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Criterios


Acuerdo Transpacífico, ni amenaza ni panacea

Dra. Rosemary Hernández Pereira

La reciente conclusión de las negociaciones para la incorporación de Costa Rica al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) ha reanimado una discusión nacional que acompaña al país desde hace décadas: ¿hasta dónde debe abrirse nuestra economía al comercio internacional? 

Esta pregunta ha estado presente en muchos foros y la respuesta se ha orientado hacia dos extremos: la apertura o el proteccionismo, ambos en absoluto, como si no hubiese posibilidades de buscar equilibrios entre lo que se gana y se pierde.

La evidencia práctica demuestra que ningún acuerdo comercial genera únicamente ganadores o perdedores. En las relaciones comerciales se gana y se pierde. Lo importante es que un país esté preparado para potenciar las oportunidades y, al mismo tiempo, resguardar y robustecer los sectores que enfrentarán mayores riesgos.

Costa Rica cuenta con una de las redes de acuerdos comerciales más amplias de América Latina y ha consolidado sectores altamente competitivos en manufactura avanzada, dispositivos médicos, servicios empresariales y tecnologías de información, evidencia de que ha construido buena parte de su estrategia de desarrollo sobre la apertura comercial.  

El liderazgo que hoy ostenta Costa Rica en sectores como los dispositivos médicos, las tecnologías de la información y los servicios intensivos en conocimiento no nació de un tratado comercial ni de una decisión aislada; es el fruto de más de 30 años de trabajo continuo, inversión en educación, fortalecimiento de capacidades técnicas, atracción estratégica de inversión extranjera y construcción de una institucionalidad que ha acompañado y respaldado el desarrollo productivo del país. 

Detrás de cada exportación de alta tecnología existe una historia de formación de talento humano, de universidades que preparan profesionales competitivos y de instituciones públicas y privadas que han trabajado de manera coordinada para insertar al país en actividades de mayor valor agregado. 

La lección es clara: los sectores exitosos de hoy son el resultado de décadas de preparación. Los dispositivos médicos se han convertido en el principal producto de exportación; Costa Rica ha alojado a más de 90 empresas multinacionales del sector, muchas de ellas líderes mundiales en innovación tecnológica. No hay duda que la inserción internacional, cuando se acompaña de políticas adecuadas, puede generar empleos de calidad, transferencia tecnológica e inversión extranjera.

En este contexto, el CPTPP ofrece oportunidades que trascienden la reducción arancelaria. El acuerdo favorece la relación comercial de Costa Rica con economías muy dinámicas y facilita la integración del país a nuevas cadenas globales de valor mediante mecanismos como la acumulación de origen, por lo que empresas instaladas en Costa Rica podrían utilizar insumos procedentes de distintos países miembros del bloque y recibir el acceso preferencial a mercados de gran tamaño. Esta es una posibilidad real para sectores intensivos en conocimiento, innovación y manufactura avanzada.

Sin embargo, es fundamental revisar también los riesgos asociados, identificar dónde tenemos que fortalecernos o, incluso, hacer transformaciones para competir.

Las inquietudes planteadas por organizaciones agropecuarias, nuestras universidades y diversos sectores productivos merecen atención. Se ha señalado que productores nacionales podrían enfrentar condiciones de competencia difíciles frente a economías agrícolas altamente eficientes como Australia, Nueva Zelanda o Vietnam, en actividades como la producción de leche, arroz, caña de azúcar y otros productos agropecuarios. Justo ahí es donde hay que detenerse. Esta situación no surge solo de la apertura comercial, es necesario reconocer que este sector enfrenta problemas estructurales internos como los altos costos de producción, las dificultades logísticas, el acceso al financiamiento y la apreciación cambiaria. 

A diferencia de los sectores de alta tecnología, que durante décadas han contado con políticas consistentes de atracción de inversiones, desarrollo de talento humano y acompañamiento institucional, buena parte del sector agropecuario costarricense no ha recibido un apoyo equivalente para enfrentar los retos de competitividad de un mercado global cada vez más exigente. 

Esta situación resulta particularmente relevante si se considera que incluso las economías más desarrolladas del mundo mantienen importantes mecanismos de apoyo, protección y subsidio para sus productores agrícolas. No se trata solo de una actividad económica; la producción de alimentos está estrechamente vinculada con la seguridad alimentaria y, en última instancia, con la seguridad nacional. Un país que pierde capacidad para producir una parte significativa de sus alimentos también aumenta su vulnerabilidad frente a crisis internacionales, interrupciones en las cadenas de suministro o cambios geopolíticos.

Por todo lo anterior, el debate no debe estar orientado únicamente a integrarse o no al CPTPP u otro acuerdo, sino en cómo prepararnos para hacerlo, pero con enfoque en cada sector vital de nuestra producción.

Si se revisa el mismo CPTPP, este reconoce que la apertura comercial puede generar impactos sectoriales, por lo que incorpora instrumentos de defensa comercial.  Destacan, por ejemplo, las cláusulas de salvaguardia transitoria, que permiten suspender, de manera temporal, reducciones arancelarias o incluso elevarlos frente a un incremento de las importaciones, que amenace o cauce daño grave a nuestra producción nacional. Estas medidas no serían permanentes ni automáticas, sino que requieren seguimiento, monitoreo y conocimiento de cómo y cuándo solicitarlas, pero constituyen herramientas legítimas para facilitar procesos de ajuste productivo.

También el acuerdo mantiene intactos los derechos de los países para utilizar las salvaguardias previstas en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y otras medidas de defensa comercial, como acciones antidumping y medidas compensatorias. Incluso las excepciones por razones de seguridad nacional continúan siendo parte de las opciones legales disponibles para los Estados en situaciones extraordinarias.

No se puede desmerecer jamás la preocupación del sector agrícola. Incluso, si Costa Rica, considera de manera estratégica a determinados sectores de la seguridad alimentaria o el abastecimiento nacional de granos básicos, el desafío no consiste solo en negociar períodos de transición o mecanismos de protección. El indiscutible reto es desarrollar políticas públicas que favorezcan las condiciones de productividad, la innovación, la sostenibilidad y la competitividad de esos sectores. Ninguna salvaguardia o mediada de defensa comercial sustituye perpetuamente la necesidad de fortalecer capacidades productivas.

La discusión sobre el CPTPP se ha presentado por unos como la alternativa insuperable para generar alianzas y fortalecer el comercio casi de manera mágica, y por otros, como una amenaza existencial para la agricultura. Ambas posiciones abandonan una realidad elemental: los acuerdos comerciales son instrumentos, no fines en sí mismos.

Costa Rica tiene la oportunidad de ampliar mercados, diversificar destinos de exportación, profundizar encadenamientos productivos y fortalecer su inserción en sectores intensivos en innovación. Pero también tiene la obligación de atender con urgencia las debilidades estructurales de su agro, de mejorar infraestructura, logística, financiamiento y productividad, y de acompañar a los productores nacionales en los procesos de adaptación que inevitablemente traerá una mayor integración económica.

El CPTPP no garantiza el éxito. Tampoco anticipa el fracaso. Lo que determinará el resultado será la capacidad del país para convertir las oportunidades en ventajas y enfrentar con inteligencia las vulnerabilidades existentes. La discusión, por tanto, debería ser cómo construir una Costa Rica capaz de competir, innovar y prosperar en un mundo cada vez más interdependiente.

*La autora es titular de la Cátedra OMC-CR y académica de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional (UNA).