición social, desarrolle los aprendizajes fundamentales y las capacidades científicas, ciudadanas, culturales y digitales necesarias para participar plenamente en la sociedad.

Los propios datos de PISA confirman que los resultados educativos no dependen solamente del esfuerzo individual. El 68% de la población evaluada asiste a centros cuyas direcciones consideran que la falta de materiales dificulta la enseñanza; el 64% estudia en instituciones donde las deficiencias de infraestructura obstaculizan el aprendizaje; el 55% se encuentra en centros afectados por falta de personal docente y el 52% en instituciones con insuficiencia de personal de apoyo.

No puede exigirse excelencia educativa mientras docentes y estudiantes trabajan sin materiales suficientes, conectividad pertinente, laboratorios adecuados, bibliotecas actualizadas, infraestructura segura, ambientes inclusivos y el personal necesario. El compromiso de las comunidades educativas es indispensable, pero no puede sustituir la responsabilidad del Estado de garantizar las condiciones para enseñar y aprender.

Por ello, Costa Rica debe preguntarse con responsabilidad: ¿qué resultados espera obtener dentro de cinco, diez o quince años si hoy reduce los recursos destinados a la educación? ¿Cómo pretende cerrar las brechas de aprendizaje si debilita precisamente las condiciones materiales, pedagógicas y laborales que permiten hacerlo?

PISA 2025 no justifica recortes presupuestarios; por el contrario, advierte sobre la urgencia de fortalecer la inversión educativa y orientarla estratégicamente. Ampliar la cobertura sin garantizar recursos y apoyos suficientes permite que más estudiantes ingresen y permanezcan en el sistema, pero no asegura plenamente su derecho a aprender y concluir con éxito su trayectoria educativa.

El país necesita transformar esta evidencia en decisiones sostenidas: a) recuperar progresivamente la inversión pública; b) atender la infraestructura; garantizar materiales, tecnologías, bibliotecas y laboratorios; c) brindar apoyos diferenciados a las poblaciones con mayores desigualdades; y d) fortalecer las capacidades profesionales de quienes tienen la responsabilidad cotidiana de educar.

Costa Rica cuenta con una fortaleza importante: el 86% del estudiantado señala que su profesorado muestra interés por el aprendizaje de cada estudiante, frente al 69% promedio de la OCDE. Si el país aspira a mejorar PISA y, sobre todo, el desempeño educativo en todas las asignaturas, necesita docentes excelentes. Pero la excelencia docente no puede descansar únicamente en la vocación individual, sino que debe construirse y sostenerse mediante formación rigurosa, acompañamiento profesional, estabilidad laboral, tiempo para la planificación y condiciones dignas para enseñar.

El CIDE llama al país a alcanzar un acuerdo educativo nacional que trascienda los ciclos gubernamentales. Costa Rica necesita una política de Estado, financiamiento suficiente, continuidad institucional y responsabilidades compartidas. Para avanzar en esa dirección es indispensable:

•             Recuperar y proteger la inversión educativa. Detener su caída y establecer una ruta gradual, sostenible y verificable que garantice infraestructura segura, alimentación estudiantil, conectividad, tecnologías, bibliotecas, laboratorios, materiales y personal suficiente. 

•             Convertir los aprendizajes en una prioridad nacional. Impulsar una estrategia sostenida para fortalecer Ciencias, Matemáticas, Lectura y Escritura desde los primeros años, con metas claras, seguimiento público y apoyos diferenciados para los centros, territorios y poblaciones que enfrentan mayores brechas.

•             Adoptar una política nacional de formación docente. Articular la formación inicial, los procesos de selección e ingreso, la inducción profesional, el acompañamiento pedagógico y la formación continua a lo largo de la carrera profesional. Esta política debe basarse en evidencia, responder a las necesidades de cada territorio y disciplina, promover la innovación y el trabajo colaborativo, reducir las cargas administrativas y asegurar condiciones laborales dignas y estables.

•             Convertir la inclusión en oportunidades reales. Asegurar que permanecer en el sistema signifique contar con las condiciones necesarias para aprender, participar y avanzar, atendiendo las desigualdades sociales, económicas, culturales, territoriales y educativas. La cobertura es un logro que debe sostenerse; la calidad y la equidad son el compromiso que debe cumplirse.

•             Construir una gobernanza educativa de largo plazo. Articular al Ministerio de Educación Pública, las universidades públicas, las comunidades educativas, las organizaciones profesionales y otros actores sociales para tomar decisiones basadas en evidencia, dar continuidad a las políticas y rendir cuentas sobre sus resultados.

Los avances de PISA 2025 deben ser un punto de partida, no una razón para conformarnos. Invertir en educación es construir las capacidades científicas, ciudadanas, culturales y productivas con las que Costa Rica enfrentará el futuro. Sus frutos se manifiestan años después en personas mejor preparadas, mayor cohesión social, innovación, productividad y fortalecimiento democrático.

Las oportunidades de las próximas generaciones dependerán de lo que decidamos hacer ahora. Costa Rica debe definir qué proyecto de país desea construir y actuar en consecuencia. Reducir sostenidamente la inversión educativa limita las oportunidades presentes, erosiona capacidades construidas durante décadas y compromete el desarrollo futuro. La educación que tendremos mañana se está financiando y transformando desde hoy.