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Colombia llega a las elecciones con una deuda de representación territorial

Apenas una semana antes de las elecciones presidenciales en Colombia, integrantes de los pueblos indígenas Misaks y Nasas, en el Cauca, al suroeste del país, se enfrentaron entre sí, dejando un saldo de seis personas fallecidas y 65 heridos. El punto de quiebre que activó este conflicto no es para nada desconocida en la historia de este país suramericano: el acceso y la representación territorial.

Las urnas se abrirán este domingo para que 41.421.973 colombianos empadronados, dentro y fuera del país, elijan al sucesor del izquierdista Gustavo Petro. Detrás, persiste el problema de cómo sus habitantes, en todas las regiones, se sientan efectivamente representados por sus autoridades.

Las últimas encuestas revelan una ventaja del candidato de la coalición Pacto Histórico, Iván Cepeda, heredero del proyecto político del mandatario Petro, cuya aparición en la escena política dejó atrás décadas de gobiernos de derecha. Su rival más cercano es Abelardo de la Espriella, empresario de verbo duro que se declara admirador de figuras como Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele.

La previsión es que ninguno de los candidatos alcance la mayoría necesaria para evitar una segunda ronda. No obstante, la moneda está en el aire.

Durante el gobierno de Petro, Colombia ha ocupado portadas. Su relación tirante con el presidente Trump, el proceso de paz que ha convocado a exguerrilleros de distintas facciones, que se llama “Paz Total”, y la arremetida de la delincuencia organizada y el narcotráfico, la colocan como una elección decisiva en el panorama político latinoamericano. 

Muchos de estos problemas tienen raíces en un conflicto heredado. El programa Museo Dialoga del Museo de Cultura Popular, de la Escuela de Historia de la Universidad Nacional (UNA), conversó con el investigador Rodrigo Torrejano de la Universidad Nacional de Colombia, para conocer con mayor detalle las causas sociopolíticos de la situación actual. La entrevista estuvo dirigida por Luis Pablo Orozco, director del Museo. 

“El problema de la representación política de los ciudadanos colombianos no solo es institucional, sino de la territorialización. Este país es muy extenso (1.142 millones de kilómetros cuadrados) y no todas las personas en todas las regiones se han sentido representadas por los partidos políticos”, detalló Torrejano.

El experto reconoce que Colombia, y América Latina en su conjunto, es un crisol de democracias muy jóvenes. En su proceso de formar una nación, aparecieron a finales del siglo XIX en este país los primeros partidos políticos que tomaron dos bandos contrapuestos: los liberales y los conservadores.

La Constitución Política de 1886 le dio un carácter centralizado al poder, y permitió a las élites gobernantes dividir sus cuotas. Mientras tanto, desde los territorios, la sombra de la exclusión se esparcía.

Así ocurrió hasta el ascenso de una figura prominente de la política colombiana de la primera mitad del siglo XX: Jorge Eliécer Gaitán. “Él entendió muy bien el problema de la representación territorial. Se deshizo de la idea de una nación excluyente que no resolvía las necesidades de la gente y les habló a todas esas personas”, explicó Torrejano. 

9 de abril de 1948

Esta fecha marcaría el parteaguas de la historia reciente de Colombia. El magnicidio de Gaitán levantó las suspicacias de un pueblo que apoyaba la insurrección contra las élites. Se realizó la “marcha del silencio”, mientras que sectores populares, campesinos, obreros y estudiantiles clamaban justicia, en una jornada que tenía como testigos a un joven Fidel Castro (quien se reunió el 7 de abril con Gaitán) y a Gabriel García Márquez.

Los inicios de la década de los 50 tendían a ser convulsos con llamados a una guerra civil y a una élite que pedía paz. El 8 y 9 de junio de 1954 se realizó una gran marcha estudiantil, mientras que en ese mismo año comenzó a desarrollarse la Guerra de Villarrica (1954-1957), una ofensiva militar del gobierno de Gustavo Rojas Pinilla contra comunidades campesinas de autodefensa del departamento de Tolima.

La semilla del malestar popular fue sembrando la aparición de grupos guerrilleros en aquellas regiones tradicionalmente desatendidas. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) estaban integradas por campesinos en condición de pobreza, mientras que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) concentraba los intereses de sectores obreros y estudiantiles, según indicó Rodrigo Torrejano.

A partir de ese momento, explicó el investigador, y sobre todo, a partir de la década de los años setenta, el auge de las economías ilegales comenzó a ser protagonista en el conflicto armado, lo que permitió financiar las insurgencias. Una de esas industrias, explicó el académico de la Universidad Nacional de Colombia, fue la de los “esmeralderos” quienes traficaba esmeraldas producto de la actividad minera. 

Otra industria fue la conocida como la “bonanza marimbera”, que desde la década de los ochenta permitió el auge económico y social de algunos departamentos, gracias al cultivo y la exportación de marihuana. Este sería el paso inicial para la formación de los primeros carteles de la droga en Colombia.

La descomposición social en Colombia como consecuencia de esa falta de representatividad es la que le ha pasado un dura factura humanitaria, en un país que registra más de 10 millones de víctimas, 200 mil desapariciones forzadas y hasta ocho millones de personas desplazadas, según se indicó en el programa del Museo Dialoga.

Rodrigo Torrejano reconoce el intento del gobierno de Petro por ser más inclusivo en las negociaciones de paz actuales, aunque considera que se trata de un proceso “aun no consolidado”. 

“La crisis asociada a la configuración armada ha llevado a una nueva necesidad de definir el modelo de país que aspiramos y de reconstruir un Estado territorializado. Estamos frente a una decisión de si tomar el camino de la profundización de las reformas sociales, tener un Estado fuerte o a otro que nos exponga a nuevos periodos de guerra militar y una reducción de la inversión social”, estima Torrejano sobre las elecciones de este domingo. Para él, la premonición de lo que pueda ocurrir se mueve “entre la angustia y la esperanza”. La moneda está en el aire.

Puede ver el programa completo del Museo de Diálogo desde este vínculo: https://www.youtube.com/watch?v=g8yN6fh5ldY