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Kristen Solís trae el oro de la biología iberoamericana a Costa Rica

Foto: Kristen Solís López viajó con el académico Federico Herrera Madrigal de la UNA,  y Alberto Escalante Vargas, asesor de Biología del Ministerio de Educación Pública. 

 La estudiante de décimo año fue la única representante del país en una competencia que reunió a 57 jóvenes de 16 naciones. Tras alcanzar el primer lugar absoluto, ya piensa en su próximo reto: la Olimpiada Internacional de Biología.

Kristen Angélica Solís López todavía trata de asimilar lo que pasó en São Paulo, Brasil. “He estado bastante bien, emocionada. Todavía estoy sorprendida. Es como muy impactante”, contó pocos días después de obtener la medalla de oro absoluta y el primer lugar general de la XIX Olimpiada Iberoamericana de Biología (OIAB).

Kristen cursa décimo año en el Colegio Científico Bilingüe Reina de los Ángeles y fue la única estudiante que representó a Costa Rica en la competencia, realizada del 30 de agosto al 5 de setiembre en el Instituto Butantan. Allí se enfrentó a otros 56 jóvenes de 15 países, algunos de los cuales llegaron en delegaciones de hasta cuatro participantes.

Pero el camino de Kristen en estas olimpiadas comenzó dos años antes. En 2024 cursaba octavo año y tenía 14 años cuando participó por primera vez en la Olimpiada Costarricense de Ciencias Biológicas (OLICOCIBI) y ganó oro. Ese resultado le abrió la puerta a un proceso de clasificación y, finalmente, a un lugar en la Olimpiada Centroamericana y del Caribe de Biología de 2025, en República Dominicana, donde volvió a ganar oro. “Ya por haber ganado en la Centroamericana, quedé invitada directamente a participar en la Ibero”, recordó. El nuevo desafío, sin embargo, exigía mucho más. “El nivel aumenta bastante. Es significativamente más lo que hay que leer. Es un buen salto de nivel de una a la otra”.

El regreso de República Dominicana casi no tuvo pausa. Kristen descansó “un par de días” y comenzó a prepararse para la competencia iberoamericana. La rutina se parece poco a la de una estudiante de décimo año. “A mí me han dicho que prácticamente la Olimpiada es como llevar una carrera de biología”, dijo.

La preparación incluyó libros especializados, exámenes semanales y prácticas de laboratorio. “Usualmente siempre empezamos como con Botánica. Cada semana se hace un examen con una determinada cantidad de capítulos del libro que toca. Más o menos es como un libro al mes”. A eso se sumaron laboratorios de ecología, zoología y otras áreas.

Durante este proceso contó principalmente con el acompañamiento de Federico Herrera Madrigal, académico de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional (UNA), quien le dio seguimiento, aplicó los exámenes y facilitó materiales de estudio.

También hubo un equipo indispensable en casa. “Siempre tuve ese apoyo y ese seguimiento por parte de mis papás. Ellos me ayudaron también, me llevaban a la U”. Incluso hubo que buscar materiales difíciles de conseguir. “Había un libro de zoología que no lo encontramos en ningún lado y ellos me lo compraron. Lo aproveché, le saqué bastante jugo y me sirvió mucho”.

Cinco pruebas en dos días

En Brasil, todo ese trabajo se concentró en dos jornadas. La OIAB incluyó tres pruebas prácticas y dos teóricas, con contenidos de anatomía y sistemática, fisiología animal, bioquímica y bioinformática.

El primer día Kristen hizo las tres pruebas experimentales. Al siguiente, las dos teóricas. “Realmente son días muy pesados”, reconoció. Para ella, el mayor desafío no estuvo únicamente en resolver los exámenes, sino en soportar la carga física después de meses de preparación. “Ya al final uno dice: el último, ya es el último. Hago este y ya se acabó”. Después llegó el alivio: “Uno siente que se libera y disfruta el viaje aún más porque ya hizo lo más complicado”.

La experiencia de competir fuera del país no era nueva. Un año antes, encontrarse con estudiantes de otras delegaciones la intimidaba; esta vez llegó más tranquila. “Ya había llevado la experiencia e incluso había gente que había conocido el año pasado, entonces iba más tranquila”.

Esa convivencia terminó por convertirse en una de sus partes favoritas de las olimpiadas. “Con todos llegué a hablar. Son gente muy linda y, de hecho, es una de mis cosas favoritas de este tipo de eventos”.

Para los organizadores de la Olimpiada Costarricense de Ciencias Biológicas (OLICOCIBI), este resultado demuestra el potencial de la formación científica preuniversitaria. “Estos procesos desarrollan pensamiento crítico, razonamiento científico, capacidad experimental, resolución de problemas, creatividad, disciplina, autonomía, comunicación científica y perseverancia. Sobre todo, permiten que jóvenes de educación secundaria descubran que la ciencia también puede convertirse en su proyecto de vida”.

Desde la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional (UNA) se coordina la OLICOCIBI, en conjunto con la Universidad Estatal a Distancia (UNED), la Universidad de Costa Rica (UCR), el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), el Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT) y el Ministerio de Educación Pública (MEP).

Durante cerca de 20 años, esta alianza ha ofrecido espacios de formación que trascienden el currículo escolar y permiten a estudiantes costarricenses desarrollar sus capacidades científicas, descubrir su potencial y proyectarse hacia nuevas oportunidades académicas y profesionales.

Entre animales extraños y biotecnología

Después de tantos libros, laboratorios y exámenes, preguntarle cuál área de la biología prefiere tampoco resulta sencillo. “Esa es una pregunta muy difícil”, respondió. Si debe escoger, se queda con zoología. La razón aparece con el mismo entusiasmo con el que cuenta el resto de la experiencia: “Hay tantos animales, tanta diversidad, tan raros, que uno dice: ‘Qué chiva’. Uno dice: ‘Mirá, no sabía que este bicho se clasificaba en esto; no sabía que este bicho existía’”.

Le atrae, además, que la zoología le permita conectar distintas áreas y comprender desde las adaptaciones de los animales hasta su fisiología, tejidos y órganos de los sentidos. Ese interés ya comienza a marcar lo que quiere hacer después del colegio. Kristen tiene claro, al menos por ahora, que le gustaría estudiar Biotecnología.

Antes habrá otros exámenes, otros libros y muchas horas de preparación, pues este oro iberoamericano no es el final de las competencias. “Ahorita tengo pensado participar en la IBO, en la mundial”, adelantó. La Olimpiada Internacional de Biología sería en 2027. Eso significa, prácticamente, otro año de preparación.