*Viernes Científico
El pasado 6 de agosto, la Plaza de la Democracia se vio abarrotada de cientos de personas que salieron en defensa de la independencia del Poder Judicial y la división de poderes. Pero un proyecto de la Escuela de Filosofía de la Universidad Nacional (UNA) considera vital abrir el prisma de análisis sobre los factores que pueden vulnerar la democracia y que van más allá de los objetivo del conocido “plantón”.
El proyecto Repensar la filosofía pública: de la ética en la gestión pública a la resiliencia democrática, de los académicos Esteban Aguilar, Sara Mora y Diana Solano, escudriña en otros factores políticos, económicos y sociales que pueden desestabilizar el sistema democrático de un país como Costa Rica.
La investigación nace a raíz de una propuesta presentada por el catedrático José María Hernández Losada, de la Universidad Estatal a Distancia de España. Él invitó a los académicos de la UNA a desarrollar el tema, del cual se elaborará un libro que se presentará el próximo año.
Dividido en tres capítulos, la publicación aborda los elementos sustantivos que dan vigor a una democracia: los índices internacionales, la desigualdad social y económica, el rol de las instituciones públicas, el impacto comunicacional de las redes sociales, la lucha contra la corrupción y las amenazas del cambio climático.
Para Aguilar es necesario que el país profundice la discusión nacional sobre el término democracia. Dentro de su análisis, acude a indicadores como el Índice de Democracia de la revista The Economist, la cual destaca a Costa Rica como una “democracia plena”, y la ubica en segundo lugar de América Latina.
También lo hace con el índice del Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo. El resultado más reciente, de este año, ubica al país en la posición número siete en el mundo. “Pero más allá de que podamos pensar en que existe división de poderes, participación política, pluralismo, no se refleja en estos índices, por ejemplo, la desigualdad social. Y una democracia plena no debería mostrar una incompatibilidad entre democracia y desigualdad”, reflexionó Aguilar.
Lo mismo ocurre con los indicadores que miden el estado de la libertad de expresión en el país. En este ámbito, Costa Rica ha mostrado importantes retrocesos como lo demuestra el índice de Reporteros Sin Fronteras (RSF). El país ocupaba, en el 2022, la posición número ocho con una puntuación de 85.92 (situación buena); para el 2026, bajó al puesto 38 con una calificación de 72.35 y una “situación problemática”.
Instituciones y redes sociales
El papel que juegan instituciones claves en la configuración del modelo solidario de la sociedad costarricense también se debe analizar. Son los casos de la Caja Costarricense de Seguro Social y el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).
“Deberíamos cuestionarnos cómo el debilitamiento de la Caja influye a su vez en un deterioro de la democracia”, indica Aguilar, en momento en que las listas de espera aumentan, mientras servicios, como el de resonancias magnéticas, fue incluso intervenido esta semana por los atrasos en resultados y diagnósticos.
Otro elemento esencial en la formación (o deformación) democrática es el rol que desempeñan las redes sociales. “Aquí entran en juego las estrategias de comunicación política que generan altos índices de desinformación, incentivan el analfabetismo político y cómo utilizan el miedo y el odio para impulsar ciertas emociones entre los usuarios”, enfatizó Aguilar, subdirector de la Escuela de Filosofía.
Para el académico, existe una intencionalidad detrás de la propagación de una noticia falsa. Incluso, aunque exista una retractación, los efectos devastadores ante la opinión pública ya pudieron consumarse. La utilización de troles busca a su vez la reafirmación de creencias falsas, activando lo que el académico llama el “filtro burbuja”.
Lo anterior ocurre, de acuerdo con el académico, cuando el algoritmo empieza a mostrarle al usuario páginas que refuerzan de manera sistemática la creencia falsa y elimina otras que lo contradicen. “¿Qué pasa cuando me empiezan a mostrar un montón de publicaciones que dicen lo mismo que yo pienso? Me convenzo de que es cierto. Es como gritar para escucharse a uno mismo”, agregó.
Este es el caldo de cultivo para la proliferación de discurso de odio que da pie a la polarización política y social. El Informe sobre Discursos de Odio y Discriminación 2025 de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para Costa Rica reveló que en el país se detectaron hasta 2,1 millones de mensajes de odio, un incremento del 16% con respecto al 2024 y del 400% desde el 2021.
En otro apartado del proyecto se hace un análisis de la normativa legal que ampara al país en la lucha contra la corrupción. Este, incluso, fue uno de los temas que el Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (Cinpe) de la UNA trató en un encuentro de investigación.
A partir de una investigación de Alejandro Hernández Luis, de la Facultad Latinoamericana en Ciencias Sociales (FLACSO) Ecuador, se detalla que Costa Rica está en una posición “desviada” en la percepción ciudadana sobre la corrupción. Eso significa que aunque se han aprobado leyes, los costarricenses piensan que se hace poco para prevenir y sancionar este tipo de actos, lo que afecta la confianza.
Finalmente, el proyecto pone en perspectiva los efectos del cambio climático sobre la democracia. De acuerdo con la investigadora Sara Mora, los instrumentos que se han gestado para la protección del ambiente, no siempre consideran la justicia ambiental.
Para Mora, existen dos direcciones que se deben considerar: una es la reducción de gases de efecto invernadero (GEI) y la otra, la preparación ante la ocurrencia de desastres naturales. “¿Qué tan preparados estamos? Ese es un tema que no parece ser suficiente. Hace falta más compromiso con la comunidades, más preparación; que las personas sepan cuáles medidas tomar. Eso fortalece el tejido social”, destacó Mora.
La realidad le da la razón. Los efectos de la reciente onda tropical que afectó al país, golpeó a comunidades rurales de Sarapiquí, en Heredia y a Limón, principalmente, lo cual demuestra la situación de vulnerabilidad presente.
Para Esteban Aguilar, la forma de profundizar en estos conceptos asociados con la democracia radican en la educación. Incluso, no solo la que se brinda en las universidades, sino desde la formación en edades tempranas, en otras estrategias pedagógicas que se impulsen desde la sociedad civil o en proyectos de educación popular.
“Eso nos puede llevar, por ejemplo, a entender cuándo se está ultilizando de manera irresponsable el término de golpe de estado, con tal de generar una reacción en la población. Es ahí donde la formación y alfabetización democrática debe aumentar”, agregó.