Les compartimos la publicación elaborada de manera conjunta entre la UCR, la UNA y la Escuela de Medicina y Cirugía Veterinaria San Francisco de Asís, una muestra del compromiso, la excelencia científica y la articulación académica que hoy permiten generar conocimiento de alto impacto para la protección de la salud pública y animal en Costa Rica.
Elaborado por: Jenniffer Jiménez de la OCI-UCR.
La detección del parásito "Leishmania infantum" en ocho perros del país ayuda a prevenir uno de los microorganismos de más interés para la salud humana y animal.
Si usted tiene un perro, lea con cuidado. Por primera vez, este 2026 un grupo de científicas y científicos confirmó la presencia del inusual parásito Leishmania infantum en ocho perros de Costa Rica, la transmisión local del microorganismo y la amenaza de que se generen contagios en seres humanos. Aunque a primera entrada esto podría parecer preocupante, lo cierto es que el hallazgo es esperanzador.
El nuevo conocimiento adquirido ya le está permitiendo al país fortalecer diagnósticos más tempranos, robustecer las acciones de vigilancia y reforzar las estrategias de prevención, tanto para los animales como para las personas. Ambos grupos pueden desarrollar una enfermedad que, sin la atención oportuna, es capaz de comprometer seriamente la salud.
Así lo explicó la Dra. Alicia Rojas Araya, microbióloga de la UCR, y una de las científicas clave que ayudó a la detección formal de Leishmania infantum en perros de Costa Rica, algo que antes solo se sospechaba, pero que carecía de evidencia científica sólida. Ahora, finalmente, Costa Rica confirma de manera científica la presencia de este microorganismo en perros que nunca han salido del país, lo cual redefine el panorama de circulación del parásito.
“Anteriormente, ya existían reportes aislados de Leishmania infantum en humanos, perros importados de otros países y fauna silvestre en Costa Rica, pero nunca se habían documentado casos autóctonos confirmados de leishmaniasis visceral canina en el país; es decir, casos que se originaron en Costa Rica y no son importados. Con el estudio comprobamos que hay casos circulando y que los perros pueden ser un reservorio del parásito. Eso sí, los perros no van a contagiar a las personas directamente con el parásito. Para esto se requiere del flebótomo —mosquito— que lo transmita de un hospedero a otro”, mencionó la Dra. Rojas.
La confirmación oficial se realizó entre la Universidad de Costa Rica (UCR), la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), así como la Escuela de Medicina y Cirugía Veterinaria San Francisco de Asís.
Estas instituciones trabajaron unidas con un colaborador del Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa), en conjunto con laboratorios y clínicas veterinarias privadas del país, además de otros centros científicos internacionales de Brasil y Alemania.
La nueva evidencia ya se encuentra publicada en la revista científica Frontiers in Veterinary Science.
La importancia
La relevancia de la Leishmania infantum radica en tres elementos primordiales. El primero es que este parásito puede enfermar al animal y generarle un padecimiento conocido como leishmaniasis visceral canina, muy diferente al papalomoyo —también una infección cutánea provocada por otra especie de Leishmania—.
La leishmaniasis visceral canina ocasiona anemia, lesiones en la piel, pérdida de pelo, crecimiento anormal de las uñas y un deterioro progresivo de la salud del perro que, en casos graves, puede comprometer su vida. Pero esto no es todo.
La segunda razón es que Leishmania infantum también puede transmitirse del animal a las personas mediante un mosquito especial —conocido como flebótomo— y causar una severa enfermedad llamada leishmaniasis visceral humana. Esta afecta, principalmente, a órganos como el hígado, el bazo y la médula ósea. Si una persona contrae este parásito, y no recibe tratamiento oportuno, la infección puede avanzar hasta provocar la muerte.
“En una persona, la leishmaniasis visceral humana representa la forma clínica más grave de la enfermedad ocasionada por el parásito. Si el paciente no se trata, puede fallecer. El periodo de incubación en seres humanos va de dos semanas a un par de meses”, indicó el Dr. Carlos Mata Somarribas, microbiólogo del Centro Nacional de Referencia de Parasitología, del Inciensa, y otro de los investigadores.
“Existen muchos casos asintomáticos o subclínicos, por lo que es difícil llegar a estos diagnósticos que pueden poner en riesgo la vida de la persona. Por eso, este estudio es tan relevante”, agregó el Dr. Mata.
La tercera razón es, justamente, la que menciona el Dr. Mata. Leishmania infantum, a diferencia de otros parásitos de preocupación, es más difícil de detectar.
Este parásito, por ejemplo, es extremadamente pequeño, mide entre dos y cinco micrómetros (casi 200 veces más pequeño que la punta de un alfiler), posee un único núcleo —su centro de control— y un flagelo —cola— que le permite movilizarse en ciertas etapas de su ciclo de vida. En ocasiones, cuando está dentro de su hospedero no genera síntomas y, cuando lo hace, suelen confundirse con otros padecimientos.
El saber esto coloca a Leishmania infantum como una nueva posibilidad dentro del diagnóstico veterinario, lo que le da a Costa Rica nuevas oportunidades para detectar de manera más temprana la enfermedad en perros. Antes, al ser tan poco usual, no era de sospecha clínica inmediata, lo cual cambia con este estudio.
“Lo encontrado permite mejorar las acciones de prevención y control, así como prevenir posibles contagios en humanos y reforzar las estrategias de protección de la salud pública”, enfatizó la Dra. Rojas.
Un viejo conocido
El parásito Leishmania no es nuevo. Este microorganismo fue descubierto a inicios de 1900 en Túnez. Hoy, la ciencia reconoce más de 20 especies de Leishmania que causan enfermedad en el ser humano como: Leishmania infantum, Leishmania donovani, Leishmania braziliensis y Leishmania mexicana, por mencionar algunas.
En Costa Rica, las primeras sospechas de la leishmaniasis visceral surgieron en 1982, tras el aislamiento del parásito en un perro importado desde España.
Luego, en 1989, se reportaron lesiones compatibles con la enfermedad en Liberia, Guanacaste. Para 1996 se realizó una primera identificación relacionada con leishmaniasis visceral en el país y, en 1999, se registró el primer caso formal en un ser humano en Liberia.
Durante los años siguientes, los reportes continuaron apareciendo en distintas zonas del territorio nacional, como Carrillo en el 2019, Abangares, Hatillo, San Sebastián y Tamarindo entre el 2020 y el 2023. Incluso, en el 2025 se identificó un caso de leishmaniasis cutánea en un niño de Santa Cruz, Guanacaste.
Sin embargo, pese a décadas de sospechas y reportes aislados, fue hasta este 2026 cuando la ciencia costarricense finalmente logró detectar la presencia del organismo Leishmania infantum en siete perros de Guanacaste y uno de San José, lo que llevó a confirmarlos como reservorios; es decir, animales capaces de albergar y contribuir a la transmisión del parásito hacia otros seres vivos.
¿Enfermedad silenciosa?
Lastimosamente, sí. En ocasiones, la enfermedad pasa desapercibida. El estudio identificó que algunos perros contagiados eran asintomáticos. Esto último es importante.
Para la Dra. Rojas, que algunos perros no hubiesen generado síntomas podría facilitar la propagación silenciosa del parásito en comunidades humanas y animales. El Dr. Víctor Montenegro, médico veterinario del Laboratorio de Parasitología de la UNA, y también investigador del estudio, concuerda.
De acuerdo con el Dr. Montenegro, a nivel mundial se calcula que cerca de 15 000 000 de perros están infectados con Leishmania infantum pero, de estos, se estima que solo 2.5 millones están enfermos.
“Por el momento, sabemos que la enfermedad se expande por el desplazamiento de perros infectados y, también, por cambios en condiciones favorables para el vector. Algo particular, es que hay perros infectados sin signos clínicos, cerca del 60 %, que podrían ser transmisores silenciosos. No obstante, son los perros enfermos (30 %) los que generan una mayor fuente de parásitos”, aseveró el Dr. Montenegro.
Este escenario es importante. Adicional a lo mencionado por el Dr. Montenegro, y tras confirmar ocho casos autóctonos de Leishmania infantum en perros que nunca han salido del país, las personas investigadoras consideran que Costa Rica ya posee las condiciones necesarias para que una enfermedad zoonótica ocurra de manera local.
“La leishmaniasis constituye una zoonosis de importancia sanitaria particular en su forma visceral, dado que los perros domésticos son reservorios primarios y participan en la transmisión hacia el ser humano. Por eso, para nosotros es importante que las personas nos notifiquen, un requerimiento que está sustentado en la declaración obligatoria de enfermedades animales en el decreto Ejecutivo No. 34669-MAG”, sostuvo la Dra. Carolina Elizondo Ovares, del departamento de Epidemiología del Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa).
Ver el reportaje completo en: https://www.ucr.ac.cr/noticias/2026/5/22/nuevos-hallazgos-refuerzan-la-defensa-de-costa-rica-ante-uno-de-los-parasitos-de-mayor-preocupacion-mundial.html