El aumento sostenido de la esperanza de vida y la disminución de la natalidad aceleran el envejecimiento de la población costarricense. Esta realidad demanda nuevas respuestas desde el Estado, las comunidades, la academia y el sector privado para replantear las políticas públicas, la infraestructura, los sistemas de salud y, en general, la forma en que la sociedad entiende la vejez.
El pasado 29 de julio, la Subcomisión de Persona Adulta Mayor del Consejo Nacional de Rectores (Conare), organizó la mesa redonda: Análisis de la situación social y económica de la población adulta mayor, donde participaron Noelia Alfaro Vargas y Gisella Segura Espinoza, del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo); Ana Sofía Ruiz Schmidt de Caminos de Longevidad, y Leiner Vargas Alfaro del Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (Cinpe-UNA) con la moderación de Idalia Alpízar Jiménez, coordinadora del Programa de Atención Integral a la Persona Adulta (Paipam-UNA).

Vargas, explicó que el envejecimiento no puede verse únicamente como un problema financiero o del sistema de pensiones, sino como un cambio estructural que modificará la forma en que viven las familias costarricenses. “Hoy tenemos ocho personas mayores de 65 años por cada cien habitantes; en el 2050 serán veintiuna. Ese proceso significa prepararse en múltiples dimensiones como sociedad y, si no lo hacemos, tendremos una calidad de vida cada vez más baja”.
El especialista destacó que la llamada economía plateada representa una oportunidad para aprovechar el conocimiento, la experiencia y las capacidades de una población que desea mantenerse activa mucho después de la edad tradicional de jubilación. “La sociedad de hoy es mucho más de servicios y mucha gente puede continuar contribuyendo hasta los 80 o 85 años de una forma dosificada, pero significativa para la sociedad”, comentó.
“La clase media del siglo pasado hoy se está pensionando y el reto es cómo hacerlo manteniendo la calidad de vida que tuvo durante su etapa de desarrollo profesional. Por eso es muy importante empezar a hablar de mercados como el de alimentos, salud y, particularmente, medicamentos, que deben funcionar mejor de cara a la población adulta mayor. Hoy el excedente que el mercado privado se apropia solo en medicamentos supera los 600 millones de dólares al año por sobreprecios. En un país con un alto costo de vida, el desafío es garantizar un envejecimiento con suficiencia y sostenibilidad, donde se respeten los derechos humanos y las personas puedan seguir viviendo con una calidad de vida razonable”.
Persisten brechas
Durante la actividad también se presentaron resultados de una investigación desarrollada por el Idespo basada en una encuesta aplicada a 701 personas para conocer la percepción sobre la accesibilidad y la calidad de los servicios dirigidos a las personas adultas mayores.
Alfaro explicó que, aunque Costa Rica ha avanzado en algunos ámbitos, persisten importantes limitaciones para garantizar entornos inclusivos. Como ejemplo presentó el caso ficticio de doña Eva, una mujer de 75 años que vive en una zona rural, con dificultades para acceder al transporte, a los servicios de salud y a espacios públicos adecuados. “Este caso evidencia cómo la combinación de bajos ingresos y una infraestructura deficiente afecta la autonomía, la independencia y la salud de las personas mayores”, detalló la investigadora.
Los resultados muestran que el 81% de las personas consultadas desconoce el concepto de ciudades amigables con las personas adultas mayores, mientras que más de la mitad considera que las calles, aceras, parques y espacios públicos no ofrecen condiciones adecuadas para su movilidad.
En materia de salud, aunque la Caja Costarricense de Seguro Social continúa siendo el principal proveedor de atención para esta población, la percepción ciudadana destaca desafíos importantes relacionados con salud mental, atención especializada y tiempos de espera.
Una longevidad diferente
Ruiz, coordinadora del proyecto Caminos de Longevidad de Fundación CRUSA, planteó que el envejecimiento debe dejar de asociarse únicamente con dependencia, enfermedad o jubilación. “Las personas quieren seguir trabajando, quieren emprender, quieren aprender, mantenerse activas, cuidar, hacer arte e innovar. El envejecimiento es mucho más complejo que los estereotipos que solemos repetir”, afirmó.
También explicó que la economía plateada no busca crear un mercado exclusivo para las personas mayores, sino impulsar políticas, servicios e innovaciones que permitan vivir más años con bienestar. “No es un tema exclusivo del sector salud ni del Gobierno; es una conversación que debemos tener como sociedad”.
Alpízar planteó, de acuerdo con las exposiciones, que el envejecimiento poblacional no es solo un reto demográfico, sino una oportunidad para construir comunidades más inclusivas, ciudades accesibles y políticas que permitan a las personas vivir una vejez con autonomía, participación y pleno ejercicio de sus derechos. “El desafío consiste en preguntarse qué decisiones debe tomar hoy Costa Rica para hacer posible la sociedad en la que todas las personas aspiran a envejecer”.